En cada actividad que hacemos en Oscec ponemos siempre de manifiesto la importancia de la joventú estremeña en nuestra tarea. El futuro de la cultura, la lengua y, en definitiva, de Extremadura, pasa por cómo la perciban los propios extremeños que ahora tienen entre 15 y 30 años.
Hace unos años, en el Congreso ‘Contested languages in the old world’, celebrado en la Universidad de Ámsterdam, dábamos vueltas ya a este concepto, que acabamos denominando ‘coolification’, y desde entonces lo hemos venido desarrollando. La idea es sencilla: si la gente que tiene entre 15 y 30 años percibe su lengua y su cultura como algo divertido, la pervivencia está garantizada. Si la perciben como algo atractivo, moderno e interesante, está salvada. Si, en cambio, la perciben como algo de otra época, anticuada o desfasada, está muerta.
Por eso en Oscec vamos a poner en marcha nuestra asociación juvenil, desde la que nuestros socios menores de 30 años van a conseguir la ‘coolification’ de la lengua extremeña.
Una ‘coolification’ que nos hemos encontrado en Fregenal de la Sierra este pasado mes de mayo. En nuestra actividad, dentro del programa ‘Assina’ de la Diputación de Badajoz, tuvimos la suerte de contar con la presencia de miembros del grupo folklórico ‘Los Jateros’.
¡Qué grata sorpresa descubrir que la directiva de ‘Los Jateros’ la forma gente con menos de 30 años! Desmontan así, a la vez, dos tópicos: primero, que el folclore del sur de Extremadura es andaluz, ya que, por desgracia, mucha gente del norte de Extremadura todavía piensa que del Guadiana hacia abajo solo se bailan sevillanas; y, segundo, que la música tradicional extremeña es cosa de gente mayor.
Así que, por todo esto, queremos dedicar nuestra ventana en la revista Grada a la joventú estremeña, que es la que tiene por delante la tarea de mantener vivo el hilo transmisor de nuestra cultura popular extremeña: su lengua.

La segunda etapa, el sábado 13, une la Finca El Toril de Caja Rural de Extremadura, junto a El Carrascalejo, con Santiago del Campo, para completar un recorrido de 179,4 kilómetros. Es la etapa más larga de la historia de la Vuelta a Extremadura y presenta un perfil favorable para una llegada al sprint.
La última etapa, el domingo, considerada la etapa reina, se disputa entre Casares de las Hurdes y Baños de Montemayor, sobre 154,9 kilómetros. Lo más probable es que se decida la clasificación general e incluye los puertos más exigentes de la edición: El Robledo (1.126 metros), techo de la carrera, y Lagunilla (940 metros), además de las ascensiones finales a Casas del Monte y Gargantilla.
Participan en la Vuelta