Sôber ha publicado ‘Anandamida’, su nuevo álbum compuesto por 11 canciones, que ha sido grabado, mezclado y masterizado por Alberto Seara en los estudios Cube de Madrid.
El disco ya está disponible en la web del grupo, en plataformas digitales y en los puntos de venta físicos habituales.
El título del trabajo hace referencia a la anandamida, conocida popularmente como la ‘molécula de la felicidad’. El álbum está integrado por ‘Anandamida’, ‘Mi refugio’, ‘Dile al miedo’, ‘Indestructible’, ‘Efímero’, ‘En la orilla’, ‘Cae el telón’, ‘Círculo rojo’, ‘4 paredes’, ‘Infinito’ y ‘El beso de Judas’.
‘Anandamida’, canción que abre el álbum y comparte título con este, introduce una propuesta que incorpora nuevas ambientaciones sonoras vinculadas al rock del siglo XXI, sin renunciar a los elementos característicos de la banda. Esta evolución también está presente en ‘Mi refugio’, ‘Dile al miedo’, ‘Indestructible’ y ‘El beso de Judas’, cuatro de los temas que fueron escogidos como adelantos del disco y que cuentan con videoclips.
Las letras, firmadas por Carlos Escobedo, presentan un carácter introspectivo y recurren a preguntas retóricas, imágenes y dualidades para explorar distintas emociones y contradicciones. Entre las canciones destaca ‘Indestructible’, un término que la banda emplea para describir su actual momento artístico, así como una etapa marcada por la evolución de su propuesta musical.

Carlos Escobedo, vocalista y bajista de Sôber, aborda las claves de ‘Anandamida’, la evolución sonora de la banda y las emociones que atraviesan las canciones de su nuevo álbum.
El álbum mantiene elementos reconocibles del sonido de Sôber, pero incorpora nuevas sonoridades. ¿Qué buscabais explorar musicalmente en este trabajo que todavía no hubierais abordado?
Creo que, después de tantos años, lo más importante es no perder la curiosidad. Tenemos una identidad muy marcada, un sonido que la gente reconoce, pero eso no significa que tengamos que repetirnos. Con ‘Anandamida’ queríamos explorar nuevos caminos, jugar con diferentes texturas y atmósferas y buscar matices que quizá antes no habíamos desarrollado tanto.
Nos gusta que las guitarras tengan peso, que las canciones sean contundentes y que exista esa oscuridad que forma parte del ADN de Sôber, pero también necesitamos que haya melodía, sensibilidad y espacio para que las canciones respiren. Para mí, el reto está en evolucionar sin dejar de ser quienes somos. No se trata de sonar diferentes por obligación, sino de encontrar nuevas formas de expresar lo que llevamos dentro.
¿En qué momento empezó a tomar forma el concepto de ‘Anandamida’ como álbum, y qué hizo que este término acabara dando título al disco?
El concepto fue tomando forma a medida que las canciones empezaron a relacionarse entre sí. Al principio cada una tenía su propia historia, pero poco a poco fui encontrando un hilo conductor que hablaba de nuestras contradicciones, de los momentos difíciles y de esa búsqueda constante de equilibrio que todos tenemos.
La anandamida es una molécula relacionada con la sensación de bienestar y con determinados procesos de nuestro cerebro; me llamó mucho la atención esa conexión con la felicidad, pero no entendida como un estado permanente en el que todo va bien, sino como algo que también puede aparecer después de haber atravesado momentos complicados. Me pareció una metáfora muy bonita de la vida y también de Sôber. A veces necesitas conocer la oscuridad para valorar la luz, caerte para aprender a levantarte y atravesar determinadas etapas para comprender quién eres. Anandamida representa, de alguna manera, esa búsqueda de la felicidad incluso cuando las cosas no son fáciles.
El disco está formado por 11 canciones con ambientes y planteamientos diferentes. ¿Cómo fue el proceso de selección y construcción del repertorio?
El repertorio se construye escuchando mucho, probando y, sobre todo, siendo honestos con las canciones. Cuando compones puedes enamorarte de una idea, pero después tienes que ser capaz de escucharla desde fuera y preguntarte si realmente aporta algo al conjunto.
En este disco queríamos que cada canción tuviera su propia personalidad. No nos interesaba hacer 11 temas que funcionaran exactamente de la misma manera, sino construir un recorrido con diferentes intensidades, ambientes y emociones. Hay canciones más directas y contundentes, otras más introspectivas y otras que te llevan a lugares distintos dentro de nuestro universo musical.
Para mí, un álbum tiene que funcionar como un viaje. No todas las canciones deben golpearte de la misma manera ni en el mismo momento. Algunas te remueven por dentro y otras te acompañan. Lo importante es que, cuando termines de escucharlo, sientas que has recorrido algo y que todo forma parte de una misma historia.
¿Qué temas están detrás de las canciones, que en este álbum tienen un marcado carácter introspectivo?
Muchas veces escribo para intentar comprender cosas que ni siquiera yo tengo del todo claras. La música y las letras son una manera de ordenar emociones, de sacar fuera aquello que llevas dentro y que, en ocasiones, no sabes cómo explicar de otra forma.
En ‘Anandamida’ aparecen el miedo, la soledad, las contradicciones, la necesidad de encontrar refugio y la lucha por seguir adelante. Me interesan mucho los opuestos: el ruido y el silencio, el golpe y el beso, la salvación y la amenaza, sentirse preso y desear ser libre. Creo que todos vivimos dentro de esas contradicciones y que, precisamente, son las que nos hacen humanos.
No escribo pensando en dar lecciones ni en ofrecer respuestas definitivas. Prefiero plantear preguntas y dejar que cada persona encuentre su propia interpretación. Al final, una canción deja de pertenecerte por completo cuando alguien la escucha y la convierte en parte de su propia vida.
‘Indestructible’ aparece como uno de los temas centrales del álbum. ¿Qué significado tiene esta palabra para Sôber en el momento actual de la banda?
Para mí, ‘Indestructible‘ tiene mucho que ver con el público y con todo lo que hemos vivido durante estos años. Cuando estás encima de un escenario y miras a la gente a los ojos, cuando ves que alguien canta una canción tuya con una emoción que quizá tú mismo sentiste al escribirla, entiendes que existe algo que va mucho más allá de la música.
He tenido momentos en los que las cosas no han sido fáciles, como nos sucede a todos, y en esos momentos subir al escenario y sentir esa conexión te devuelve una energía extraordinaria. Hay días en los que llegas con tus propias dudas y sales sintiéndote capaz de afrontar cualquier cosa.
Ser indestructible no significa que nada te haga daño ni que no puedas caer. Para mí significa que, a pesar de todo, encuentras una razón para levantarte y continuar. Y Sôber lleva muchos años haciendo precisamente eso: evolucionando, atravesando etapas y encontrando motivos para seguir creando música. Esta canción también es una manera de dar las gracias a quienes han estado ahí, porque una parte de esa fuerza nos la han dado ellos.
Alberto Seara vuelve a estar al frente de la grabación, mezcla y masterización. ¿Cómo ha influido esta colaboración en el sonido definitivo del álbum?
Trabajar con Alberto es hacerlo con alguien que conoce muy bien nuestro universo sonoro y que, al mismo tiempo, sabe empujarnos a buscar cosas nuevas. Esa confianza es fundamental, porque te permite experimentar sin miedo a perder tu identidad.
En la producción hemos buscado un sonido contundente y crudo, pero con mucho cuidado por los detalles, las melodías y los ambientes. Me gusta que una canción tenga fuerza, pero también que cada instrumento ocupe su lugar y que la voz pueda transmitir todos los matices que necesita.
Alberto entiende muy bien ese equilibrio. Hay una comunicación musical que se ha construido con los años y eso hace que podamos centrarnos en lo importante, que es encontrar la mejor versión de cada canción. Yo creo que el resultado mantiene la esencia de Sôber, pero nos permite mostrar otras facetas y seguir avanzando.
El título alude a la llamada ‘molécula de la felicidad’. ¿Qué relación existe entre esa idea y las historias, emociones o reflexiones que atraviesan las canciones del álbum?
La relación está en entender que la felicidad no siempre es algo evidente ni permanente. A veces pensamos que ser felices significa que todo tiene que estar bien, que no debe haber problemas ni sufrimiento. Sin embargo, creo que también podemos encontrar momentos de felicidad en medio de situaciones complicadas, en una conversación, en una mirada, en una canción o en el simple hecho de sentir que todavía tenemos motivos para continuar.
En las canciones del disco conviven emociones que aparentemente son opuestas. Hay miedo, pero también valentía; hay soledad, pero también una necesidad enorme de conexión; hay fragilidad, pero también resistencia. La anandamida me pareció una manera de representar esa búsqueda interior. Evidentemente, el título tiene una referencia científica, pero nosotros lo llevamos a un terreno emocional y humano. No pretendemos explicar la felicidad, sino explorar qué significa para cada uno de nosotros y cómo podemos encontrarla incluso cuando la vida nos pone a prueba.
¿Hay alguna canción del álbum que haya evolucionado especialmente durante el proceso de grabación respecto a la idea con la que nació?
Creo que es algo que sucede en prácticamente todos los discos. Una canción nace de una idea, de una melodía o de una emoción concreta, pero cuando empiezas a trabajarla con la banda descubres posibilidades que no habías imaginado al principio. En el estudio tienes la oportunidad de escucharla desde otra perspectiva, de cambiar un arreglo, de darle más espacio a una parte o de encontrar una intensidad diferente. A veces una canción necesita más fuerza y otras veces descubres que lo mejor es quitar elementos y dejar que la emoción tenga más protagonismo.
En ‘Anandamida‘ hemos intentado respetar siempre la esencia de cada tema, pero sin tener miedo a transformarlo cuando sentíamos que podía ganar algo. Para mí, producir también consiste en saber escuchar y aceptar que la canción puede llevarte a un lugar distinto del que imaginabas cuando empezaste a componerla.
¿Qué os gustaría que permaneciera en quien escuche ‘Anandamida’ por primera vez?
Me gustaría que permaneciera una emoción. Que alguien terminara de escuchar el disco y sintiera que alguna de esas canciones ha conectado con algo que lleva dentro, aunque no sepa explicarlo con palabras. Después de tantos años, sigo pensando que lo más bonito de la música es esa capacidad de unir a personas que quizá no se conocen, que tienen vidas completamente diferentes, pero que encuentran un punto en común en una letra o en una melodía.
Si ‘Anandamida‘ consigue acompañar a alguien en un momento complicado, darle fuerza cuando la necesita o simplemente hacerle sentir que no está solo, habrá cumplido su propósito. No necesito que todo el mundo interprete las canciones de la misma manera. Al contrario, me encanta pensar que cada persona encontrará algo diferente en ellas. Al final, la música nos recuerda que somos vulnerables, pero también que tenemos una capacidad enorme para seguir adelante. Y quizá esa sea la idea que mejor resume este disco: siempre hay una razón para continuar.