Es mayo y esta primavera avanzada invita a subir a las almenas de la Torre Lucía. Y hoy lo hago acompañado de un buen amigo que sabe mucho del tema que voy a tratar por formar parte del árbol genealógico de los principales actores de esta historia. Se trata de Jerónimo Gómez Rodulfo.
La Torre Lucía también fue testigo del éxito de las aguas mineromedicinales de Valdelazura, que a pesar de tener un nombre tan armoniosamente fonético y de indudable belleza sonora, sean tan desconocidas en la Plasencia actual, a escasamente 100 años de su explotación, estando su fuente a ocho kilómetros al noroeste de nuestra ciudad y a menos de un kilómetro del río Jerte, hacia el norte y en su margen derecha, en la dehesa Alturas de Palacios.
Aunque su uso durante las primeras décadas del siglo XX fue principalmente para bebida, también fueron conocidas como Balneario de Valdelazura. En la actualidad se conserva una construcción poligonal rematada con un pináculo, en cuyo interior el suelo de la cámara presenta unas aberturas por donde mana el agua. Se trata de ocho manantiales que emergen en rocas graníticas. Del caudal inicial de 720 litros a la hora y a 19,5 grados de temperatura, en 1911, se ha pasado a 72 litros a la hora en 2003, según datos de la Junta de Extremadura de citada fecha.
Pero resumamos sus antecedentes. Ya Vicente Paredes Guillén, arquitecto, arqueólogo e historiador, en 1898 describe dos inscripciones romanas en la dehesa Alturas de Palacios, cuyo dueño don Ángel Galindo las donó al Museo Provincial en 1902. En 1910 el doctor Hipólito Rodríguez Pinilla, primer catedrático de Hidrología Médica, informaba que cerca de la fuente de aguas mineromedicinales habían aparecido monedas de Trajano y aras romanas, dando a entender que las propiedades de estas aguas fueron ya conocidas por los romanos.
Los doctores José Giral y César Angoso, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca, analizaron en 1909 las aguas de Valdelazura, invitados por el médico Pío Iglesias Sierra, yerno del propietario de la finca.
La Estadística Minera de 1909 describió las citadas aguas como las más litínicas, iontizadas y radioactivas de España, con pureza absoluta y cuya generalización en el uso terapéutico era grande. Eran indicadas principalmente en casos de diabetes, artritis y afecciones de estómago, hígado y riñones, sobre todo en enfermedades urinarias.
En 1910, Ángel Galindo, casado con la propietaria Ramona Vera, solicitó la declaración de utilidad pública del balneario que proyectaba construir para explotar las aguas de Valdelazura, considerando que emergían en cantidad suficiente tanto para balneario como para venta en botellas. Lógicamente se le concedió.
Gracias a numerosas observaciones clínicas se dieron a conocer sus virtudes curativas. El ya mencionado Hipólito Rodríguez Pinilla publica en 1910 una Memoria Histórico-Clínica de 43 páginas, impresa en Plasencia, en la imprenta de la Viuda de J. Sagrera, en la que analiza de forma exhaustiva las aguas medicinales de Valdelazura desde un punto de vista químico y clínico, así como de forma breve sus efectos fisiológicos.
El 11 de julio de 1911 se concede la marca para comercializar las aguas, en cuya imagen se lee en la parte superior con mayúsculas “VIDA, ENERGÍA, VIGOR” y debajo “Novedad Científica. Nuevas Aguas Naturales Bicarbonatadas Alcalinas”. En el centro, a gran tamaño, “VALDELAZURA”. Y “Deliciosa agua de mesa. Gusto Fino y Delicado”, “De absoluta pureza según el Sabio Cajal”, “Las de más Radio, Litina y Azoe de su clase en Europa”, “PLASENCIA (Cáceres)”.
Estas aguas recibieron grandes recompensas y galardones en exposiciones y concursos. Tal vez lo mejor sea transcribir los que fueron plasmados en las etiquetas de las botellas, donde se podía leer:
“PREMIOS Y RECOMPENSAS: INSTITUTO DE HIGIENE DE PARIS, Gran Diploma de Honor-Grandes Palmas y Medalla de Oro.
EXPOSICIONES: GÉNOVA 1910. Gran Copa de Honor y Gran Premio.
LONDRES, BRUSELAS, AMBERES, NÁPOLES, PARIS, ROMA, MONTECATINI, en 1910. Gran Premio- Gran Cruz y Medalla de Oro.
BUENOS AIRES. Exposición Universal 1911: Gran Medalla de Oro.
VALENCIA. Exposición Nacional 1911: Gran Diploma de Honor.”.
Todos estos premios y medallas estuvieron expuestos en un escaparate del famoso comercio de alfombras y tapices de la Viuda de P. González y Cía. en la Carrera de San Jerónimo de Madrid.
También aprovechando las etiquetas de las botellas podemos añadir más detalles relacionados con su explotación. Por ejemplo, “VENTAS, en buenas farmacias y restaurantes de España, América y Portugal. Su propietario D. Ángel Galindo de Plasencia (Cáceres) pone a disposición del público, memorias, folletos y cuántos datos se le pidan. Se facturan a todas partes en cajas de 25 botellas de un litro y de medio litro.”.
Y, en cuanto a sus propiedades, no me resisto a copiar textualmente la parte central de esas etiquetas donde se puede leer con gran autobombo:
“Analizadas por las mayores eminencias químicas y determinada su pureza bacteriológica por el sabio Dr. Cajal.
Reinas de las aguas de mesa, sola o mezclada con vino; gusto fino y delicado, facilita la digestión, abre el apetito y tonifica el organismo.
Bebida refrescante ideal mezclada con cognac, rom, cerveza, jarabe de limón, groselia, y sidra, wiskey, etc.
VALDELAZURA son las aguas de más litina del mundo en su clase, las únicas Oligometálicas que existen en España con tan extraordinaria Radio-Actividad, que son hoy, según frase de eminentes médicos.
La mayor novedad científica del día.
VALDELAZURA, cura dando vida a los órganos enfermos y atrofiados.
Si habéis usado otras aguas y remedios sin lograr alivio a vuestras dolencias, beber una sola botella de agua de Valdelazura y encontraréis inmediata y sensible mejoría a vuestras afecciones por crónicas que sean.
Una brillante clínica de miles de enfermos y muchos desahuciados han dado en forma seria la fama a este notable vector terapéutico, productor de energías y vida.
Indicaciones éxito inmediato: Estómago, intestinos, hígado, riñones, vejiga, artritismo, diabetes, obesidad, vómitos de embarazadas (especial).
Sin rival por su acción vigorizante en la neurastenias, consunciones avanzadas, anemias, estados asténicos, y se han comprobado manifiestos alivios en ciertas afecciones y debilidades sexuales.
VALDELAZURA, soberanamente preventiva del tifus abdominal y exantemático, fiebres infecciosas, coli-bacilo, cólera, etc.”.
Su anuncio se vio en toda la prensa nacional y regional y en los telones de los principales teatros madrileños y en vallas publicitarias en lugares de gran visibilidad, como en el panel publicitario que ocultaba el solar donde se ubicó la Casa del Cura de la Iglesia de San José en la calle Alcalá, casa que fue derribada para dar comienzo a la apertura de la Gran Vía madrileña.
En 1913, los señores Galindo habilitaron una casa-hotel para que los visitantes-agüistas se alojaran en Plasencia. Esta casa, de doña Ramona Vera y don Ángel Galindo, es la situada en la Calle del Rey (antigua Marqués de la Constancia número 27), con magnífica portada en cantería coronada con amplio y hermoso escudo heráldico. Fue el domicilio de Julian Yagüe, tesorero del rey Fernando VII e intendente de la provincia de Toledo, y pasó a ser propiedad de doña Ramona Vera, primera propietaria que figura en el Registro Civil.
Pero sigamos con la historia de las aguas de Valdelazura. En 1917 fallece Ángel Galindo, y tan solo dos meses después su yerno Pío Iglesias, y comienza el declive del periodo de esplendor de Valdelazura. En 1925 fallece la única hija del matrimonio Galindo Vera, viuda del doctor Iglesias. Y al año siguiente doña Ramona Vera anuncia en prensa la subasta de la finca Alturas de Palacios con los manantiales de las aguas minero-medicinales de Valdelazura.
En 1928 vuelven a aparecer en prensa anuncios sobre las aguas de Valdelazura, figurando como propietario Buenaventura Delgado Gregorio. La publicidad finaliza en 1936 y con la Guerra Civil el manantial se hunde en el olvido. Y a combatir ese olvido, un siglo después, he traído a colación este tema a la Torre Lucía, que, como ‘eterna’ atalaya de Plasencia, presenció el éxito y la fama de las aguas de Valdelazura, como tantas y tantas otras historias que ha vivido nuestra ciudad a lo largo de más de nueve siglos de historia.
Agradezco a Jerónimo sus aportaciones y como bibliografía especial el trabajo publicado en la Revista de Estudios Extremeños, Año 2024, número 1, páginas 341 a 358, de Hortensia Chamorro Villanueva, Licenciada en Ciencias Geológicas, Universidad Complutense de Madrid.
