El mago y mentalista pacense Christian Magritte ha cerrado varias fechas en julio y agosto en el Teatro Escondido de la Gran Vía de Madrid, donde ofrecerá su espectáculo ‘El secreto de la Gran Vía’, una propuesta que combina magia y mentalismo. El ilusionista celebra así sus 16 años de trayectoria profesional con una residencia artística de verano dirigida a un público familiar.
La programación arrancará en julio con varias fechas ya anunciadas. Las primeras funciones tendrán lugar el sábado 4 de julio, a las 12.30 y 17.00 horas; el domingo 5 de julio, a las 12.30 y 17.00 horas; el sábado 25 de julio, a las 12.30 y 18.30 horas; y el domingo 26 de julio, a las 12.30 y 17.00 horas.
La llegada de Christian Magritte a la Gran Vía de Madrid viene precedida de una trayectoria en la que ha presentado sus trabajos en diversos escenarios nacionales e internacionales; por ejemplo, ha realizado una gira por Nueva York de la mano del Instituto Cervantes y la Embajada de España; también ha compartido en París sus experiencias con magos parisinos, y ha mostrado sus creaciones a figuras de renombre mundial como Bébel y Bernard Bilis, célebre artista de Le Plus Grand Cabaret du Monde.
Christian Magritte también ha sido reconocido con el Tercer Premio Internacional de Magia de Cerca en Valongo, Portugal, y ha desarrollado trabajos en el ámbito corporativo colaborando con Mercedes Benz, BBVA, Orange o Repsol.
Esta residencia en Madrid no le impedirá avanzar en otro proyecto muy atractivo, a través de una colaboración con la Orquesta de Extremadura bajo la dirección de Edmon Levon, ‘De lo mental a lo real’, un espectáculo que también verán muchos escolares de la región como concierto didáctico matinal.
Hemos hablado con Christian Magritte para conocer sus sensaciones justo antes de comenzar su residencia madrileña.
Llegas por primera vez a la Gran Vía de Madrid con un espectáculo propio. ¿Qué representa este paso después de 16 años de carrera?
Actuar en la Gran Vía de Madrid es, sin duda, un sueño hecho realidad. Para mí representa una recompensa a muchos años de constancia, sacrificio, esfuerzo y confianza en un camino que no siempre ha sido fácil. Siempre he defendido que no importa tanto desde dónde partes, sino hacia dónde eres capaz de caminar. Yo salgo de Badajoz, de Extremadura, y poder llevar ahora mi forma de entender la magia hasta la Gran Vía es algo que vivo con mucha responsabilidad, pero también con un orgullo enorme.
¿Cómo nace ‘El secreto de la Gran Vía’ y qué diferencia este espectáculo de otros trabajos anteriores?
Después de tantos años actuando uno va entendiendo que la magia no está solo en el efecto imposible, sino en lo que provoca en la persona que lo vive. La magia no es únicamente sorprender. También es emocionar, conectar y hacer que el espectador vuelva a mirar la realidad de otra manera.
‘El secreto de la Gran Vía’ nace precisamente de esa idea. Es un espectáculo familiar que busca emocionar tanto a los niños como a los adultos, y que habla, de alguna forma, de los secretos que se esconden detrás de los sueños. La gran diferencia con otros trabajos anteriores es que llega en un momento de mayor madurez artística y personal. Después de 16 años de trayectoria, este espectáculo recoge muchas experiencias vividas sobre el escenario y también fuera de él.
¿Cómo se diseña un espectáculo que pueda funcionar tanto para niños como para adultos?
Cada público mira la magia desde un lugar distinto. Un niño la vive con naturalidad, casi como si todo fuera posible. Un adulto, en cambio, llega con más filtros, con más lógica y con más necesidad de encontrar una explicación. Y ahí es donde la magia se vuelve realmente interesante. Cuando diseño un espectáculo familiar intento que haya varias lecturas; que el niño se divierta, participe, ría y se sorprenda, pero que el adulto también encuentre humor, emoción y momentos en los que se permita dejarse llevar y decir “¿cómo lo habrá hecho?”.
Después de 16 años de trayectoria, ¿qué buscas en el espectador?
Al principio de mi carrera quizá estaba más pendiente de demostrar, de sorprender o de que el efecto fuera muy fuerte. Con los años, sin perder esa exigencia técnica, he entendido que lo más importante es lo que el público siente. Me interesa que el espectador se reconozca dentro del espectáculo. Que no sea una persona pasiva sentada en una butaca, sino alguien que forma parte de lo que está ocurriendo. Por lo tanto, busco que la gente se ría, se emocione, dude de su propia lógica y, durante un instante, se permita volver a creer en lo imposible.
En alguna ocasión has defendido que la magia y el surrealismo tienen caminos paralelos. ¿Sigue presente esa relación en ‘El secreto de la Gran Vía’?
Sí, totalmente. Para mí la magia y el surrealismo siempre han estado muy unidos. Ambos parten de una misma idea, mirar la realidad desde otro lugar, romper con lo evidente y descubrir que detrás de lo cotidiano puede esconderse algo extraordinario. En ‘El secreto de la Gran Vía’ esa relación está muy presente. No me interesa la magia entendida solo como una sucesión de trucos, sino como una forma de alterar por un instante la lógica del espectador, crear imágenes, provocar sensaciones y abrir una pequeña grieta en lo que damos por real.
En tus espectáculos es habitual la participación del público. ¿Qué importancia tendrá esa participación en el Teatro Escondido?
Tendrá una importancia enorme. Para mí el público no es un elemento decorativo del espectáculo. El público es parte esencial de lo que ocurre. Cada persona que sube al escenario, que toma una decisión, que piensa una palabra o que participa en un juego hace que esa función sea distinta a cualquier otra.
Compaginas esta etapa con la preparación de una colaboración con la Orquesta de Extremadura. ¿Qué posibilidades abre unir magia y música sinfónica?
Abre un camino precioso. La música sinfónica tiene una capacidad emocional enorme. Puede cambiar el estado de ánimo de un auditorio sin necesidad de palabras. La magia, por su parte, trabaja con el asombro, con la percepción y con lo imposible. Unir ambas disciplinas permite crear una experiencia muy potente, donde la música no sea solo un acompañamiento, sino una parte fundamental de lo que se está contando.
Además, que este proyecto pueda desarrollarse con la Orquesta de Extremadura tiene un valor muy especial. Me hace sentir, una vez más, que Extremadura no es un punto de partida pequeño, sino un lugar desde el que se pueden crear propuestas artísticas ambiciosas, diferentes y con proyección.
¿Qué reto te gustaría asumir en la siguiente fase de tu carrera?
Me gustaría seguir construyendo una carrera con identidad propia. Llegar a la Gran Vía es un paso muy importante, pero no quiero verlo como una meta final, sino como una nueva puerta. Ahora el reto es consolidar esa presencia, seguir creciendo artísticamente y llevar mi trabajo a espacios cada vez más importantes, tanto en teatro como en el ámbito corporativo.
Estoy en una etapa en la que me interesa unir la magia con otros lenguajes como la comunicación, la empresa, la música, la motivación, el liderazgo o la creatividad. Durante los últimos años he trabajado en muchos eventos corporativos, congresos, galas y experiencias para empresas, y cada vez tengo más claro que el mentalismo puede ser una herramienta muy poderosa para hablar de percepción, toma de decisiones, trabajo en equipo y comunicación.
Mi siguiente reto es seguir posicionando a Christian Magritte como un artista y comunicador capaz de crear experiencias con sentido. No solo como alguien que hace magia, sino como alguien que utiliza la magia y el mentalismo para emocionar, conectar y transmitir ideas.
¿Qué te gustaría que recordaran los espectadores del Teatro Escondido después de tu actuación?
Me gustaría que el espectador saliera del Teatro Escondido con la sensación de haber estado realmente presente durante una hora. Sin móvil, sin prisas, sin notificaciones y sin ese ruido constante que muchas veces nos roba la atención sin que nos demos cuenta. Vivimos en una época en la que estamos hiperconectados, pero no siempre conectados con lo que tenemos delante. Al final, la magia también sirve para eso; para detener el ruido, recuperar la atención, volver a soñar e incluso, recordarnos que todavía hay cosas capaces de sorprendernos de verdad.
Mirando al Christian Magritte que empezó con una caja de Magia Borrás, ¿qué le dirías desde tu posición actual?
Le diría que no tenga tanta prisa, porque una carrera se construye con años de trabajo, errores, dudas y decisiones difíciles. Y, sobre todo, que no se olvide de disfrutar del camino, porque muchas veces ahí también está la verdadera recompensa.