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Planificar a varios años vista: entre la bola de cristal y el sentido común

Planificar a varios años vista: entre la bola de cristal y el sentido común
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Planificar a varios años vista suena, para muchas pymesarias, a ciencia ficción financiera. “¿Cómo voy a saber qué pasará dentro de tres o cinco años si no sé ni cómo acabaré este trimestre?”. Spoiler: no se trata de adivinar el futuro, sino de prepararte mejor para cuando llegue… con o sin susto incluido.

La planificación plurianual es, básicamente, levantar la cabeza del día a día y mirar un poco más lejos. Sirve para entender hacia dónde quieres llevar tu empresa, qué recursos vas a necesitar y qué decisiones de hoy tienen consecuencias mañana (sí, también las pequeñas). Inversiones, financiación, estructura de costes, crecimiento del equipo, fiscalidad… todo eso no ocurre de golpe, ocurre en el tiempo. Y el tiempo conviene pensarlo antes.

Entre las ventajas hay una muy clara: te da perspectiva. Planificar a varios años permite detectar tensiones de tesorería futuras, anticipar necesidades de financiación y evitar ese clásico “esto no lo vi venir” que suele doler más al bolsillo que al orgullo. Además, mejora mucho la toma de decisiones; no es lo mismo aceptar un proyecto poco rentable si sabes que te posiciona estratégicamente que hacerlo a ciegas. Aquí una CFO externa aporta un valor enorme, ayudando a traducir la estrategia en números realistas y escenarios alternativos.

Pero seamos críticas, que para eso estamos. La planificación a largo plazo también tiene inconvenientes. El principal: la falsa sensación de control. Un Excel muy bonito no evita crisis, cambios regulatorios ni clientes imprevisibles. Si se convierte en un documento rígido, intocable y lleno de decimales “porque sí” deja de ser útil y pasa a ser decoración financiera. Y no, el presupuesto no se cumple solo por haberlo hecho con cariño.

La clave está en el equilibrio: planificar a varios años, sí, pero con hipótesis claras, márgenes de maniobra y revisiones periódicas. Pensar en escenarios, no en certezas. Usar el plan como brújula, no como grillete. En resumen: planificar no es tener razón sobre el futuro, es estar menos perdida cuando llega. Y en un entorno cambiante eso ya es mucha ventaja.

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