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Música y Conservatorio

Música y Conservatorio
Foto: Unsplash. Paige Cody
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Cuando una persona, especialmente un niño, comienza a estudiar música, suele ser porque se ha conmovido de alguna manera con el hecho musical y desea o necesita experimentar las emociones y vivencias que la música le despierta cada vez más y cada vez con mayor profundidad. El niño anhela la experiencia, la vivencia, la emoción.

¿Qué ocurre en las clases de instrumento que casi no se dispone de energía y tiempo para trabajar lo emocional de una obra? ¿Cuánto tiempo, de 10 o 15 años de estudio, se destinó a trabajar el aspecto técnico y cuánto a profundizar la conexión emocional con las obras que se han estudiado? ¿Dónde ha quedado aquel primer deseo o necesidad del niño que anhelaba conmoverse? Creemos que, si estudiamos exhaustivamente la técnica, lo emocional aparecerá luego. ¿Cómo puede aparecer algo que no se ha trabajado? ¿O acaso es posible que, por ejemplo, la claridad en las escalas aparezca si nunca hacemos escalas en nuestro estudio cotidiano?

Este olvido sistemático del aspecto emocional de la obra y del músico, que suele estar en la base de la mayoría de las clases de instrumento, tanto a nivel público como a nivel privado, se halla en la base de todo displacer en el escenario, más allá de que el músico sea exitoso o no: miedo escénico, aburrimiento, pérdida de sentido de la actividad musical…

Cuando solo nos centramos en la técnica y olvidamos lo emocional no podemos evitar correr de un lado a otro buscando logros profesionales. Buscamos prestigio y reconocimiento, buscamos admiración y un estatus musical alto. Muchas veces no lo alcanzamos y creemos que nuestra sensación de frustración tiene que ver con no haberlo alcanzado; sin embargo, cuando ganamos un concurso, cuando obtenemos el puesto deseado o somos admirados, después del primer momento de euforia, al quedar solos frente a nosotros mismos, nos damos cuenta de que algo no ha ocurrido. Quizá somos músicos exitosos, quizá tenemos prestigio y reconocimiento, quizá parece que tenemos lo que hemos deseado y por lo que hemos luchado. Sin embargo, algo no está justo donde pensábamos que debería estar: aquella primera experiencia emocional, aquella vivencia por la cual comenzamos a estudiar música, por la cual somos músicos. Aquella primera sensación que, cuando niños, experimentábamos simplemente con el hecho sonoro, ignorantes de puestos, premios y distinciones. ¿Dónde ha quedado aquella experiencia, aquella profunda conmoción y fascinación por el hecho musical? ¿Por qué si ahora poseemos tantos más elementos técnicos nuestra emoción ha quedado tanto más atrás?

Vivamos la primavera con las emociones y el recuerdo de las vivencias de nuestra niñez; de esa forma la disfrutaremos de una manera especial y única.

Pedro Monty
Músico y educador

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