Una vez más la actualidad es la que toma la iniciativa a la hora de transmitiros mis noticias, y aunque yo querría hablaros de cosas que no encojan el corazón, más bien que os llenasen de paz en este reposo veraniego, por desgracia el día a día entiende más de mensajes trágicos que de palabras que favorecen la calma y el sosiego.
Esta vez el planeta Tierra, aliado con la madre Naturaleza, ha vuelto a dar un ‘golpe de mano’, porque cuando la ‘diosa Gea’ se enfada queda palpable la insignificancia de los humanos, que solo darán su verdadera medida a través de la alianza y la cooperación. El viejo lema ‘La unión hace la fuerza’ derivado de una fábula de Esopo está más vigente que nunca.
Perdonadme que para hablar de una tragedia como la ocurrida en Venezuela el 24 de junio de 2026, causada por los efectos de dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 respectivamente, haya hecho una previa introducción, pero creí que era necesaria para poner de manifiesto la obstinación del ser humano en su insistencia de utilizar los recursos para fomentar las guerras y la destrucción, en lugar de hacerlo para unirse y hacer que los ‘rugidos’ de la naturaleza (inevitables por otra parte) se puedan afrontar mejor y con más medios para conseguir que el balance de víctimas, sobre todo, y de devastación se minimice y por ello el dolor sea el menor posible.
Cuando esto escribo (mediados de julio) la cifra de fallecidos supera los 5.000, mientras que casi 50.000 personas han perdido su vivienda y los heridos rondan los 25.000, y muy posiblemente el balance final de la catástrofe supere bastante esos datos. Según palabras de la periodista venezolana Marian Castillo, afincada en Plasencia, que mantiene contacto con personas que vivieron el seísmo de primera mano, los testimonios coinciden en una misma sensación: la de un movimiento sísmico que parecía eterno. Fueron dos terremotos muy fuertes con muy poca diferencia entre uno y otro, y esa continuidad hizo que muchos pensaran que la tierra no iba a dejar de moverse nunca.
Desde la comunidad venezolana se insiste en que el país carece actualmente de medios para afrontar este desastre. Me decían que son insuficientes para responder a una catástrofe de semejante magnitud.
Como se puede ver, estos cataclismos dejan al descubierto la fragilidad de los Estados y de los Gobiernos para afrontar con recursos y medios sus efectos trágicos y devastadores; a su vez, ponen de manifiesto que la pobreza y el despotismo en muchos casos no dejan que la necesaria prevención en la planificación de las ciudades consiga que la devastación sea mucho menor, porque los recursos y los medios generan fortaleza para afrontar las catástrofes.
Y no estoy proponiendo utopías; no hay mas que analizar los seísmos en Japón, país económicamente fuerte y tecnológicamente desarrollado, para ver que los efectos son mucho menos trágicos que en Venezuela (que posiblemente, debiera atesorar una riqueza cuando menos equivalente a la de Japón, para una menor población).
Estamos viendo, por otro lado, que en situaciones de emergencia la sociedad civil y las instituciones se unen para paliar los efectos a posteriori, cuando las víctimas y la sangre están aun calientes; pues hagamos esta reflexión y esta unión a priori, cuando no haya cadáveres ni ruina, y seguramente al mundo y a sus moradores les ira mucho mejor, y las cifras de la tragedia serán mucho menores.
Como sociedad civil (en todo el orbe) pidamos a los líderes políticos y dirigentes del mundo que se reúnan muchas veces, sí, pero para fomentar la paz; lo contrario de lo que sucede ahora en la mayor parte de las veces, que fomentan la guerra más que otra cosa.
Reúnanse los líderes mundiales para hablar de unir las manos y los recursos que ayuden a fortalecerse ante el mal y la destrucción que nos manda de vez en cuando la madre Naturaleza, en lugar de fomentar aquellas tragedias derivadas de la mano del hombre y de la irresponsabilidad de sus dirigentes . No se puede generalizar, porque también hay gente honesta en los liderazgos, pero las guerras están ahí y no las decide la gente de a pie.
La vida de una sola personas está por encima de los países, de los Estados, de las banderas y de sus dirigentes, haya caído en el lado derecho o en el lado izquierdo del corazón. La grandeza de una persona se mide cuando se pone del lado del desprotegido, esté en el bando que esté, además por el reconocimiento de sus errores y responsabilidades y por el respeto a todas las víctimas las propias y las ajenas, al tiempo que les da solución a los problemas mediante la justicia equitativa, la razón y el sentido común.
Hecho este análisis moral del comportamiento humano, de hacia dónde debe ir la sabiduría de los hombres y su corazón para hacer mucho más llevaderas y menos crueles las inevitables catástrofes naturales como la ocurrida en el país hermano de Venezuela, es necesario hablaros de la tristeza y la frustración desde los vínculos que unen a miles de extremeños con raíces venezolanas que intentan contactar con sus familias, y muchas veces el silencio al otro lado del auricular se convierte en la desesperanza. Desde el momento del terremoto miles de venezolanos residentes en Extremadura viven sumidos en la incertidumbre y el dolor.
Quiero además poner el acento en el sentido de que ese dolor, ese llanto, esa preocupación y ese apoyo por el pueblo hermano de Venezuela, nace y surge en toda España por igual, con independencia de que hoy yo lo exprese desde Extremadura, porque Grada está en el corazón de los extremeños y por ello quiero poner mi voz desde el pueblo extremeño.
Las catástrofes naturales no entienden de fronteras, pero ponen de manifiesto la solidaridad de quienes están lejos de casa. Extremadura tiene desde hace muchos años una estrecha relación con Venezuela (aparte de los lazos históricos) debido a una numerosa comunidad venezolana, integrada y arraigada en la comunidad autónoma así como el colectivo de extremeños residentes en Venezuela. Hoy esa conexión alcanza un rostro tremendamente humano, el de miles de personas que están dispuestas a entregar su vida si es necesario por los seres afectados al otro lado del Atlántico, en ese querido trozo de América que se llama Venezuela, y que ha sido malherido de forma cruel por la madre Tierra.
Podría hablar de los vínculos de España entera y del dolor de la madre patria por nuestros hermanos venezolanos, pero hoy desde Grada quiero y deseo hacerlo en nombre de Extremadura, la tierra que me ofrece esta ventana cada día. Es por ello que paso a introducirme en el tiempo, para contaros los vínculos históricos que acercan a miles de extremeños con raíces venezolanas.
Hay que decir que tanto el libertador de Venezuela, Simón Bolívar, como su más estrecho colaborador, A. José de Sucre, tenían familiares extremeños. También hay recordar el gran protagonismo que tuvieron los extremeños en la historia de Venezuela y en la fundación de su capital, Caracas. Apellidos como Rangel, Silva, Briceño o Bastida dieron lugar a un linaje de familias relevantes de Venezuela que perduró durante siglos.
En Venezuela hay dos estados que se llaman Mérida y Trujillo, cuyas capitales llevan el mismo nombre.
Caracas fue fundada en 1567 con el nombre de Santiago León de Caracas, por la expedición dirigida por el zamorano Diego de Losada y formada por numerosos extremeños como Diego de Paradas (Almendralejo-Badajoz), Pedro Alonso Galeas (Almendralejo-Badajoz), Gabriel de Ávila (Trujillo-Cáceres), Francisco Ruiz (Mirabel-Cáceres), Juan de Carmona (Don Benito-Badajoz), Alonso Ortiz (Mérida-Badajoz), Juan Fernández (Trujillo-Cáceres), Alonso Gil (Zorita-Cáceres), Andrés Hernández (Acebo-Cáceres), Diego Méndez (Higuera de Vargas-Badajoz), Juan de San Juan (Trujillo-Cáceres), Juan Castaño (Alburquerque-Badajoz) o los hermanos Jerónimo y Juan de la Parra (La Parra-Badajoz).
Otros exploradores relevantes en la conquista de Venezuela fueron Alonso Bernáldez de Quirós (Medellín-Badajoz), gobernador colonial de Venezuela; Pedro Maraver de Silva (Jerez de los Caballeros-Badajoz), Garci González de Silva (Mérida-Badajoz) y Juan Rodrigues Suárez (Mérida-Badajoz) que llegó en torno a 1561 y exploró la zona antes de la fundación de Caracas.
Francisco Hernández de Chaves (Trujillo-Cáceres) fue gobernador y capitán general interino de la provincia de Venezuela; Rodrigo de León Salazar, hombre acaudalado y valiente que intervino en el desarrollo de Caracas (Zalamea de la Serena-Badajoz), fue alcalde de Caracas y se casó en 1582 con Isabel del Barrio (hija de Damián del Barrio, uno de los fundadores de Caracas); Juan Rodríguez Espejo (Jerez de los Caballeros-Badajoz) fue juez y hombre de letras, administrador de los Cabildos de algunas de las ciudades de Venezuela.
Además, son innumerables las ciudades venezolanas fundadas por extremeños:
- Mérida (1558): Se llamó inicialmente Santiago de los Caballeros de Mérida, fundada por Juan Rodríguez Suárez (1510, Mérida-Extremadura-Corona de Castilla)
- Trujillo (1557) (inicialmente Nueva Trujillo) fundada por Diego García de Paredes (Trujillo-Extremadura-Corona de Castilla, 1506)
- El Tocuyo (1545) fundado por Juan de Carvajal (Villafranca de los Barros-Extremadura-Corona de Castilla, 1509), se la conoce como ‘Ciudad Madre de Venezuela’, pues desde allí partieron las expediciones para fundar otras ciudades importantes de Venezuela, entre ellas Caracas
- La Grita (1576), Barinas (1577) originalmente se llamó Altamira de Cáceres, Alcántara (1577), Salazar de Las Palmas (1582), San José de Alcántara (1583) y Medina de las Torres (1585), todas fundadas por Francisco de Cáceres (Alcuéscar-Extremadura-Corona de Castilla, 1539), alguna de ellas junto con Hernando de Cerrada Marín (1530, Higuera de Vargas-Extremadura-Corona de Castilla)
Y no olvidamos a los misioneros extremeños; su labor fue importante en Venezuela, como Fray Tomás Ortiz (Calzadilla de Coria-Cáceres), que llegó a Santa Marta (Venezuela) en 1528 con un grupo de religiosos, hizo construir en 1531 la primera catedral, llamada Santa Ana, la más antigua de Sudamérica; o el sacerdote José Antonio García Mohedano, que nació en 1741 y fue un los introductores del cultivo del café en Venezuela; o Diego Antonio Díez Madroñero, que llegó a ser obispo de Caracas en 1756, ambos de Talarrubias (Badajoz).
Analizados los vínculos históricos de Extremadura y Venezuela es menester llegar al presente estudiando el comportamiento de los flujos de personas hacia un lado u otro del Atlántico. A mediados del siglo XX miles de extremeños marcharon a Venezuela debido a la complicada situación económica en España, estableciendo allí una importante comunidad. Ya en este siglo XXI, no muy lejos del presente, debido a la grave crisis socio-política y económica en el país iberoamericano, muchos de sus descendientes han vuelto a Extremadura o emigrado a ella buscando refugio.
Debido al terremoto todas las instituciones extremeñas, encabezadas por la Junta de Extremadura, han canalizado partidas de fondos públicos y voluntarios sanitarios para brindar asistencia humanitaria directamente a la población civil, y han brindado todo su apoyo tanto institucional como civil.
Quiero acabar reiterando que el dolor y la solidaridad afectan e incluyen a todo el pueblo español sin distinción alguna, entre otras razones porque la historia nos ha hermanado con Iberoamérica desde el descubrimiento; son innumerables los lazos afectivos y de sangre que nos unen a España con Iberoamérica, y una parte importante de todo ese mundo conjunto es Venezuela, por todas las razones ya explicadas.
Pero permitidme que ponga hoy mi acento particular en el pueblo extremeño, desde esta ventana de Extremadura que se llama Grada, y que da la voz a diario en favor de los desprotegidos y brinda a quien esto escribe la oportunidad de unirme con mis palabras a tan digna causa.
Mi más sentido pésame a las familias de los fallecidos y a todo el pueblo hermano de Venezuela y mi solidaridad también.
Extremadura y España entera con Venezuela
Ruge la Tierra
sangre, fuego y destrucción
en la hermana Venezuela,
un veinticuatro de junio
le rompió su corazón
y la llenó de infortunio.
Era un día de San Juan
de las hogueras hispanas,
pasaban algo las seis
en la tarde de Caracas
y dos terremotos muy fuertes
en este dos mil veintiséis
procedentes de sus ‘placas’
traen a sus gentes la muerte
y les destruyen sus casas.
Llantos tristes y certeza,
de que cabría menos tragedia
si hubiera mayor riqueza.
Son frágiles los Estados
cuando los medios de todos
se usan para la guerra
y para los ‘malos modos’
en lugar de utilizarlos
previniendo en ‘fortaleza’
a los pueblos azotados
cuando la madre Tierra
el hacha desentierra
y nos llena de tristeza.
¡Únase la sociedad
de todo el mundo avanzado!
Para no dejar de lado
a quien sufre su maldad.
¡Digámosle a los que mandan
ya está bien de sus batallas
que el pueblo que a ustedes alza
harto está de sus camadas!
Esa gente llana y franca
desea que les protejan
cuando la tierra se enfada.
Hoy lo sufre Venezuela
hermana de nuestra España,
le llora por ella el alma
y le entrega lo que pida
si con ello la consuela.
En esta triste aventura
desde un rincón de la Patria
que se llama Extremadura
unida por muchos lazos
de la historia y su andadura
le decimos a Caracas
¡Que son suyos nuestros brazos!
Y si es menester con su fuerza
sujetaremos las placas
para evitar más zarpazos.
¡Querida Venezuela
desde Cáceres y Badajoz
nuestra alma va con ‘vos’!
Y nuestro pésame sentido,
y le pedimos a Dios
que pronto se recuperen
la vida, las gentes
y el dolor del corazón
¡Y acoja
a su lado para siempre
a las almas que se han ido!