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Javier Zentro publica la novela ‘Desmontando a Cupido. Camino hacia el amor propio y las relaciones sanas’

Javier Zentro publica la novela ‘Desmontando a Cupido. Camino hacia el amor propio y las relaciones sanas’
Foto: Cedida
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El autor y terapeuta integrativo placentino Javier Zentro acaba de publicar ‘Desmontando a Cupido. Camino hacia el amor propio y las relaciones sanas’, una obra autoeditada que inaugura la trilogía ‘Emociones’.

Se trata de una obra que combina ficción narrativa y ejercicios prácticos en una propuesta que el autor define como “ficción terapéutica”. Sigue la historia de seis personajes que atraviesan distintas situaciones vinculadas a las relaciones que apagan, el control coercitivo, las cinco heridas tempranas, el duelo relacional y la reconstrucción del centro de gravedad emocional, aunque desde un planteamiento literario y divulgativo alejado del manual técnico.

La narración se articula en torno a un taller celebrado en un pueblo de Cáceres, donde los protagonistas coinciden durante las cuatro estaciones del año mientras afrontan preguntas relacionadas con los vínculos personales y los patrones emocionales que arrastran desde hace años.

Se trata de un proyecto surgido de la experiencia profesional y su objetivo es trasladar al lenguaje literario cuestiones relacionadas con las relaciones humanas, el apego y la memoria emocional. La publicación incluye además un cuaderno de trabajo final con 28 ejercicios autoaplicables distribuidos en cuatro bloques temáticos.

Javier Zentro dirige actualmente el Centro Natural Área Zentro y el Instituto Área Zentro, ambos en Plasencia, donde desarrolla labores de acompañamiento y formación vinculadas al bienestar integrativo. ‘Desmontando a Cupido. Camino hacia el amor propio y las relaciones sanas’ supone su debut editorial y el primer volumen de una trilogía centrada en la relación entre cuerpo, emoción y vínculo.

 


Hemos tenido la oportunidad de hablar con él para que nos cuente un poco más sobre su novela.

Después de 25 años de experiencia profesional ¿qué le lleva a dar el paso de convertir ese recorrido en una novela?
Llevo 25 años viendo entrar por la puerta de la consulta a personas que decían venir por una cervical bloqueada, un insomnio que no cedía o una digestión que se torcía sin motivo. Y casi siempre, debajo de aquel síntoma, había un vínculo. Alguien a quien todavía estaban queriendo desde el cuerpo aunque la cabeza ya hubiera firmado la paz, o situaciones pasadas de su vida a las que no estaban dispuestos a renunciar.

Durante años eso lo conté en sesión, de uno en uno. Pero hay algo que una consulta, un ensayo o una charla no consiguen: que alguien se reconozca sin sentirse señalado. Un dato científico informa; una historia te deja verte sin defenderte. Por eso elegí la novela. Quería que alguien pudiera leer la escena de Mara llorando en el suelo del baño mientras le dicen “te quiero” desde el otro lado de la puerta, y pensar “esto me ha pasado a mí”, antes de tener que ponerle nombre.

No quería escribir un manual. Quería escribir lo que tantas veces he visto y no se nombra. La novela me permitía llegar a quien nunca pisaría una consulta, pero sí abre un libro de tapas rojas en su mesilla.

¿Por qué decide utilizar la ficción para abordar cuestiones como las relaciones que desgastan, el control coercitivo, las heridas emocionales tempranas o el duelo afectivo?
Porque estos temas tienen un problema: cuando se explican de frente la persona que está dentro de la relación no se da por aludida. El control coercitivo no se ve mientras ocurre. No deja moratón. Se construye con detalles que, por separado, parecen amor: la atención excesiva del principio, los celos disfrazados de cuidado, la duda que te van metiendo sobre tu propia memoria.

Si yo escribo “esto es una relación que te está haciendo daño”, la lectora que lo está viviendo cierra el libro. Si en cambio acompaña a Marcos, que después de tres años sigue pidiendo perdón a una persona que le miente, lo entiende desde dentro, sin que nadie se lo diga.

La ficción, además, respeta algo que en la consulta es sagrado: la dignidad. No hay un experto explicando lo que la persona hizo mal. Hay seis vidas. El lector saca sus propias conclusiones a su ritmo. La materia es seria (las cinco heridas tempranas, el apego, el duelo relacional, todo con base en autores como Bessel van der Kolk o Peter Levine), pero el vehículo es una historia. Y una historia, cuando está bien hecha, llega a sitios donde el consejo rebota.

El libro reúne a seis personajes muy distintos. ¿Qué buscaba reflejar a través de esas historias cruzadas?
Quería romper la idea de que esto les pasa a “cierto tipo de personas”. Por eso son seis vidas que por fuera parecen ir bien: Mara, que se deshace en un baño; Marcos, que pide perdón por todo; Lucía, que lleva 12 años cumpliendo; Carmen, que un domingo de febrero no consigue salir de la cama; Daniel, que se mira en el espejo de un hotel y no se reconoce; y Diana, que cuenta los días desde la última vez que comió.

No se conocen. Vienen de mundos distintos. Pero los seis comparten lo mismo: un cuerpo que lleva tiempo guardando lo que la cabeza no termina de procesar. Y todos llegan, sin buscarlo, al mismo taller, cerca de un parque, para hacerse en voz alta la pregunta que recorre todo el libro: “¿Esto es normal?”; y para darse cuenta de que muchas veces problemas distintos son más parecidos de lo que nos podemos imaginar.

Las historias se cruzan porque el daño relacional también se cruza: la herida de uno explica la trampa del otro. Quería que el lector se reconociera en más de un personaje, no en uno solo. Que viera que el hombre también puede quedar atrapado en ese daño, que la persona competente y resolutiva también se ahoga, que esto no entiende de género ni de currículum. Seis puertas distintas a la misma habitación.

La obra se desarrolla a lo largo de las cuatro estaciones. ¿Qué papel juega esa estructura en la evolución emocional de los personajes?
Las estaciones no son un adorno; son el mapa del proceso. El libro empieza en invierno, que es donde casi nadie quiere mirar: lo que no sabes que no sabes, cómo te enganchas a quien te hace daño sin darte cuenta. Es la fase del frío, de la negación.

Luego llega la primavera, el clic: reconocer el patrón, ponerle nombre a las cinco heridas, atravesar la noche oscura que viene justo después de entender. Entender duele antes de aliviar.

El verano es la reconstrucción: recuperar la voz, volver a poner los pies en el suelo, lo que en el libro llamo la raíz y la red. Y el otoño es soltar sin olvidar: el cierre del duelo, que es la parte que casi todos los libros del género se saltan con un “perdona y pasa página”. Yo le dedico una cuarta parte entera, porque si ese duelo no se hace bien el siguiente vínculo se construye otra vez desde la herida.

La naturaleza no salta del invierno al verano. Las personas tampoco. Esa estructura le da al lector permiso para ir despacio, para no exigirse estar bien antes de tiempo.

Javier Zentro publica la novela ‘Desmontando a Cupido. Camino hacia el amor propio y las relaciones sanas’¿Qué dificultades encontró al transformar experiencias y patrones reales en ficción narrativa?
La primera y más importante: la confidencialidad. Ninguno de los seis personajes es una persona real, y tampoco es necesario. Son situaciones que he visto repetirse cientos de veces, recombinadas hasta que no apuntan a nadie. Esa cocina (coger lo que es verdad sin traicionar a quien me lo confió) fue lo más delicado.

La segunda dificultad fue de oficio. Yo venía de explicar, no de narrar. En la consulta puedo decir “esto que sientes se llama hiperactivación del sistema nervioso”. En una novela eso mata la magia. Tuve que conseguir que el cuerpo del personaje lo mostrase: la nuca que se calienta, el estómago que se cierra, la mano que tiembla. Confiar en que el lector lo sienta antes de entenderlo.

Y la tercera: el equilibrio. Que tuviera rigor terapéutico de verdad (las heridas, el apego, el trauma están bien sostenidos) sin convertirse en un manual disfrazado de novela. Quería voluntad literaria con materia seria debajo, no autoayuda con personajes de cartón. Encontrar ese punto, donde la historia se sostiene sola pero por debajo late lo que sé de la consulta, fue el verdadero trabajo.

¿Publicar desde Plasencia supone un reto añadido para un proyecto editorial independiente?
Supone un reto, pero no el que la gente imagina. No echo de menos estar en Madrid o cualquier gran capital. Lo que cuento nace precisamente de trabajar lejos del ruido, en una consulta de Plasencia donde la gente llega sin prisa y con vidas de verdad.

El reto real es de visibilidad. Un proyecto independiente, sin una gran editorial detrás, tiene que abrirse camino por la calidad y por el boca a boca, no por el escaparate. Cada lector que recomienda el libro vale más que cualquier campaña. Y ahí Extremadura, que a veces se vive como desventaja, juega a favor: aquí las cosas se hacen siempre con mucha calidad y se sostienen en el tiempo.

Me importa además reivindicar que desde una pequeña ciudad de Cáceres se puede hacer un trabajo serio, riguroso y con ambición, sin tener que mudarse ni pedir permiso a nadie. Que un medio de aquí, como Grada, se interese por el libro no es un detalle menor para mí: es parte de lo que quiero demostrar. Que el territorio no limita la altura de lo que uno hace; a veces la sostiene.

Este libro abre la trilogía ‘Emociones’. ¿Qué puede adelantar de los próximos volúmenes?
‘Desmontando a Cupido’ es el primer volumen y se ocupa del vínculo adulto: cómo se construyen y se desmontan las relaciones que duelen, y cómo las experiencias de nuestra infancia van a marcar nuestras decisiones adultas, nuestro modo y estilo de vida y, en este caso, incluso nuestras relaciones.

El segundo volumen, que tengo previsto para finales de 2026, baja la mirada a una edad anterior: las emociones de los adolescentes y de los jóvenes adultos que aún no tienen experiencia para nombrar lo que les pasa, construyen o experimentan por primera vez. La etapa en la que se aprende, o no, a gestionar lo que se siente, donde se instalan muchos de los patrones que luego arrastramos a la vida adulta. Será, otra vez, una novela; pero el trasfondo es la gestión emocional en esos primeros vínculos y esas primeras heridas.

El tercer volumen cerrará la trilogía con el trabajo más difícil de todos: la aceptación y el aprender a relativizar. Lo que viene después de haber entendido y soltado: hacer las paces con lo que no se pudo cambiar, sostener la vida tal como es sin que eso sea resignación.

Los tres comparten el mismo hilo (cuerpo, emoción y vínculo) y la misma apuesta: contar verdades terapéuticas en clave de novela, para que lleguen a quien las necesita sin que parezca una lección, contando una historia, tanto individualmente en cada novela como en la historia troncal que cierra el círculo de este universo en la última entrega.

¿Con qué le gustaría que se quedara quien cierre la última página de ‘Desmontando a Cupido’?
Con un concepto que atraviesa todo el libro: “El cuerpo recuerda el vínculo que la cabeza ya perdonó”. Si alguien cierra la última página y entiende eso (que no está loco, que no es débil, que si su cuerpo sigue reaccionando es porque guardó algo que merece ser escuchado, no callado), el libro ha hecho su trabajo.

Me gustaría que se quedara, sobre todo, con permiso. Permiso para mirar una relación y preguntarse en voz alta “¿Esto es normal?”, que es la pregunta que abre toda la novela. Permiso para soltar sin tener que odiar. Permiso para llevar su propio ritmo.

No prometo que nadie cierre el libro ‘curado’; eso sería mentir y yo no trabajo así. Lo que sí espero es que cierre el libro acompañado, con un mapa en la mano y con la sensación de que lo que le pasa tiene nombre y tiene salida. Que el síntoma deje de ser un enemigo y pase a ser un mensaje. Si un solo lector deja de pedirse perdón por sentir lo que siente, habrá valido la pena escribirlo.

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