En la que desde hace tiempo conocemos como Plaza de Las Ventas se han celebrado innumerables corridas de toros con nombre propio. Desde las clásicas, la Gran Corrida Extraordinaria de la Beneficencia o la Corrida de la Asociación de la Prensa, hasta las actuales In Memoriam. Una de ellas es la Corrida Goyesca, que aún perdura.
A las 16 horas del 14 de abril de 1935 comenzó la primera corrida goyesca que se celebraba en la Plaza de Toros de Madrid. Estuvo patrocinada por el Gobierno en honor al IV Aniversario de la República. Aunque todavía la llegada al coso era penosa por el estado de los accesos, se puso el cartel de ‘No hay billetes’. Asistieron el presidente de la República, el jefe del Estado y algunos miembros del Gobierno, entre ellos el ministro de la Gobernación.
G. C. [Gregorio Corrrochano] que firma la crónica de ABC, escribe en relación con lo anterior: “Desde nuestro lugar se ve la cabellera cana del ministro de la Gobernación. Esto lo tenemos por buen anuncio de la energía que hace falta en ese ministerio. Un hombre así sería inflexible en una huelga de peluqueros. Mirando esa cabellera se adquiere la certeza de que a ese hombre no le importa ni poco ni mucho una huelga de peluqueros. Y esto ya inicia un carácter”. Antes de empezar hubo un desfile de calesas por el ruedo. Y prosigue el cronista: “Comienza el desfile. Salen unos comparsas, como figurantes de un teatro de pocos recursos. El vestuario, pobrete y ajado, ensucia un poco el aspecto bonito de la plaza. A esta comparsería de mal teatro se le llama goyesca. Si se escribiese grotesca, estaría más en su punto. Entre la pobretería destaca la belleza de unas ‘mises’ para aliviar un poco la mirada del espectador. En la colección de Goya falta el aguafuerte de una corrida goyesca. Pero ni él mismo podía sospecharlo”.
Hicieron el paseíllo, por delante, los rejoneadores Antonio Cañero y Alejandro Mascarenhas, que hacía su presentación en Madrid. Le seguían la cuadrillas de los espadas Manuel Jiménez Chicuelo, Joaquín Rodríguez ‘Cagancho’ y el mexicano Lorenzo Garza, que también se presentaba en Madrid y confirmaría su alternativa. También desfiló el sobresaliente Luis Calderón de la Barca.
El primer novillo-toro de rejones en puntas fue para Antonio Cañero y se lidió en primer lugar. Se llamó ‘Radical’, estuvo herrado con el número 55 y fue negro de capa. Ya en el paseíllo, así lo afirmaba ABC, “… hace un desfile que es toda una escuela de equitación”. “Como jinete, como hombre que torea a caballo, nada nuevo tenemos que decir a lo que ya hemos dicho de este hombre, que tiene por pedestal en caballo. Como es rejoneador es, sin duda, la tarde que le vimos mejor, con más estilo, con más precisión, con más dominio del arte de rejonear, que no consiste solamente en darle vueltas a un toro con un caballo. Cañero, por tanto, está en la plenitud. Así se le ovacionó en la tarde lucida”. Alejandro Mascarenha, que lidió el segundo de la tarde, ‘Ojeroso’ de nombre, herrado con el número 10 y berrendo en negro de pinta, “…estuvo un poco dudoso y vacilante porque el toro era manso y él no sabía buscarle las arrancadas. Esto le restó lucimiento, aunque también fue aplaudido haga el retirarse”. Ambas reses las mató el sobresaliente.
Entre los de a pie solo destacar la vuelta al ruedo de ‘Cagancho’ en su primero y las dos ovaciones que escucho Lorenzo Garza en sus toros. Lo demás se resume en broncas y división.
