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‘Sanguijuelas del Guadiana’ desata la euforia en Badajoz

'Sanguijuelas del Guadiana' desata la euforia en Badajoz
Foto: Alfonso Vázquez
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Hacer dos llenos consecutivos, reunir a unas 17.000 personas en dos noches y hacerlo en la Alcazaba, en una ciudad como Badajoz, no deja de ser un logro considerable. Sin embargo, antes incluso de acceder al recinto, lo primero que llamaba la atención era el ambiente que se había extendido por buena parte del casco antiguo. Por sus calles caminaban grupos de jóvenes, familias y seguidores llegados de distintos lugares, muchos de ellos vestidos con camisetas que recuperaban la estética del célebre azulejo de Nitrato de Chile que la banda de Casas de Don Pedro ha sabido revitalizar y convertir en uno de sus símbolos. La celebración había comenzado mucho antes de que sonaran los primeros acordes.

Sentía curiosidad por volver a ver a ‘Sanguijuelas del Guadiana’. La última vez había sido unos diez meses atrás, también al aire libre y ante una cantidad considerable de público. Desde entonces, el grupo ha crecido. Lo ha hecho en presencia sobre el escenario, en seguridad y, sobre todo, en su capacidad para conectar con quienes tienen delante. Carlos, Juan y Víctor parecen ahora más cómodos ocupando grandes espacios, sin que esa evolución les haya hecho perder la espontaneidad que caracteriza su propuesta. Sus conciertos son más divertidos, más participativos y están mejor construidos, pero siguen conservando algo de reunión improvisada entre amigos.

En esta ocasión, además, había algo especial. La Alcazaba había acogido la semana anterior el Alcazaba Festival, pero durante los días 24 y 25 de julio el recinto pareció adquirir otro significado. No era simplemente una parada más de la gira Verbena en vena. Era la cita que el grupo había anunciado meses atrás en La Revuelta, ante David Broncano, cuando todavía parecía muy lejano imaginar dos noches consecutivas llenando uno de los grandes espacios culturales de la capital pacense. El éxito de la primera convocatoria obligó a añadir una segunda fecha, que terminó ampliando la celebración y su alcance.

La Alcazaba los acogió, pero ellos también supieron hacer suyo el lugar. Pasaron de ser huéspedes a convertirse en anfitriones de una gran fiesta musical extremeña. El escenario reproducía el universo visual que han ido construyendo alrededor de la banda: aquella cochera de pueblo en la que se reúnen, la nevera sobre la que conversan y el Opel Meriva con el que comenzaron a recorrer kilómetros, situado ahora a la entrada del recinto como una pieza más de su propia historia. Son objetos cotidianos, sin aparente trascendencia, que en sus manos terminan adquiriendo un valor simbólico. Hablan del camino recorrido, pero también de una manera de crear desde los márgenes de los grandes centros de producción cultural.

El grupo tampoco quiso vivir estas noches en solitario. La presencia de La Kaíta y Juan Vargas, ‘Bolsa de Moscas’, ‘KMKR’, ‘Mala Sangre’ y ‘Estanco 72’ convirtió las dos jornadas en un pequeño escaparate de la música que se está haciendo actualmente en Extremadura. Convivieron el flamenco, el rock, las nuevas sonoridades urbanas y diferentes generaciones de artistas. Más que una suma de actuaciones, el conjunto transmitía la intención de compartir el escenario alcanzado y de abrirlo a otros músicos de la región.

 

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No es necesario reconstruir aquí el concierto canción por canción. La respuesta del público fue constante y el repertorio funcionó como un relato reconocible para quienes han acompañado el rápido crecimiento de la banda. Hubo espacio, no obstante, para dos temas inéditos. El primero, compuesto por Carlos durante los días anteriores, nació expresamente para esta cita y convirtió a Badajoz y a la propia Alcazaba en protagonistas. Comenzó de forma íntima, con los tres músicos sentados sobre la nevera de La Cochera, y fue creciendo hasta alcanzar un final más enérgico. Poco después presentaron otra canción, esta vez con un sonido más cercano al rock, sobre la que ni ellos mismos aseguraron que llegue a publicarse. “Y ser de piedra como la Alcazaba, por si esto estalla no sienta el dolor. Hacer del pecho una fuerte muralla con vista a Badajoz”.

Más allá de la música, resulta interesante observar cómo ‘Sanguijuelas del Guadiana’ trabaja con elementos de la cultura popular extremeña sin convertirlos en piezas inmóviles. La verbena, la charanga, la bellota, las palabras del pueblo, los viejos carteles agrícolas o la propia idea de regresar después de haber marchado aparecen reformulados dentro de un lenguaje contemporáneo. No los emplean como adornos ni como una nostalgia impostada, sino como materiales que todavía pueden decir algo a las generaciones actuales.

El entorno patrimonial tampoco actuó únicamente como un decorado. La presencia de la Alcazaba, visible detrás del escenario, establecía un diálogo inevitable entre la historia de la ciudad y una banda que ha hecho del territorio una parte esencial de su identidad. Durante dos noches, una fortaleza vinculada al pasado de Badajoz acogió una manifestación cultural nacida en un pequeño municipio extremeño y capaz ahora de convocar a miles de personas. Esa relación entre patrimonio, música e identidad quizá ayude a explicar por qué el acontecimiento desbordó los límites de un concierto convencional.

Las cifras confirman la dimensión alcanzada, pero no cuentan por sí solas lo sucedido. El principal logro no fue únicamente llenar dos veces la Alcazaba, sino conseguir que una parte importante del público se reconociera en lo que estaba viendo. ‘Sanguijuelas del Guadiana’ ha crecido sin esconder su procedencia ni disimular el acento cultural de su propuesta. Más bien ha hecho de ello su punto de partida.

 

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Hace unos meses anunciaban desde un plató de televisión su llegada a aquella “lejana capital”. Cuando finalmente llegaron, ya no parecían tres jóvenes de Casas de Don Pedro invitados a ocupar uno de los grandes escenarios de Badajoz. Durante dos noches fueron ellos quienes abrieron las puertas, reunieron a músicos de la tierra y convirtieron la Alcazaba en una enorme verbena. La música de pueblo llegó a la capital y, por unas horas, consiguió que la capital también se sintiera un poco más pueblo. Y el espectáculo continúa, pues el grupo actuará los días 7 y 8 de septiembre en el Teatro Romano de Mérida. A ver qué sorpresa nos preparan para tan emblemática fecha.

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