Buscar

Naranjas y Oranges (I). Grada 165. Jesús Dorado

Naranjas y Oranges. Grada 165. Jesús Dorado
Léeme en 3 minutos

Hace mucho tiempo que coexisten dos tipos de vino que ahora, por cuestiones de moda, consumo, tendencia o llamémoslo como queramos, se vienen confundiendo por sus nombres.

Aunque realmente no tienen casi nada que ver, entre las cosas que sí tienen en común está la ‘naranja’, que es lo que más se presta a confusión, puesto que uno es el llamado ‘Orange Wine’ y el otro el Vino Naranja del Condado de Huelva.

Hablaremos del que sí está hecho con naranjas, el del Condado de Huelva, con tradición desde alrededor de la segunda mitad del siglo XIX.

Cuando digo que está hecho con naranjas no quiero decir que esté hecho de naranjas. La elaboración de este vino aromatizado consiste en obtener primero un vino blanco, como el verdejo que podríamos tener en mente, por ejemplo, pero con las variedades admitidas y más usadas en la zona, que son Zalema, Pedro Ximénez, Moscatel de Alejandría o Palomino fino.

Por otra parte tenemos ya hechos otros vinos a los que se ha separado el alcohol del resto de los componentes; se ha obtenido así un alcohol vínico y en él se han puesto a macerar pieles de naranja, para que le transfieran sus aromas. La obtención de todos estos productos, el tiempo de maceración y demás maniobras están regulados para asegurar unas cualidades organolépticas óptimas y una calidad contrastada.

Cuando se llega al punto deseado se separan estas pieles y tenemos dos productos; tras una edulcoración con mosto de uva se procede a la unión de aquel vino blanco que elaboramos al principio con este alcohol vínico aromatizado.

El vino aún no está terminado; pasa a una crianza en botas o bocoyes (si va por criaderas y soleras es como el que vimos en otra ocasión para los vinos generosos). Después de un mínimo de dos años el Vino Naranja del Condado de Huelva estaría listo para deleitarnos.

Pero, ¿a qué sabe? La vista, que suele ser nuestra primera ‘lengua’, nos dice que su color es naranja teja, ambarino o incluso caoba. El olfato nos disparará un claro recuerdo a naranja, aunque podemos encontrar notas cítricas en general, pero quedan en un plano más secundario los aromas que estamos acostumbrado a ver en un vino blanco habitual. Y una vez en la boca, encontramos un vino dulce, aterciopelado, con una sensación untuosa y un punto denso.

Lo primero que se nos puede venir a la cabeza es sumarlo a un queso no muy madurado, como cuando le ponemos unas gotas de mermelada para realzarlo con un contraste goloso y afrutado fresco. Como aperitivo bien frío puede ir genial también, o como postre; incluso se pueden ver opciones para mezclarlo con otras bebidas (que Huelva me perdone).

Ponle un hielo o sírvetelo como quieras, pero no te pierdas el colorido y frescor que da, ahora que se acerca la primavera. Para el que le guste este perfil de vinos y usos es una delicia, desde luego. ¡Salud!

ENTRADAS RELACIONADAS

Si pensamos que tenemos muchas opciones para elegir cuando nos ponemos delante de una carta de vinos, de una estantería...
Iniciativa para su reconocimiento como Bien de Interés Cultural Inmaterial (BICI) El habla tradicional de Malpartida de Plasencia, conocida como...
El Castillo de Alburquerque ha acogido la presentación de ‘Coloquio de invierno’, la nueva novela del escritor Luis Landero, en...
La residencia de mayores Lisardo Sánchez, situada en la carretera que une Badajoz con Valencia de Alcántara y que desde...
Fundación Caja Extremadura y Fundación Cajalmendralejo han presentado ‘Proyecto Extremadura’, una iniciativa que nace con el objetivo de contribuir al...
Hemos hablado ya en alguna ocasión de las diversas opciones para el cerramiento de una botella cuando la bodega embotella...

LO MÁS LEÍDO