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Marco Sánchez Becerra. Un hombre ejemplar. Grada 160. Fernando Valbuena

Marco Sánchez Becerra. Un hombre ejemplar. Grada 160. Fernando Valbuena
Fernando Valbuena y Marco Sánchez. Foto: Cedida
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Fernando Valbuena

Marco Sánchez Becerra, vecino de Badajoz. Un vecino ejemplar. Por las virtudes que le adornaban y por las circunstancias en que hubo de acrisolarlas.

Badajoz ha sido el escenario de su vida y de su obra. Pero ha sido más. Ha sido, también, su enamoramiento. El enamoramiento de un hombre bueno para con su gente. La vida y la obra de, ante todo, un hombre bueno. En lo íntimo y en lo público. Con todos. Sin excepción.

Accesibilidad promovida por Fundación CB. Locución: Susana Mangut. Sonorización: Daniel López Luna

Un hombre ejemplar dentro y fuera. Lo ha sido con su familia y lo ha sido también con sus amigos. Como lo han sido otros muchos ciudadanos, pero en Marco Sánchez Becerra se dan unas circunstancias especiales.

Primero fue empresario. Ha dedicado su vida profesional a crear empleo y riqueza en tiempos difíciles. Lo ha hecho en diversos sectores, pero si hubiera que destacar aquel por el que él sentía especial apego, sin duda, ese sería el de la formación. Sus empresas han formado a miles de jóvenes y de empresarios en las habilidades necesarias para sus actividades. Y lo ha hecho sin descanso, como todo lo que emprendió.

Pero ha hecho más. Y lo ha hecho por todos nosotros. Sin excepción. Desde que con 20 años dedicara su tiempo libre a la gente más necesitada del barrio hasta que ha entregado su último aliento a la batalla contra la ELA.

Marco Sánchez Becerra ha estado siempre a disposición de cuantos le han necesitado. Y fueron muchos. Y muchos proyectos. Fundó la Asociación de Empresas de Formación y la Asociación de Jóvenes Empresarios de Extremadura. Y sirvió en ambas con extrema lealtad, en donde se le requería. Presidió las dos.

Fernando Valbuena y Marco Sánchez. Foto: Cedida
Fernando Valbuena y Marco Sánchez. Foto: Cedida

Pero fue más. Fue la levadura que las sostuvo en los primeros días. Y fue, ante todo, un servidor eficacísimo del emprendimiento en Extremadura. Porque amaba a Extremadura como a sí mismo. A Extremadura y a su ciudad. A Badajoz. Tanto que cuando su club de fútbol centenario desapareció fue capaz de resucitarlo, como siempre en su vida, desde la hondura de sus firmes convicciones. Desde su formidable vocación de servicio y desde su aún más formidable alegría de servir.

La alegría de servir, no de servirse. Una alegría íntima en cada obra que acometía. Una alegría, a la vez majestuosa, que puso a prueba el más terrible de los enemigos, la enfermedad más terrible. La Esclerosis Lateral Amiotrófica. La ELA, una enfermedad crudelísima. Devastadora. Tan horrible como fatal.

Y aquel fue un enfrentamiento brutal. Pero, como Nuestro Señor Don Quijote frente a los molinos, cuando la vida lo demandó, acudió. El instante preciso capaz de dar sentido a toda una vida. Cuando la única paga era el sacrificio se entregó a la tarea por la que será recordado por siempre, la fundación y vigorización de ELA Extremadura, la asociación de enfermos de ELA de aquí. A ella dedicó sus últimos años de vida. Sin desmayo. Y fue, en sus propias palabras, un ‘ELÁstico’. A revientacalderas. Alegremente.

De su lucha dejó un texto emocionantísimo, ‘La NovELA de Marco’. Releerlo, ahora que nos falta, nos da una idea del mérito de sus esfuerzos. Una obra de obligada lectura para el que se enfrenta al dolor de una muerte a plazo fijo. A ese gélido corredor de la muerte que llaman ELA.

Y dejó también un video en el que, paralizado, bailaba. En todo el mundo se supo de ese enfermo de ELA que lo protagonizaba. Un video con el que la Fundación Luzón y Samsung daban a conocer la enfermedad más allá de los propios enfermos y sus allegados.

Y así ha quedado para siempre en nuestra memoria, bailando frente a la enfermedad. Alegre. Noble. Sufrido. Martirizado. Ejemplar. Ejemplar hasta el último aliento.

Foto: Cedida
Foto: Cedida

Unos días antes de morir le hablaba yo del cariño que concitaba en torno a él y, con los ojos escribió en un ordenador, con la sinceridad de quien encara la muerte, “invertir en la gente, la única inversión que me ha salido rentable”. Marco, descansa en paz.

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