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Desde la Torre Lucía: Antes que el ‘Destello’ fue ‘Muñecas’. Grada 160. Paco Valverde

Antes que el ‘Destello’ fue ‘Muñecas’. Grada 160. Paco Valverde
Foto: Festival de Málaga
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El pasado 15 de julio, estando ya en Isla Canela, me llegó la revista Grada número 158, de Julio/ Agosto 2021, en formato digital, y la primera impresión fue espléndida, porque la portada era una magnífica fotografía-retrato de la directora de cine Ainhoa Rodríguez y en el interior una gran entrevista.

Daba la casualidad de que, en aquellas fechas, también se encontraba en la playa ayamontina descansando unos días Ainhoa, donde la conocí hace ya un cuarto de siglo, siendo una jovencísima adolescente. Lógicamente fue a través de sus padres, los buenos amigos María Jesús y Rafael, en aquellos veranos familiares.

Supe pronto de su vocación cinéfila, y en parte fui testigo de sus primeros pasos en la dirección, concretamente en uno de sus primeros cortos, ‘Muñecas’, cuyo guion, dirección y producción corrió a su cargo.

Ya sabíamos entonces de su paso por la Escuela de Cine, de lo que estaba disfrutando de su carrera de Comunicación y Dirección de Cine, que posteriormente remataría con másteres hasta culminarlo con el Doctorado. Se le adivinaba un espíritu ‘guerrero’ de luchadora perfeccionista.

Pero volvamos a ‘Muñecas’. En la carátula del vídeo leemos: “Un día de calor, una joven amenaza con ahorcarse de un árbol. A cierta distancia, una niña vestida de muñeca espera la llegada de una extraña furgoneta”.

Son 11 minutos intensos, en ciertos momentos desgarradores, y todo observado y vivido por una niña ‘muñeca’ que en ese escenario estepario, rojizo de atardecer, cálido, rústico, con silueta de árbol seco y único en el horizonte, que es el centro de la imagen, da el toque inocente y dulce en contraposición ante tanta dureza.

Somos testigos de un drama matrimonial con dos personajes rudos, ella intentando ahorcarse desesperada por el mal trato, y él, suplicante, intentando calmarla. Hasta sufrir la escena un cambio copernicano, cuando ella cede por el recuerdo de sus hijos y el marido reacciona brutalmente, recuperando su condición de macho dominante.

La niña es ‘vendida’ a un falso payaso por otra madre enlutada, que la quiere alejar de este escenario de violencia. Y la niña se va en una furgoneta, dentro de la cual hay una ‘casita encantada’.

Simbólica y al mismo tiempo real representación de la violencia machista, narrado con fuerza, convencimientos y autoridad por una joven directora que estaba dando sus primeros pasos en el difícil mundo del cine.

Termino. Las manos que aparecen en las primeras imágenes del corto, modelando una muñeca, son las de mi esposa Isabel, ceramista. Corría el verano de 2006 y Ainhoa preguntó a Isabel si se ofrecía para que la filmasen modelando una muñeca. Solamente saldrían sus manos manipulando el barro. Y así se rodó aquel otoño en el taller de Isabel. Y así consta en los créditos del final, “Isabel G. Herrero. Ceramista”.

Después vino el ‘Destello bravío’.

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