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Los alguacilillos de Las Ventas y los trofeos

Los alguacilillos de Las Ventas y los trofeos
Ilustración: Enrique Martín

En la corrida de toros inaugural de la temporada de 1953 en Las Ventas, la del 5 de abril, se anunciaron toros de Lisardo Sánchez de Bótoa, de los que solamente se jugaron cuatro pues el tercero y el quinto volvieron a los corrales y fueron sustituidos por sendos ejemplares de Antonio Pérez Angoso. Hicieron el paseíllo Antonio Chaves Flores, Jerónimo Pimentel y el mexicano, de Sabinas Hidalgo, Ignacio Treviño Garza, ‘Nacho Treviño’, que se doctoraba en esta ocasión y, además, hacía su presentación en Madrid.

Tras una buena faena al quinto de la tarde, el segundo sobrero del que no se facilitó el nombre, un berrendo en cárdeno, el público pidió la oreja para Jerónimo Pimentel, trofeo que el presidente, Félix Campos Carranza, concedió. La novedad consistió en que, por primera vez, fue un alguacilillo, mandatario de la autoridad, el que le hizo entrega del trofeo. Atrás quedaba, quizás con cierta añoranza por parte de los subalternos, la entrega de estos premios a sus matadores con los excesos observados anteriormente en algunas ocasiones.

La primera vez que esto sucedió con un novillero fue el 23 de abril de 1953. Se corrieron reses del Vizconde de Garcigrande, encabezando el cartel Lorenzo Guirao ‘Morenito de Córdoba’, al que acompañaban Bartolomé Jiménez Torres y el madrileño Luis Díaz Mora, que se presentaba en Madrid. Tras la faena al sexto novillo el público solicito una oreja para este novillero y el presidente, Eugenio Martín Casado, que debutaba en el palco, se la concedió. Por primera vez un alguacilillo la entregaba en una novillada.

Falta la primera vez que los alguacilillos entregaron las orejas a los rejoneadores. Con motivo de la celebración en Madrid de la II Feria Internacional del Campo se celebraron en nuestra plaza dos corridas de toros, en ambas con participación de un rejoneador, los días 31 de mayo y 6 de junio de 1953. En la primera de ellas partieron plaza el rejoneador Ángel Peralta y los matadores Joaquín Rodríguez ‘Cagancho’, que reaparecía en Madrid, Manolo Carmona y Joselito Torres, que confirmaría su alternativa. También desfiló, como sobresaliente, Rafael Balmisa, que actuaba generalmente como auxiliador del caballero en plaza. Este cortó una oreja de ‘Pajarero’, número 17, negro listón de capa, que le fue entregada por un alguacilillo. Por esa razón aparece en este texto; fue la primera vez que uno de ellos se la entregaba a un rejoneador. Como anécdota, que nada tiene que ver con esta primera oreja, cuento que, tras la lidia del primer toro, en el que pitaron a ‘Cagancho’, dicen que un espectador le gritó: “¡Déjalo Joaquín, otra vez será, si estás empezando ahora!”. Tenía el matador entonces 50 años.

No hay espacio para más texto, pero habría que señalar que el 12 de mayo de 1953, el 23 de mayo de 1954, y el 15 de mayo de 1958, estas tres primeras veces se repitieron en la Feria de San Isidro. Los galardonados fueron ‘Jumillano’, José Ordóñez y Ángel Peralta, respectivamente.

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