Óliver Torres, nacido en Navalmoral de la Mata en 1994, pertenece a esa generación de futbolistas que crecieron con el balón como extensión natural del juego y de la vida. Formado en la cantera del Atlético de Madrid, su irrupción temprana en la élite dejó entrever a un centrocampista de talento fino, inteligencia táctica y una sensibilidad especial para interpretar el ritmo del juego. Con el paso de los años su carrera ha ido sumando experiencias en distintos contextos y exigencias, desde el fútbol español hasta su actual etapa en el CF Monterrey, construyendo un perfil maduro, versátil y profundamente competitivo.
Su trayectoria está marcada por la influencia de técnicos y proyectos que han sabido potenciar su mirada del fútbol, con Julen Lopetegui como una de las figuras clave en su desarrollo. Desde sus primeras convocatorias con la selección hasta sus etapas en el Oporto y el Sevilla, donde ganó dos veces la Europa League, Óliver Torres ha ido consolidando una identidad futbolística basada en el entendimiento del juego por encima del brillo individual. Un recorrido que habla de evolución constante, adaptación y aprendizaje, y que explica su capacidad para rendir en escenarios muy distintos.
Más allá del césped, el futbolista moralo mantiene un vínculo firme con sus raíces y con los valores que han acompañado su camino desde la infancia. La familia, el esfuerzo y el respeto aparecen como pilares de una forma de entender tanto el deporte como la vida. En un momento de plena madurez personal y profesional, Óliver Torres representa a ese jugador que, sin perder la esencia de sus orígenes, ha sabido crecer, cuestionarse y encontrar su lugar dentro y fuera del fútbol.

¿Qué recuerdos guardas de tu infancia en Navalmoral de la Mata y qué sigue significando para ti tu tierra?
Recuerdo una infancia muy feliz, siendo un niño muy callejero que pasaba mucho tiempo fuera de casa con los amigos, en mi barrio, en Navarrosa. Y tengo recuerdos con el balón siempre conmigo. Navalmoral para mí es como mi punto de conexión con la tierra, con mis amigos, con mi familia. Navalmoral es lo que me hace ser yo en todos los sentidos.
¿Qué valores aprendiste en tu entorno familiar que hoy siguen marcando tu forma de ser dentro y fuera del campo?
Por suerte he tenido una familia que ha sido siempre una red de apoyo muy importante. Creo que como soy yo y como somos mis hermanos es gracias a mis padres, que nos transmitieron valores como el esfuerzo y el sacrificio; entender que las cosas no llegan solas, que no siempre se puede tener todo, pero que si lo trabajas vas a estar más cerca de poder conseguirlo; y, sobre todo, nos transmitieron mucho cariño y mucho respeto.
Empezaste muy joven en el fútbol de élite; ¿cómo recuerdas aquellos inicios?
Ahora, ya más mayor, con otro tipo de conciencia, lo recuerdo como una época de momentos muy felices. Entonces iba todo muy rápido y quizás no era consciente de todo lo que estaba sucediendo; lo vivía desde la ilusión de un niño, pero ahora recuerdo que esos momentos fueron muy bonitos, tanto para mí como para mi familia. La posibilidad de ser profesional era un sueño, y al final fue la consecución de un trabajo y de un sacrificio que hicimos tanto a nivel personal como, sobre todo, mi familia.

¿Cómo ha evolucionado tu forma de entender el fútbol con los años?
Yo creo que ahora soy el mejor jugador posible, en el sentido de que todos los entrenadores con los que he trabajado, todos los compañeros con los que he compartido vestuario, todos los partidos que he podido jugar, me han ayudado a saber sacar mi mejor versión, a potenciar mis cualidades, y ahora siento que tengo una gran interpretación del juego y que puedo jugar en diferentes sistemas y con diferentes entrenadores, y eso es muy importante para mí porque ha sido fruto de un gran aprendizaje.
¿Qué entrenador ha marcado especialmente tu trayectoria?
Mi carrera no se entiende sin Julen Lopetegui. Con él me hice profesional por así decirlo, porque fue el que me llevó por primera vez a la Selección Española Sub18, lo cual me dio la oportunidad de tener cierta visibilidad. Además, cuando fue a entrenar al Oporto contó conmigo para su proyecto y, posteriormente, cuando fue a Sevilla también contó conmigo. He vivido muchas cosas con él, he podido ganar cosas con él y ha sido un entrenador fundamental en mi carrera.
¿Podrías elegir solo un momento clave en tu carrera? ¿Algún partido o instante que nunca olvidarás?
Es complicado, por suerte tengo muchos recuerdos muy bonitos y también algunos peores. Posiblemente sea la consecución de la segunda Europa League en Budapest, junto a mi familia; poder levantar ese título después de cómo había sido el año lo convierte en uno de los momentos más especiales que he vivido en mi carrera.

Ahora juegas en Monterrey. ¿Qué te ha llamado la atención al cambiar el fútbol español por el mexicano?
Cuando iba a salir de Sevilla porque terminaba mi contrato y tenía claro que no renovaría porque quería cambiar de vida, también sabía que quería jugar fuera de Europa, porque era importante salir de mi zona de confort y volver a experimentar y aprender, y ver lo diferente que es el fútbol en otro continente. Y la verdad es que lo que me he encontrado en México es espectacular, un fútbol con muchísimo talento, muchísima pasión, y equipos realmente grandes. Lo que más me ha llamado la atención es nuestro desconocimiento de lo que hay en otras partes del mundo, y lo que hay a nivel deportivo y a nivel vital en México es increíble.
¿Qué sientes cuando pisas el campo antes de un partido importante?
Se sienten muchas cosas. Lo que intento no perder nunca es sentir y darle valor a ese momento, no tratarlo como algo natural. Ser profesional es algo extraordinario, poder jugar partidos es algo extraordinario. Lo primero es intentar sentir que cada partido, sea cual sea, es importante, es bonito y es especial. También siento que tengo algo de miedo, pero no en sentido negativo, porque me hace estar alerta, me hace estar más concentrado, me hace entender la responsabilidad y la exigencia que conlleva mi profesión.
En torno a ese sentido de la responsabilidad, ¿cómo gestionas la presión mediática y las expectativas?
Ahora lo veo de manera diferente. Cuando era más joven me frustraba mucho, quizá por la ambición y las expectativas; ahora por suerte lo relativizo, aunque es verdad que la presión mediática, sobre todo en México, es también muy fuerte. Pero también hay que entender esa presión como algo positivo, porque me siento un privilegiado, y entiendo que es parte del entorno en el que me encuentro, del deporte que practico, de los sitios en los que me muevo, e intento que ese ruido no me afecte en lo deportivo, en lo vital; aunque a veces es cierto que no es fácil abstraerse de todo.
¿Qué importancia le das a la salud mental en el deporte profesional?
Creo que tiene una trascendencia vital, y diría que no se le da la importancia que se debería. Afortunadamente parece que esa tendencia está cambiando y que cuidamos más la salud mental, porque creo que la diferencia entre sentirte bien y poder rendir al máximo nivel está no tanto en lo físico sino en lo mental.
Johan Cruyff decía que jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es muy difícil. ¿Estás de acuerdo con esa idea?
Estoy de acuerdo. Me considero de esos jugadores que no hacen grandes cosas en el sentido de que no me gustan tanto los regates y soy más de control y pase; también suelo decir que lo más difícil es jugar fácil, y cuando estás en el día a día del fútbol se nota mucho. Es verdad que el fútbol actual es mucho más espectacular, y quizá no se valoren tanto esos detalles, pero a mí me gusta cuando veo un partido fijarme en cómo pasa un jugador el balón, cómo controla, cómo hace las coberturas, o cómo interpreta el juego. Creo que todo eso es lo que realmente tiene un gran valor en el fútbol, y actualmente puede que no se tenga tanto en cuenta.

¿Qué te gusta hacer cuando desconectas completamente del fútbol?
Me gusta mucho compartir tiempo con la gente, me gusta estar con mis amigos, me gusta ir al cine, me gusta hacer rutas por la montaña. Me gusta estar tranquilo, la verdad es que busco cierto sosiego, cosas que me hagan desconectar, cosas que me hagan sentir bien. No necesito grandes cosas, solo tener grandes personas a mi lado, en forma de familia o de amigos, porque eso me da paz.
¿Qué papel juega la amistad en tu vida, especialmente en una profesión tan exigente y con tantos cambios de residencia?
Aunque suene un poco frío la verdad es que entiendes desde muy pequeño que vas a ir dejando gente en el camino, aunque eso no significa que ya no estén en tu vida, sino que cambia su forma de estar en ella. Esto lo digo en el sentido de que, obviamente, si tuviera mucho apego emocional a mi familia, a mis amigos, a las personas, sería muy difícil para mí tomar según qué tipo de decisiones. Así que te haces un poco más frío desde ese punto de vista, y sabes que tienes una visión más allá de la amistad; estar lejos no significa que ya no son tus amigos, sino que están de otra forma, y así lo tengo en mi mente.
Cada vez que se produce un cambio en mi vida por las circunstancias que sean tengo la claridad de saber que tiene un sentido; y ese sentido me hace tener la tranquilidad de que estoy tomando la decisión correcta. Aunque en el camino, obviamente, pierdes contacto con tus amigos, para mí la amistad es fundamental, y de hecho mantengo a mis amigos de toda la vida. Por otro lado, en las diferentes ciudades en las que he vivido se han ido formando diferentes núcleos de amigos, y al final son los que hacen que mi día a día sea bueno.

¿Y en ese nivel de relaciones personales cómo sitúas a tu familia en el contexto de tu carrera deportiva?
Sin ninguna duda mi historia personal no se entiende sin mi familia. Yo no sería como soy si no fuera por los valores que representan mi familia, mis padres, mis hermanos; ellos lo representan todo.
¿Te planteas seguir ligado al fútbol en el futuro, como entrenador o directivo?
Como directivo quizás, y la dirección deportiva me gusta mucho. Es verdad que también tengo muchas inquietudes más allá del fútbol, así que no soy de los jugadores que quieran estar ligados al cien por cien al fútbol, o incluso que no tengan otra vía de escape aparte del fútbol. La verdad es que soy muy inquieto, y por ahora no tengo muy claro qué quiero hacer en el futuro.
¿Qué le dirías a ese Óliver Torres de 10 años que empezaba a jugar en Navalmoral?
Le diría que lo que un día fue una ilusión y un sueño pues ahora lo está viviendo. Espero que sirva, que esté orgulloso, porque lo estoy intentando hacer lo mejor posible por los dos; que intento seguir disfrutando desde sus ojos, y que el camino continúa.
¿Qué valores le enseñarías como fundamentales a un chico joven que te vea como referente?
Sobre todo le diría que el compañerismo es muy importante; pensar en los compañeros, pensar en personas como el entrenador; y, sobre todo, que lo más importante es disfrutar de todo esto, disfrutar del fútbol, del balón, disfrutar de estar con los compañeros, disfrutar de ganar, disfrutar de perder, disfrutar de todas las etapas de la vida, de todas las etapas del fútbol. Y que entienda que lo más difícil es asumir que no vas a llegar a ser jugador profesional, pero que no pasa nada, que no debe haber frustración, porque no se trata de un fracaso, solo de un proceso y un camino que se tiene que disfrutar.
¿Qué responsabilidad crees que tienen los padres en el desarrollo de un jugador de fútbol base?
Los padres son el entorno, o la red de seguridad, de cualquier niño, así que tienen una gran responsabilidad y deben ser una red segura en el sentido de que a los niños hay que dejarlos disfrutar, hay que dejarlos crecer, incluso hay que dejarlos equivocarse. Y obviamente hay que estar para apoyarles. Los padres, lógicamente, además de proteger a los hijos tiene que cuidarles, pero también tienen que exigirles en el sentido del sacrificio. Pero creo que, fundamentalmente, un niño debe encontrar en sus padres su zona de seguridad y un espacio donde sienta que está en casa.

¿Qué consejo le darías a un joven futbolista que sueña con llegar a la élite?
Que sueñe, sin duda, que siga soñando; que los sueños, trabajando, al final se pueden conseguir. Que lo intente, que yo un día también fui un soñador y lo conseguí.
Ya sea para llegar a la élite en el deporte, ya sea para hacer lo que quieras en tu vida, cuando tienes sueños, cuando tienes metas, cuando lo intentas, no significa tener la seguridad de que lo vayas a conseguir, pero estoy seguro de que, si sueñas en grande, por el camino te vas a encontrar cosas increíbles.
