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La cultura guarda la lengua. El legado del Colectivo Cultural Chinato

La cultura guarda la lengua. El legado del Colectivo Cultural Chinato
Fotos: Colectivo Cultural Chinato
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En los pueblos las cosas no desaparecen de golpe. Se van apagando poco a poco, como una lumbre que nadie atiza. Primero dejan de hacerse, luego de recordarse y, al final, de nombrarse. Y cuando las palabras se van, algo más profundo se pierde con ellas.

Eso ha ocurrido, y sigue ocurriendo, con muchas hablas rurales en España. También con el habla chinata, propia de Malpartida de Plasencia. Pero en este caso hay algo que merece ser contado; sin proponérselo directamente, un grupo de vecinos ha conseguido preservar buena parte de ese mundo en el que la lengua vivía. Ese grupo es el Colectivo Cultural Chinato.

El Colectivo Cultural Chinato nació en los años 80 con una idea sencilla y poderosa, recoger lo que se estaba perdiendo. No desde la nostalgia, sino desde el compromiso. No como eruditos, sino como gente del pueblo que sabía que su historia merecía ser contada. Su trabajo pone de manifiesto una forma inteligente, sensible y comprometida de entender la cultura.

Desde entonces su labor ha sido constante. Publicaciones, exposiciones, jornadas, recopilaciones de oficios, de costumbres, de formas de vida… Todo un trabajo que ha ido construyendo, sin hacer ruido, un archivo cultural de enorme valor.

No se dedicaban a estudiar la lengua chinata. Ni a fijarla, ni a normativizarla. Pero hacían algo quizás más importante, documentaban los escenarios donde esa lengua tenía sentido.

Porque una lengua no vive en los diccionarios. Vive en la vida.

Uno de los mejores ejemplos de esa labor es la obra ‘Ermitas y romerías de Malpartida de Plasencia’, donde se reconstruye con detalle un mundo que hoy apenas sobrevive.

Allí aparecen las ermitas de San Blas, San Gregorio, la Virgen de la Luz, no como simples edificios, sino como centros de vida. Lugares donde se organizaba el tiempo, donde se encontraban las familias, donde el pueblo se reconocía a sí mismo y en buena medida, aún se sigue haciendo.

Las fiestas no eran solo celebraciones. Eran sistemas completos con mayordomos y cofradías, se recogían donativos casa por casa, se preparaban dulces tradicionales, se vestían las mejores galas, se cantaba, se bailaba, se compartía.

Y en medio de todo eso se hablaba. Se hablaba como se había hablado siempre.

Uno de los elementos más hermosos que recoge el Colectivo es la tradición de los coloquios de San Blas. Los mozos, delante de todo el pueblo, recitaban versos, unos para alabar al santo, otros para contar lo recogido, otros, los mejores, para hacer reír.

Eran composiciones sencillas, pero llenas de ingenio. Tenían ritmo, tenían intención, tenían vida. Allí no solo se transmitía información. Se transmitía una forma de estar en el mundo.

Aquellos versos no estaban escritos para perdurar. Eran efímeros, como la propia fiesta. Pero el Colectivo los recogió. Y al hacerlo, salvó algo más que unas palabras, salvó un modo de decir en palabras del chinato. Palabras que son mundo, vida y promueven emociones.

En los textos aparecen términos que hoy resultan extraños o casi olvidados: loj chochoj, deoj de santo, jato, gloriodo… No son solo palabras curiosas. Son piezas de un universo cultural. Cada una de ellas encierra prácticas, gestos, situaciones. Nombran cosas que ya no existen del todo. O que existen de otra manera.

Y ahí está la clave; cuando desaparece lo que se nombra, desaparece también la palabra. No porque alguien la prohíba, sino porque deja de ser necesaria.

Durante décadas la explicación habitual para la pérdida de las hablas rurales ha sido sencilla, la escuela, la televisión, la movilidad… Todo eso es cierto. Pero no es suficiente.

Lo que muestran los materiales del Colectivo es algo más profundo. Las palabras no desaparecen solas. Desaparecen cuando desaparece el contexto, cuando desaparecen los espacios donde se usaban, cuando ya no hay coloquios, cuando no se baila en los patios o en las plazas, cuando no se pide casa por casa, cuando las relaciones cambian.

La lengua no se pierde porque sí. Se pierde porque cambia la vida. Y aquí es donde la labor del Colectivo adquiere un valor extraordinario.

Sin proponérselo, o tal vez a conciencia, han creado el mayor archivo existente sobre el mundo en el que se hablaba chinato. Han documentado las fiestas, las costumbres, los oficios, las relaciones sociales, las formas de expresión, etc. Han conservado el contexto. Y conservar el contexto es, en cierto modo, conservar la lengua.

Porque, aunque ya no se hable como antes, todavía podemos entender cómo se hablaba. Y por qué se hablaba así.

Hoy, muchas de aquellas prácticas han cambiado. Algunas han desaparecido. Otras se mantienen como celebración, pero ya no como necesidad.

El mundo rural ha cambiado. Y con él, su lenguaje, pero la memoria permanece.

Gracias a iniciativas como la del Colectivo Cultural Chinato ese mundo no se ha perdido del todo. Permanece en los textos, en las imágenes, en las actividades que han organizando año tras año. Permanece, sobre todo, en la memoria compartida.

El trabajo del Colectivo no es solo cultural. Es también humano. Es el esfuerzo de quienes entendieron que lo importante no era solo avanzar, sino saber de dónde se viene. Que la modernidad no tiene por qué borrar la memoria.

Y que hay cosas, las palabras, las costumbres, las formas de vivir, que merecen ser contadas antes de que desaparezcan del todo.

Tal vez la mayor enseñanza que deja este trabajo es sencilla. No se puede salvar una lengua sin salvar el mundo que la sostiene. Y aunque ese mundo ya no pueda recuperarse completamente, sí puede ser comprendido, valorado y transmitido.

Eso es lo que ha hecho el Colectivo Cultural Chinato. Sin hacer teoría. Sin buscar reconocimiento. Simplemente, cuidando lo suyo.

Gracias a todas las personas que desde la dirección y desde la colaboración con el Colectivo Cultural Chinato, ayudaron a perpetuar la cultura chinata. Porque, gracias a su trabajo, lo que parecía destinado al olvido sigue teniendo presencia. Y porque, en el fondo, han hecho algo muy importante, han demostrado que la cultura no solo se hereda. También se protege.

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