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Museo del Tesoro Real de Lisboa

Museo del Tesoro Real de Lisboa
Foto: Cedida
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Una de las grandes visitas museísticas, y más novedosas, en la capital portuguesa es su flamante Museo del Tesoro Real. Inaugurado en 2022, ubicado en el ala oeste del Palacio Nacional de Ajuda, ocupa tres plantas de esta zona palaciega, bajo una gran bóveda acorazada que lo protege (que en sí misma es un prodigio como obra de ingeniería y arquitectura), y alberga las joyas de la monarquía portuguesa. Una sede que, sin duda, guarda un gran valor simbólico e histórico, pues allí vivió la familia real antes de la proclamación de la República en 1910.

Un museo (organizado en 11 secciones temáticas) que se ha convertido en una de las mayores cajas fuertes del mundo por el inmenso e incalculable valor de lo que atesora. Oro y diamantes procedentes de Brasil (donde descubriremos pepitas de tamaños inimaginables), joyas de la monarquía portuguesa (en la actualidad, propiedad del Estado portugués), condecoraciones e insignias reales, regalos diplomáticos, artículos utilizados en ceremonias solemnes (cetros, coronas y mantos con piedras preciosas), piezas religiosas, una vajilla real completa para grandes eventos encargada al orfebre François-Thomas Germain, monedas, medallas, etc.

Más de mil piezas, algunas de las cuales son parte importante de la densa historia del país vecino. Todo ello presentado de manera didáctica y con el uso de las más modernas tecnologías. En cierta forma, un viaje por el pasado de Portugal a través de estas joyas y símbolos de poder.

Museo del Tesoro Real de Lisboa
Foto: Cedida

Impresiona, además del rico contenido, un continente totalmente blindado, donde apreciaremos unas gigantescas puertas de acceso de acero macizo, con un peso de cinco toneladas cada una. Lógicamente, se han convertido en fotografía obligada de cuantos visitan el museo. Como es de suponer, las medidas de seguridad para acceder son extremas.

Una cafetería, una tienda de recuerdos y una luminosa zona de descanso son el punto final de la visita y el espacio ideal para comentar, con un buen café en la mano, tan agradable e insólita experiencia.

En definitiva, un motivo más para escaparse a Lisboa.

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