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No es lo que nos pasa, sino el significado que le damos

No es lo que nos pasa, sino el significado que le damos
Foto: Amparo García Iglesias

En consulta se despliegan verdades que ningún manual recoge del todo, ni vienen en libros, ni aprendemos en conferencias; vienen de quien se sienta frente a ti, te mira a los ojos y, con su forma de enfrentarse a los avatares que la vida depara, casi sin darse cuenta, ofrece lecciones que calan hondo; y esto es lo más transformador que existe tanto en consulta como fuera de ella.

Quiero contar la historia de una maestra rural, con dos hijos adolescentes, divorciada, sus padres con enfermedades neurodegenerativas y la plaza de interina cargada en la mochila. No hay casa fija, no hay raíces profundas en un solo suelo. Sin embargo, actúa con consistencia; es disciplinada con su familia, que necesita horarios, comidas calientes y unos brazos que no fallen. Su serenidad es el ancla en medio del temporal, es lo que mantiene el rumbo cuando el viento sopla fuerte en contra.

Su forma de enfrentarse a la vida va tejiendo algo indestructible: la certeza de que, pase lo que pase, siempre es posible mantener el timón. A sus hijos no les vende un cuento de hadas (“todo será perfecto”), les muestra la verdad completa: “A veces extraño el pueblo anterior, a veces me canso de hacer maletas”…

Cada mudanza podría haberla etiquetado como ‘pérdida’, ‘inestabilidad’, ‘sacrificio’. En cambio, eligió ‘aventura’, ‘oportunidad’, ‘descubrimiento’. En lugar de vivirlo como una condena o una tragedia inevitable, lo transforma en una experiencia compartida. Esa re-etiquetación no niega la nostalgia, ni las noches en las que el silencio de la casa nueva pesa más que el de la antigua; simplemente desplaza el foco del déficit al potencial.

Así convierte la búsqueda de vivienda en una caza del tesoro familiar, la inscripción en el nuevo colegio en la apertura de un capítulo inédito, las caras desconocidas en posibles amigos futuros. Regalándonos una enseñanza poderosa y poco común: el ‘framing cognitivo’, una de las habilidades más valiosas que lo cambia todo y una de las herramientas que sus hijos aprenderán para la vida adulta, la flexibilidad emocional.

Al bajar del coche en el nuevo pueblo no dice: “Otra vez empezamos de cero, qué duro, qué rollo”. Dice: “Mirad, las costumbres del nuevo pueblo por descubrir”, “Será emocionante conocer a la señora que hace el mejor pan o el río donde podremos tirar piedras”.

Una persona puede estar herida y sentirse sola, y aun así elegir el orden, el cuidado, el avance. Esa lección vale más que cualquier estabilidad material.

Así que la próxima vez que la vida te obligue a hacer maletas, literal o metafóricamente, recuerda a esa maestra y pregúntate “¿Voy a narrar esta etapa como una tragedia que me toca soportar o como una aventura que, junto a las personas que más quiero, vamos a escribir juntos?”.

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