El vigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas (Nueva York, 2006) ha sido una ocasión propicia para que Extremadura lanzara el 18 de mayo, desde la Asamblea regional, un mensaje en favor de la inclusión plena de las personas con discapacidad y la necesidad de seguir avanzando al objeto de eliminar las barreras visibles e invisibles que dificultan la igualdad real en diversos ámbitos de la vida real.
Para las personas con discapacidad las barreras de todo tipo con las que se enfrentan suelen ser más frecuentes y frenan su inclusión social plena en la sociedad. Las barreras son múltiples y diversas. Hay barreras de actitud que multiplican per se las barreras propias de las personas con discapacidad. Concebimos la discapacidad como limitación personal, no tanto como responsabilidad social de apoyo para que puedan llevar vidas independientes.
Hay barreras físicas en las viviendas, comunidades, en la calle y edificios públicos, que bloquean la movilidad y el acceso de las personas con discapacidad en su propio entorno.
Las personas con discapacidad se encuentran con barreras en el transporte, por la ausencia de transporte público disponible y adaptado, o accesible para las personas que no pueden conducir por deficiencia visuales o cognitivas.
Las barreras políticas que impiden que se cumplan las leyes y los convenios que regulan el acceso para las personas con discapacidad: les negamos la oportunidad de participar o beneficiarse de programas, servicios y beneficios con financiación pública; también el acceso a programas y beneficios como consecuencia de barreras físicas; y, a veces, las modificaciones necesarias para que puedan realizar el trabajo para el que fueren contratadas.
Se encuentran, en fin, con barreras de comunicación, como la no disponibilidad de Braille o versiones para lectores de pantalla; videos sin subtítulo o comunicaciones orales sin intérpretes de signos.
Y las barreras sociales, por último, referidas a las condiciones en que las personas con discapacidad nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, además de los problemas de salud, que reducen ostensiblemente la inclusión social de las personas con discapacidad.
Casi todos los días vemos ejemplos de todas estas barreras que sufren las personas con discapacidad para su inclusión y plenitud vital en la sociedad. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas proclama en su preámbulo que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad y el valor inherentes y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”, y reconoce que “la discriminación de cualquier persona por razón de su discapacidad constituye una vulneración y el valor inherente del ser humano”, al tiempo que reconoce también “la importancia que para las personas con discapacidad reviste su autonomía e independencia individual, incluida la libertad de tomar sus propias decisiones”.
