Hay que defender una concepción de la Historia como conocimiento racional y científico, claramente diferenciada de los relatos míticos, religiosos o puramente propagandísticos.
Frente a estas formas de explicación del pasado se reivindica una Historia basada en la verificación empírica, el análisis crítico y la lógica causal, centrada en las acciones humanas y no en fuerzas sobrenaturales o arbitrarias. De este modo, la Historia se presenta como un saber crítico, ajeno al dogmatismo y orientado a la comprensión racional de los procesos históricos.
La Historia científica no proporciona recetas infalibles para la acción ni permite anticipar el futuro con certeza. Su valor reside, más bien, en la capacidad de explicar el origen del presente, esclarecer cómo se han configurado las estructuras políticas, sociales y culturales actuales.
La experiencia histórica acumulada se convierte así en un instrumento fundamental para orientar la acción colectiva, al permitir evaluar decisiones presentes a la luz de procesos ya vividos, evitando actuaciones improvisadas o carentes de referencia.
La Historia cumple una función cívica y pedagógica esencial. El conocimiento del pasado no solo enriquece intelectualmente a los individuos, sino que resulta indispensable para el ejercicio responsable del poder y para la gestión de los asuntos públicos.
La referencia a la tradición clásica subraya la idea de que la Historia es concebida como una escuela de experiencia política que contribuye a formar gobernantes y ciudadanos más conscientes de las consecuencias de sus actos. Ningún político debería pisar ni el Parlamento ni el Senado sin haber pasado por la Facultad de Geografía e Historia. Porque es necesario.
Imaginar sociedades complejas sin conocimiento histórico pone de relieve, por contraste, su absoluta necesidad. La ausencia de conciencia histórica en las élites políticas conduciría a decisiones erráticas y potencialmente peligrosas, tanto en el ámbito interno como en las relaciones internacionales. Veamos el telediario. A ver si no es cierto lo que estamos mencionando.
En este sentido, la organización y preservación de los archivos, así como la formación de especialistas capaces de analizarlos, se presentan como indicadores del grado de desarrollo y madurez de los Estados contemporáneos.
La Historia es un saber racional, es verdaderamente una ciencia porque usa el método científico; y es socialmente útil, aunque tiende a establecer una separación muy tajante entre Historia científica y otros usos del pasado. Es útil porque aporta identidad, aporta conocimiento, ayuda al sujeto a comprenderse a sí mismo y a la civilización en la que se incardina.
Cabe matizar que incluso la historiografía más rigurosa puede verse condicionada por contextos ideológicos y marcos interpretativos, ya que verdaderamente el hombre es él y sus circunstancias y todo lo ve desde su punto de vista, en el mismo tiempo y en el mismo lugar, incluso en la misma estancia, el punto de vista de las personas es distintos porque está condicionado por su cultura, formación, capacidad intelectual, etc. Todo esto refuerza, paradójicamente, la necesidad permanente de una actitud crítica dentro de la propia disciplina histórica.