El productor, compositor y multiinstrumentista Sam George, bajo el nombre artístico de ‘Pick Up Goliath’, ha presentado ‘Hope is a hell of a drug’, una canción que sirve como carta de presentación de ‘Salt & Static’, un trabajo de seis temas centrado en la salud mental masculina a través de la colisión entre cuerpo y mente, donde el dolor físico se enfrenta al ruido caótico del pensamiento intrusivo y la inestabilidad emocional.
En el centro de este viaje se encuentra ‘Hope is a hell of a drug’, que examina la relación volátil entre la esperanza y la desesperación. A través de una narrativa profundamente personal y cargada de metáfora, el tema plantea cómo la esperanza puede convertirse en una forma de dependencia, atrapando al individuo en ciclos de expectativa, frustración y agotamiento emocional.
El lanzamiento llega tras el éxito internacional de ‘Hymns of the unholy’ (2024), el álbum oficial del videojuego ‘Cult of the lamb’, que reunió a figuras clave del metal como Howard Jones y Matthew K. Heafy. El proyecto recibió múltiples reconocimientos internacionales, incluyendo el Premio a Mejor Álbum Masculino Internacional en los premios ISSA (International Singer Songwriters Association), o el Premio a Mejor Productor en los Elite Music Awards, galardones que consolidan a Sam George como una de las propuestas más innovadoras del panorama actual.
Su siguiente trabajo, ‘Artificial ascendency’, concebido como una sinfonía de metal basada en estructuras clásicas, reafirmó su reputación como compositor conceptual.
‘Salt & Static’ ha sido escrito, interpretado, grabado y producido íntegramente por Sam George en su Mammoth Sound Studio de Cáceres, un espacio certificado en Dolby Atmos, desde el que continúa desarrollando una visión artística profundamente personal con proyección internacional.
A diferencia de sus trabajos anteriores, centrados en grandes narrativas tecnológicas y conceptuales, este nuevo EP acerca el foco a lo humano. A través de una narrativa íntima enmarcada en una estructura conceptual sólida, ‘Salt & Static’ pretende dar visibilidad a los conflictos psicológicos que a menudo permanecen ocultos, especialmente en el ámbito masculino.
Hemos tenido la oportunidad de hablar con Sam George para conocer mejor su trayectoria y su nuevo trabajo.
Tu trayectoria te ha llevado a trabajar en proyectos con repercusión internacional desde Cáceres. ¿Cómo ha influido tu base en Extremadura en el desarrollo de tu sonido y en tu proyección global?
Estar basado en Extremadura ha marcado mi trabajo más de lo que la gente suele imaginar. Por un lado, me da distancia respecto a las tendencias. No estoy pendiente de lo que ocurre en una ciudad o escena concreta, así que puedo centrarme en construir algo más intencional y duradero. Mi enfoque está en crear mi propio lenguaje artístico, no en reaccionar al de otros.
Por otro lado, te obliga a pensar en global desde el primer momento. Si estás en Cáceres, tu público no está solo a la vuelta de la esquina, está en todas partes. Y, siendo realistas, el público local no suele implicarse con los artistas de su entorno hasta que su reconocimiento trasciende la región.
También hay un componente cultural. España, y especialmente el sur y el oeste, tienen una identidad musical muy profunda, tanto a nivel rítmico como armónico. Incluso cuando no estoy utilizando referencias tradicionales de forma directa, esa influencia está presente en cómo trabajo la melodía, la tensión y la emoción. Creo que esa combinación, aislamiento geográfico pero apertura creativa, me ha permitido desarrollar un sonido que conecta a nivel internacional sin perder identidad.
Tras el reconocimiento obtenido con ‘Hymns of the unholy’, ¿qué te llevó a dar un giro hacia un proyecto más personal como ‘Salt & Static’?’
Hymns of the unholy’ fue un punto de inflexión para mí. Era un proyecto de gran escala, colaborativo y con alcance internacional, que además recibió un reconocimiento importante y varios premios. Me permitió consolidar lo que hago a nivel global, tanto desde la producción como desde la dirección creativa.
Paralelamente, ‘Artificial ascendency’ llevó esa idea aún más lejos desde el punto de vista compositivo. Es un disco construido sobre una narrativa muy definida y estructurado con formas clásicas como la sonata, el scherzo o el rondó. Ambos proyectos estaban muy medidos, con marcos claros y mundos bien definidos.
Lo que descubrí trabajando en ellos es que soy más creativo cuando tengo limitaciones. Tener una estructura, un concepto o unas reglas no me restringe, me enfoca. Me da algo contra lo que trabajar, y eso suele dar lugar a resultados más sólidos y cohesionados que cuando todo es completamente abierto.
Después de esos dos trabajos, sentí la necesidad de aplicar ese mismo enfoque disciplinado a algo más personal. ‘Salt & Static’ sigue teniendo una base conceptual, pero en lugar de construir un mundo externo, nace de la experiencia vivida, especialmente en torno a la salud mental y a mis propios procesos.
Así que el cambio no fue alejarme de lo que hacía, sino dirigir ese mismo enfoque estructurado hacia dentro y utilizarlo para explorar algo mucho más expuesto y honesto.
‘Hope is a hell of a drug’ plantea una idea potente, la esperanza como una forma de dependencia. ¿Cómo nace este concepto y qué experiencias personales lo han inspirado?
La idea surge al reconocer un patrón en mí mismo. Durante los periodos depresivos te aferras a la esperanza como aquello que te va a sacar adelante; pero, al mismo tiempo, esa esperanza puede volverse cíclica. Crees que las cosas van a mejorar, no lo hacen, caes más fuerte, y vuelves a agarrarte a la esperanza. Empieza a comportarse más como una sustancia que como una solución. De ahí nace la frase “hope is a hell of a drug”. Es algo que nos enseñan a ver como completamente positivo, pero tiene un lado oscuro cuando se convierte en lo único que te sostiene. La canción se construye sobre esa tensión. No rechaza la esperanza, pero sí la cuestiona. Trata de ser consciente del ciclo y de lo difícil que es salir de él.
El EP aborda la salud mental masculina, un tema que todavía arrastra estigmas. ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a quienes se sientan identificados con estas vivencias?
El mensaje principal es que no estás solo, aunque lo parezca. Hay muchos hombres pasando por situaciones similares, pero no se habla de ello, ya sea depresión, ansiedad, presión, estereotipos sociales o una sensación general de desconexión.
También hay una contradicción que me interesaba explorar. A los hombres se les pide que sean emocionalmente abiertos y conscientes, pero al mismo tiempo fuertes, estables y fiables en todo momento. Esas expectativas chocan y dejan muy poco espacio para procesar lo que realmente está pasando.
No intento ofrecer soluciones con este disco. Se trata más bien de crear algo en lo que la gente pueda verse reflejada. A veces ese es el primer paso, ponerle nombre a lo que sientes y darte cuenta de que alguien más lo entiende.
A nivel sonoro combinas metal moderno, electrónica y elementos cinematográficos, además de influencias de la tradición musical española. ¿Cómo logras integrar todos estos lenguajes sin perder cohesión?
Para mí, la cohesión no viene del género, sino de la intención. Todo empieza con el concepto y la dirección emocional de la pieza. Una vez eso está claro, cada decisión musical tiene que estar al servicio de esa idea, independientemente del estilo.
También abordo la composición de una forma muy estructurada, más cercana a la escritura clásica que a la lógica de géneros. Pienso en términos de motivos, desarrollo, contraste y resolución. Si esa base está bien construida, puedes moverte entre estilos sin que suene fragmentado.
La influencia española aparece de forma más sutil: en la forma de frasear, en la armonía, en la instrumentación o en el pulso rítmico, más que como una cita directa. Se convierte en parte del lenguaje musical, no en una capa añadida.
En Mammoth Sound Studio, certificado en Dolby Atmos, trabajas con artistas internacionales. ¿Cómo está cambiando la tecnología, y en concreto el audio inmersivo, la forma de crear y consumir música?
Dolby Atmos está cambiando de forma fundamental cómo entendemos la música. Tradicionalmente todo se ha construido en estéreo, izquierda y derecha. Con el audio inmersivo trabajas en un espacio tridimensional. El sonido puede moverse alrededor del oyente, por encima, por detrás, y eso abre un enfoque creativo completamente distinto.
Desde la producción obliga a ser más intencional con los arreglos. No se trata solo de acumular capas, sino de situarlas en un espacio. Eso permite ganar claridad y detalle, algo especialmente importante en géneros densos como el metal moderno. A nivel de escucha todavía está en evolución. No todo el mundo tiene un sistema preparado para una reproducción inmersiva completa, pero incluso con auriculares la diferencia es evidente. Con el tiempo creo que se convertirá en un estándar, igual que el estéreo sustituyó al mono.
Para mí, además, tener un estudio certificado en Atmos en Extremadura es importante. Demuestra que no hace falta estar en Madrid, Londres o Los Ángeles para trabajar al máximo nivel. Se puede construir algo de nivel internacional desde aquí y conectarlo con el resto de la industria.