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Los nombres de nuestros antepasados. Malgeino. Grada 172. Julio Esteban Ortega

Los nombres de nuestros antepasados. Malgeino. Grada 172. Julio Esteban Ortega
Foto: Cedida
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Malgeino o Malceino es un nombre exclusivamente lusitano, que tiene algunas variantes como Malgeno-Malceno, Mailgeno o Maelgeino. Estos antropónimos son relativamente frecuentes en la parte occidental de la Península Ibérica.

La epigrafía romana de la zona constata estas formas del nombre, siendo Malgeino la más común en tierras extremeñas, documentada en inscripciones procedentes de las localidades cacereñas de Alcollarín, Montehermoso, Oliva de Plasencia y Torre de Don Miguel. En la provincia de Badajoz se documenta en Alange, Almendralejo y Mérida. Y, como Malceno, aparece en el municipio cacereño de Ibahernando. Pero es en tierras portuguesas donde este nombre aparece con más frecuencia, repartido por los distritos de Guarda, Viseu, Castelo Branco, Coimbra y Évora.

La inmensa mayoría de estas inscripciones de época romana que contienen las distintas variantes de este nombre se concentran en la parte centro occidental de la antigua provincia romana de Lusitania, coincidiendo con una línea que desde la antigua Turgalium (Trujillo) se extendería en dirección hacia tierras de Civitas Igaeditanorum (Idanha-a-Velha) y Conimbriga (Coimbra), pasando por Caurium (Coria) y Capera (Oliva de Plasencia).

Sobre la etimología de estos nombres los lingüistas no se ponen de acuerdo, y mientras unos consideran una raíz con significado de ‘quitar’, ‘limpiar’, otros le atribuyen un sentido de ‘hinchar’.

Como testimonio fehaciente de la existencia de este nombre milenario traemos a estas breves líneas material gráfico sobre una inscripción procedente de Torre de Don Miguel, municipio cacereño situado en el occidente de la Sierra de Gata. Se trata de una estela funeraria singular, que señalaba la sepultura de cuatro individuos: Tapilo, Tritio y Caturo, y nuestro Malgeino, nombres algunos de ellos que han sido objeto de estudio en números anteriores de esta revista. Los difuntos son homenajeados por un tal Cilo, siguiendo los deseos de Tapilo. Destaca la inscripción por su originalidad, pues la fórmula final que aparece en el texto, con el saludo que los difuntos hacen a los caminantes que se acercan a la sepultura, es un caso único en la epigrafía cacereña. Pero también habría que destacar la variedad de nombres lusitanos que aparecen documentados en la inscripción.

Nuevamente la Epigrafía sale al rescate de la antigua onomástica lusitana; sin su concierto, muchos de estos nombres se habrían perdido para siempre.

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