Hoy nace ‘Territorio humano’, una nueva sección donde voy a compartir reflexiones sobre desarrollo personal y liderazgo, desde algo muy concreto: más de 27 años acompañando a equipos.
En ese tiempo he visto patrones que se repiten una y otra vez. Situaciones, decisiones y comportamientos que pasan desapercibidos en el día a día, pero que marcan la diferencia entre avanzar o estancarse.
Aquí voy a poner sobre la mesa todo eso.
Sin teorías vacías.
Desde la experiencia real.
Si decides entrar no vas a encontrar frases hechas. Vas a encontrar ideas que incomodan, que hacen pensar y que obligan a mirarse por dentro.
Porque liderar no es solo dirigir equipos. También es entenderse a uno mismo.
¿Estás ciego o qué?
No se trata de ver, se trata de estar atento.
La ceguera es, sin duda, comenzar el partido perdiendo ¡o quizás no!
Me puede tocar perder la vista, o quien sabe, te puede tocar a ti.
Hay quien es ciego de nacimiento o la vida o alguna circunstancia te puede jugar una mala pasada.
No debemos lamentarnos, aunque sea algo normal. Es duro, sí, pero no te quedes ahí, hay mucho más.
Hay personas que no ven y se sienten afectadas por la naturaleza y otras que avanzan a un ritmo imparable. No se dejan atropellar y rompen barreras inimaginables. Seguro que conoces a alguien así.
En muchas ocasiones tienes delante personas con un talento tremendo, con unas conversaciones envidiables y una oportunidad de aprendizaje descomunal. No poder ver a este tipo de personas es como perder puntos en un examen; sabes algunas preguntas, pero otras no. Escucho, pero no puedo verlo.
En otras circunstancias no son personas, son momentos. Me gusta la playa, me gusta el mar y adoro el sonido que emiten las olas al romper. Me gustaría poder observar estos momentos con admiración. Ver la naturaleza viva debe ser una maravilla. Pasa el tiempo, las olas siguen rompiendo, sé que algo me estoy perdiendo.
No sé si se trata de verlo todo o no ver nada. Pero, para mí, la ceguera es una desventaja frente a otras personas que no la sufren.
Siento que no aprovecho el cien por cien de las personas: puedo tocar sus rasgos, pero no voy por ahí tocándole la cara a todo el mundo. No puedo observar su comunicación no verbal. No aprecio si tiene estilo o no, en fin… la vida ocurre. La vida sigue su curso.
La inconsciencia de los detalles me fastidia. Hay tantas cosas a nuestro alrededor, hay tantos mensajes escondidos, tantos colores, que por mucho que abra los ojos no logro ver ninguna de ellas; ¿será falta de concentración? Quizá.
Y sí, estar ciego es un fastidio. No ver es injusto frente a otros que sí tienen esa posibilidad. Que haya luces y sombras que pasen por tu retina y no lo vivas es jodido.
Ahora piensa: No estás ciego, es que no estás poniendo de tu parte. ¡Ah! ¿Que pensabas que hablaba de un invidente? ¡No! No estoy hablando de personas invidentes. Hablo de personas que no quieren ver. Hablo de miles y miles de personas que van por la vida sin mirar.
En cuántas ocasiones vamos con personas que ven muchas más cosas que tú: “¿Te fijaste en aquel pájaro?” No, tú vas haciendo scroll en tu smartphone.
Dices que te encanta estar sentado frente al mar, ver y escuchar las olas. Puedes poner tu cara en la dirección adecuada, pero si tu cabeza no está en ‘modo disfrute’ nunca verás nada.
Hablando de personas: tienes suerte de verlas, de observarlas, de sentirlas. Apreciar los gestos y todo lo que dice su cuerpo sin hablar. Si tienes los ojos abiertos, verás que cada persona es especial. Hay tantas personas especiales, hay tanto talento ahí afuera que si fuéramos caza recompensas te aseguro que seríamos multimillonarios.
El talento no tiene un cartel de ‘WANTED’ pegado en cada farola, porque, si fuera así, todos tendríamos los escáneres al cien por cien de batería y el lazo preparado.
El talento: si miras bien, lo encontrarás. Puedes tener a tu lado a una persona con grandes cualidades, debes tener el radar encendido. Es increíble cuando ves y detectas a una persona talentosa. Eso sí, si estás cegado mirándote a ti, o quizás en alguna tarea pasajera que dentro de unos meses habrás olvidado, te perderás lo mejor de los demás.
No te pierdas la observación, los gestos, las miradas cómplices, los guiños y algún que otro bostezo. Deja de mirar tus emails en los momentos de escucha. Disfruta del espectáculo en vez de estar atento en grabarlo para nunca más reproducirlo. Cierra tus ojos y siente la música: eso también es ver.
Si te comparas con una persona invidente es posible que pienses en tu fortuna, menos mal que no te ha pasado a ti. Pero andas por la calle ciego inconsciente. Fíjate en las señales. Es posible que te estés cruzando con el amor de tu vida, pero tus pensamientos pasajeros te lo impiden.
Tus preocupaciones nunca se cumplirán. “El noventa y cinco por ciento de las cosas que nos preocupan nunca ocurren”.
Mañana tendrás un flashback y te darás cuenta de que no apreciaste suficiente los regalos que la vida y la naturaleza puso delante de ti, mientras que tú decidiste apagar tu vista.
No solo es ciego el que no ve, hay ciegos de mente que cierran sus ojos abiertos.
Hay ciegos de nacimiento que saben ver mejor que muchas personas que pueden tener la vista perfecta, con cero por ciento de presbicia.
No hablo de invidentes, hablo de estar despierto. ¡Abre tus ojos!
