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Pilar García Ceballos-Zúñiga. Liderazgo global al servicio de Extremadura

Pilar García Ceballos-Zúñiga. Liderazgo global al servicio de Extremadura
Foto: Cedida
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Pilar García Ceballos-Zúñiga ha construido una trayectoria poco habitual, en la que conviven la mirada estratégica de la alta dirección internacional y un compromiso cada vez más cercano con el territorio. Su recorrido, que parte de una formación jurídica y se proyecta hacia la transformación empresarial en entornos globales, encuentra hoy en Extremadura un espacio de retorno y de sentido.

Su perfil combina disciplina, curiosidad y una marcada vocación de servicio, forjada desde la infancia entre referencias familiares exigentes y experiencias personales que dejaron una temprana huella. Esa base se convierte en una forma de entender la responsabilidad que atraviesa tanto su paso por multinacionales como su actual papel al frente de Fundación Caja Extremadura y de la Asociación Española de Fundaciones.

Desde esa doble perspectiva, corporativa y social, impulsa iniciativas que pretenden conectar conocimiento, recursos y territorio. En un contexto de retos estructurales para Extremadura, su apuesta pasa por una filantropía más estratégica, capaz de generar impacto real y de articular respuestas compartidas a problemas complejos, con proyectos como ‘Proyecto Extremadura’ como eje de esa visión.

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Recordando sus primeros años, ¿qué paisajes, ciudades o entornos familiares sintetizan mejor su infancia y adolescencia?
Mis primeros años están ligados a Badajoz, a Jerez de los Caballeros donde están mis raíces, al paisaje de la dehesa extremeña que lo rodea, a sus torres, al colegio de las Josefinas donde estudié muchos años, y al colegio de los Maristas donde realicé mis estudios de COU.

¿Qué valores o rutinas de entonces siguen marcando su manera de entender la vida y el trabajo?
Mis valores y rutinas, que aún sigo manteniendo, son mi amor por mi familia, por los olores, costumbres y vivencias de mi infancia y de mi adolescencia, rodeada de mucho cariño y de muchas incertidumbres y curiosidades, y, sin duda, de la pérdida de mi padre cuando tenía 8 años, que nos marcó a todos de una forma importante.

¿Hubo en su familia, en su entorno cercano o en la educación, alguna figura que despertara en usted una inclinación por organizar, liderar o servir a los demás?
Mi padre era aviador militar y, a pesar de la poca relación que pude tener con él, por su pérdida tan temprana, creo que marcó mucho mi forma de entender la vida y la responsabilidad, el compromiso y servicio a los demás, y ha marcado todo lo que he realizado en la vida. Siempre he creído que esto, de alguna manera, está en los genes.

Por otro lado, mi madre siempre nos inculcó a los cinco hermanos la necesidad de estudiar, prepararse y ser independientes en todos los sentidos, profesional y personalmente. Era su obsesión, que no fuéramos dependientes.

Y, por último, mis abuelos y mi tío abuelo Joaquín nos ayudaron a creer en nosotros mismos, a conocer nuestras debilidades y fortalezas; y recuerdo, en particular, una frase de mi abuelo: “la suerte no es casualidad, hay que buscarla” nos decía. Todo esto ha marcado mucho mi vida, además del apoyo y empuje que recibí de mis profesores en distintas etapas, que vieron en mí cualidades de las que yo no era consciente.

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¿Cómo surgió la decisión de estudiar Derecho en Madrid y qué idea tenía sobre su futuro?
Fue claramente un camino que fui descubriendo sobre la marcha; estudié Derecho y eso me dio una base de conocimiento muy rica en cuanto a la forma de plantear problemas y encontrar soluciones; aprendí de las prácticas antiguas como la del Derecho Romano, que, curiosamente, siguen siendo de actualidad. Llegué por casualidad a realizar estos estudios, pero me dieron una visión muy enriquecedora en muchos aspectos.

Su formación en Derecho y MBA le condujo a una carrera marcada por la tecnología y la dirección global hasta llegar a IBM. ¿Cómo se fue construyendo ese puente entre el aula y la alta dirección en una multinacional?
Tengo una amiga que dice que soy jurista de formación pero ingeniera de profesión. Me gusta oírselo decir porque, en realidad, nunca he ejercido mi formación jurídica directamente, pero sí considero que me ha ayudado mucho, junto con la curiosidad y el deseo de marcarme nuevos retos, de asumir nuevas responsabilidades en España y fuera de nuestro país. El área comercial, los procesos de transformación internos y de nuestros clientes me han exigido un proceso de continua formación que me ha ido llevando a puestos de alta dirección en un entorno internacional que me apasionaba.

¿Cómo se fraguó la transición de la alta dirección empresarial hacia la presidencia de Fundación Caja Extremadura? ¿Fue un cambio progresivo, una decisión muy meditada o más bien una especie de ‘llamada’ que llegó desde fuera?
Claramente fue una llamada. Siempre he creído que había tenido unas oportunidades extraordinarias fuera de Extremadura, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Y también tenía el anhelo de poder devolver a Extremadura algo de lo que había aprendido, experimentado y desarrollado a lo largo de mi vida profesional. Me sentía en deuda con mi tierra. Fundación Caja Extremadura me dio esa oportunidad y, además, rodeada de un equipo extraordinario que estaba en pleno proceso de transformación y que me apoyó desde el primer día.

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¿Qué sorpresas encontró en el mundo de la acción social después de tantos años en la dirección corporativa internacional?
Fue un auténtico descubrimiento desde el punto de vista humano y de conocimiento de una realidad ajena a mí. Todo era nuevo para mí, me acerqué a realidades que no conocía, vi oportunidades de hacer las cosas de otra manera, y que podía lograr lo que llevaba buscando mucho tiempo, aportar mi experiencia de gestión, de transformación y de innovación a un sector que, en aquel momento, y aún hoy, lo necesitaba.

A lo largo de estos años he aprendido mucho de la filantropía y de las necesidades de colectivos, pero también he sido testigo de la contribución tan magnifica y, a veces, callada de las fundaciones.

¿Qué aprendizaje de aquellos puestos de responsabilidad en el sector privado aplica hoy en la gestión de una fundación, donde el ‘balance’ ya no es solo económico?
El balance, efectivamente, no es solo económico, pero hay un concepto que creo que es muy importante, el impacto real y positivo en la vida de los extremeños, que podemos producir desde nuestra Fundación y ahora desde nuestro ‘Proyecto Extremadura’.

¿Qué ha tenido que reinterpretar o incluso desaprender al trasladarse a la esfera social, cuando el foco deja de ser la rentabilidad corporativa y pasa a ser el impacto en personas y comunidades?
No creo que haya que renunciar a nada de lo aprendido y sobre todo experimentado. Todo enriquece, son puntos de vista diferentes y en la diversidad de experiencias está la riqueza. Lo que cambian son los parámetros finales, el objetivo de la organización que se dirige o preside, pero las formas de hacer las cosas, si son profesionales y si están bien hechas con las mejores prácticas de buen gobierno, de transparencia y con honestidad, son igualmente válidas.

¿Qué ha supuesto, a nivel personal, el paso de generar valor para accionistas a medir el impacto en comunidades, personas en riesgo de exclusión o proyectos culturales de raíz local?
Yo sigo en ambos ámbitos profesionales, en consejos de administración de dos empresas, Amadeus y Renta4, donde no solo generamos valor para los accionistas, sino para los empleados, nuestros clientes y el ecosistema de las empresas. Y, en el sector fundacional buscamos todo el valor que podamos aportar a los beneficiarios de cada una de nuestras actividades y, por supuesto, a nuestro equipo y a los colaboradores, reportando siempre a nuestro órgano de gobierno, el Patronato. En las fundaciones, en definitiva, buscamos el bien de interés general y lo buscamos de forma diaria y exhaustiva.

También es presidenta de la Asociación Española de Fundaciones. ¿Cómo se compaginan ambas responsabilidades? ¿Se refuerzan, se complementan o responden a dos mundos muy distintos que exigen lenguajes y estrategias diferentes?
Se refuerzan, sin duda. Yo soy presidenta de la Asociación Española de Fundaciones por ser presidenta de Fundación Caja Extremadura y por la labor de transformación e innovación que ha realizado en los últimos años. Somos una referencia como fundación en un territorio y por ello se solicitó nuestra candidatura a la presidencia de la Asociación. En estos últimos años, y precisamente por mi procedencia, nos marcamos como uno de los objetivos prioritarios afianzar la presencia de la Asociación Española de Fundaciones en las distintas comunidades autónomas, considerando sus sensibilidades y fomentando la cohesión social y territorial.

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La Asociación Española de Fundaciones representa a entidades muy diversas, desde grandes corporaciones hasta pequeñas iniciativas locales. ¿Qué retos afronta el sector fundacional en España y qué papel debe jugar la Asociación para superarlos?
Los retos más importantes a los que nos enfrentamos en la Asociación, y por tanto en las fundaciones que representamos, son varios. La sostenibilidad financiera de muchas de ellas, la transformación tecnológica y la adopción de la inteligencia artificial en el modo de hacer nuestras tareas; también la atracción y retención del talento, la colaboración entre fundaciones y con otros actores del ecosistema; y, desde luego, seguir aprendiendo y estar en contacto continuo con la realidad demográfica, geopolítica y económica que nos rodea. Tenemos que enfrentarnos a nuevas vulnerabilidades que surgen y seguir reforzando la inmensa contribución a la vida cultural, educativa y social.

Mirando a Extremadura, ¿cómo analiza su contexto social desde la mirada de una entidad con capacidad de impulsar proyectos e inversión social? ¿Qué riesgos y qué oportunidades destacaría?
Extremadura es una región con una gran riqueza y un fuerte sentido de comunidad, pero también con retos estructurales muy definidos, como la dispersión territorial, el envejecimiento de la población y la despoblación en muchas zonas rurales. Como explicamos cuando presentamos ‘Proyecto Extremadura’, entendemos estos desafíos no solo como riesgos, sino también como un punto de partida para actuar con mayor impacto.

Hablamos de problemas de salud mental, de brecha educativa y de capacitación tecnológica, de fuga de talento y desempleo juvenil, de despoblación rural, envejecimiento de población y de vulnerabilidad social. Y el principal riesgo sería no intervenir de forma coordinada y estratégica. Pero, al mismo tiempo, vemos grandes oportunidades. Hay mucha capacidad de innovar en lo social desde lo local, el potencial del tercer sector, el talento joven que quiere quedarse y transformar su entorno…

Desde Fundación Caja Extremadura y Fundación Cajalmendralejo creemos, firmemente, que la inversión social bien orientada puede ser un motor de cambio real, especialmente cuando se basa en el conocimiento del territorio y en la colaboración.

¿Qué objetivo persigue ‘Proyecto Extremadura’: es más un laboratorio de innovación social, un instrumento de cohesión territorial o un vehículo para alinear el sector social con la acción pública y privada en la región?
‘Proyecto Extremadura’ nace precisamente con la vocación de ser todo eso a la vez. No responde a una única categoría, sino a una visión global. Nuestro objetivo, el de ambas fundaciones, es identificar y apoyar iniciativas que aporten soluciones nuevas a retos complejos. Entendemos que los grandes retos de Extremadura no se pueden abordar desde una sola perspectiva, sino desde la suma de esfuerzos, conocimiento y recursos. Pretendemos generar un impacto real, medible y sostenible en el tiempo. Que los proyectos no se queden en ideas, sino que se traduzcan en oportunidades, en desarrollo y en mejora de la calidad de vida de los extremeños y extremeñas.

Pilar García Ceballos-Zúñiga. Liderazgo global al servicio de Extremadura
A la izquierda, con su hija y su marido. A la derecha, con su madre, hermanas y cuñada. Fotos: Cedidas

¿Qué hábito, ritual o espacio personal le permite reconectar consigo misma y con la realidad cotidiana de las personas, más allá de cargos y comités?
Extremadura, nuestra casa familiar, estar junto a mi madre aunque la conversación ya no sea tan fluida, mi familia en el sentido más amplio, mi marido, mi hija, mis hermanos, cuñados, sobrinos y mis amigos me hacen conectar con mi esencia. Pero también disfruto mucho del contacto con personas de toda índole. Las fundaciones me han dado la oportunidad de valorar la gran labor que hacen miles de personas, en este país, por mejorar la vida de otras personas, y de ver la realidad que existe en nuestra sociedad. Es muy emocionante.

Fuera del trabajo, ¿qué le apasiona de la vida? ¿Qué curiosidad, afición o inquietud alimenta su tiempo libre?
Pues sigo sintiendo curiosidad por tantas cosas, me apasiona el arte y sobre todo el arte contemporáneo, que era un gran desconocido para mi hasta que lo he conocido más en profundidad desde nuestra Fundación Caja Extremadura y nuestros programas de formación, talleres, convocatorias de premios. He tenido la oportunidad de conocer a muchos de los artistas y entender qué nos quieren transmitir a través de sus obras.
También en cuanto puedo viajo; viajar ha sido siempre mi gran afición, por España y el extranjero. Me encanta conocer culturas, costumbres y países diferentes. Y, sin duda, mi gran pasión son las fiestas, la Semana Santa de Jerez de los Caballeros, los veranos en familia en Cádiz, y con amigos, esas puestas de sol, esos momentos de buena charla y buenas comidas.

¿Cómo se imagina Fundación Caja Extremadura dentro de diez años? ¿Qué tipo de legado, más allá de los resultados, le gustaría que quedara de su gestión?
Me gustaría que dentro de diez años Fundación Caja Extremadura fuera reconocida como una entidad que ha sabido escuchar, anticiparse y actuar con responsabilidad y cercanía. Una fundación útil, conectada con la realidad de la región y capaz de generar alianzas sólidas para dar respuesta a los grandes retos sociales.

Hemos recorrido un camino de transformación, pasando de un modelo tradicional de obra social a una filantropía transformadora, con estrategia definida, líneas de actuación claras y un patronato implicado directamente en la actividad. Esta profesionalización nos ha permitido desarrollar programas que generan cambios estructurales y sostenibles en la sociedad, centrados en tres ámbitos de actuación: social, cultural y de emprendimiento, que incorporamos como una nueva línea de atención a partir de esa nueva estrategia en la que comenzamos a trabajar en 2016. Y, desde comienzos de 2026, iniciamos con Fundación Cajalmendralejo ‘Proyecto Extremadura’, el mayor proyecto fundacional de la región.

Más allá de los resultados cuantitativos, el verdadero legado debe estar en la huella que dejamos: en haber contribuido a fortalecer el tejido social, en haber impulsado oportunidades donde antes no las había y en haber generado confianza; confianza en que las cosas pueden hacerse de otra manera. De todo, me siento profundamente orgullosa.

Pilar García Ceballos-Zúñiga. Liderazgo global al servicio de Extremadura
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En concreto para ‘Proyecto Extremadura’, ¿qué modelo de intervención social vislumbra en el medio plazo? ¿Qué querría que representara esta iniciativa dentro de cinco o diez años?
‘Proyecto Extremadura’ aspira a consolidarse como una iniciativa basada en la colaboración, la innovación y el impacto real. En el medio plazo lo imaginamos como una iniciativa capaz de identificar necesidades, activar soluciones y acompañar proyectos con vocación transformadora.

Entre las principales acciones que ya estamos impulsando se encuentra el desarrollo de un hospital conductual en Almendralejo, centro de referencia regional, especializado en la atención a jóvenes y personas con discapacidad con trastornos de conducta o problemas de salud mental, con el que abrimos una nueva línea de trabajo vinculada a la salud mental, una de las cuestiones que más preocupa socialmente y no abordada anteriormente por ninguna de las dos fundaciones.

También existen programas de apoyo al tercer sector; proyectos culturales de proyección nacional e internacional, como programas de formación en distintas disciplinas y nuestra presencia en la Feria ARCOmadrid; iniciativas para impulsar la investigación científica; programas de becas de movilidad para jóvenes investigadores, y otros destinados a fomentar el talento joven, especialmente en ámbitos como las vocaciones STEM.

A largo plazo nos gustaría que ‘Proyecto Extremadura’ fuera un modelo replicable no solo en la región sino también fuera de ella, porque nos consta que ya está siendo referencia. Que se identifique como un modelo eficaz de la forma de abordar los retos sociales desde la cooperación y la inteligencia colectiva. Y, sobre todo, que represente una idea muy clara: que cuando se alinean recursos, conocimiento y compromiso, es posible generar cambios reales y duraderos en la vida de las personas. Como dice el lema de ‘Proyecto Extremadura’ “el legado que dejamos, el futuro que construimos”.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los jóvenes profesionales que dudan entre el mundo corporativo y el social, para que perciban que ambas esferas no solo son compatibles, sino necesarias para la sociedad?
Hoy no podemos concebir el mundo corporativo sin entender la responsabilidad social que tienen nuestras empresas, como decía antes; su contribución al bienestar y a la riqueza de los ciudadanos, de sus clientes, empleados, y a la sociedad donde desarrollan su actividad. Y, por otro lado, los profesionales del ámbito social deben tener una formación en gestión, tecnología y buen gobierno equivalente a la que existe en las empresas. Por tanto, ambas esferas no solo son compatibles, sino que sería necesario que los profesionales tuvieran ambas experiencias para mejorar su contribución al mundo corporativo y social.

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