Uno de los motivos para crear Empresas en Positivo, hace ya casi 13 años, fue nuestra visión de la contabilidad. Nos negábamos a verla como un mero acatamiento normativo. No se trata de cumplir con las obligaciones contables, por cumplir. Se trata de seguir unos procesos contables para obtener una información que nos permita dotar a los gestores de las empresas de una serie de herramientas que les ayuden a poder tomar mejores decisiones de gestión en la empresa.
Por ello, Verifactu no debe entenderse solo como una nueva obligación fiscal. Es, sobre todo, una señal clara de hacia dónde avanza la gestión empresarial: más control, más trazabilidad, más digitalización y menos margen para procesos improvisados.
La Agencia Tributaria mantiene ya un espacio específico sobre los Sistemas Informáticos de Facturación y Verifactu, con información técnica, normativa y herramientas de asistencia.
El verdadero reto para muchas pymes no será únicamente adaptar el software. El reto será revisar cómo se emiten las facturas, cómo se registran, quién valida la información, cómo se conecta la facturación con la contabilidad y qué datos utiliza la dirección para tomar decisiones. La creación de cuadros de mando actualizados con los principales KPIs de las empresas se convierte en una herramienta imprescindible.
Aquí es donde la figura de la CFO Externa cobra un papel especialmente relevante. No se trata solo de implantar una herramienta, sino de ordenar el circuito completo: facturación, cobros, pagos, márgenes, tesorería, presupuestos y reporting. Verifactu puede ser el punto de partida para profesionalizar procesos que hasta ahora dependían demasiado de hojas de cálculo, tareas manuales o revisiones tardías.
Además, la factura electrónica obligatoria entre empresarios y profesionales también avanza en paralelo. El Real Decreto 238/2026 regula sus requisitos técnicos y de información, y prevé distintos plazos de aplicación según el volumen de operaciones de las empresas.
Por eso conviene anticiparse. Esperar al último momento puede convertir la adaptación en un problema operativo. En cambio, abordarla con visión financiera permite transformar una obligación normativa en una ventaja de gestión.
Una empresa que factura mejor, registra mejor y analiza mejor, también decide mejor.
