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¿Qué han hecho los romanos por nosotros? La posca

¿Qué han hecho los romanos por nosotros? La posca
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Si pensamos que tenemos muchas opciones para elegir cuando nos ponemos delante de una carta de vinos, de una estantería de supermercado o de una tienda web, no creamos que es algo nuevo. Siempre han existido tantas elaboraciones y posteriores mezclas como formas de jugar al parchís.

Parafraseando en el título a la genial película de los Monty Python, empezamos una serie que recuerde algunos productos que se agarran a las raíces de nuestra cultura. Nos trasladamos a la época romana, de la que tendemos a pensar en esas copas rebosando vistosos vinos tintos que aparentan opulencia y calidad. Las películas y el imaginario popular nos los han dibujado como unos disfrutones que disponían de unos jugos propios de los dioses en sus copas, pero escuchando a Columella, Apiano, Josefo y compañía nos podremos hacer otra idea. Esta gente debía beber, en su mayor parte, auténticas porquerías; muy ‘top’ para la época, pero porquerías. Si bien es cierto que hicieron acopio de la sabiduría de culturas anteriores y de los pueblos que iban conquistando, y que fueron unos cracks de la implantación e industrialización de todo eso, también es cierto que les quedaba mucho por mejorar. Ellos comenzaron a ‘hablar’ del vino además de consumirlo, es decir, a preocuparse por las añadas, por la metodología para elaborar… A ellos debemos en parte la zonificación para establecer viñedos a lo largo de las márgenes de ciertos ríos europeos, o para saber dónde no se podía plantar nada más porque no agarraba.

Pero, como siempre ha ocurrido, el producto de mayor calidad y exclusividad no estaba al alcance de la vida diaria ni del consumidor más llano. A esto hay que sumarle que no era muy seguro consumir agua, siendo preferible hidratarse mediante otro tipo de bebidas que por su contenido alcohólico o por su grado de acidez podía asegurar que no te iba a liar una juerga de salud.

En este punto llegamos a una bebida que formaba parte de la más pura cotidianidad, la posca, una especie de vinagre que podía estar compuesto por un vino de mala calidad, avinagrado, mezclado con agua y con hierbas que taparan la parte difícil de su sabor y aroma. Era una bebida de más barata obtención, con algunas propiedades energéticas y antisépticas que, además de asegurar su buen estado, podrían ayudar con infecciones del tracto digestivo.

Es más conocida por ser la bebida más consumida por los legionarios en sus campañas. Imaginaos ir por ahí, soportando largas y duras marchas y tener que beber de cualquier río o charca que vete tú a saber; pero la realidad es que también era consumida de forma muy popular en la urbe, a pesar de que una de las cosas que los romanos tenían como algo primordial era el abastecimiento de agua desde puntos de recogida en principio abundantes y sanos mediante todo el sistema de acueductos y fuentes públicas que caracterizaba sus ciudades.

El vino, y en este caso la posca, también marcaba una diferenciación económica, cultural, que ayudaba a mantener engrasado el sistema social, como ocurre con tantos otros productos que tienen ese lado funcional también incluso hoy en día. ¡Salud!

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