Fotos: Javier Pulpo, Andrés Rodríguez, JP Amores, Javier Meléndez, Marisol Torres y Carolina Barrera
Los presentadores de la gala fueron José Vicente Moirón, que regresó al escenario de los Premios Grada muchos años después de conducir una de sus primeras ediciones, María Ortiz y el ya imprescindible Javier Mendoza. Entre los tres construyeron una narración cercana y emotiva, hilando cada bloque con guiños a la memoria de la Fundación y a la evolución del proyecto social y cultural que representan estos premios.
Uno de los momentos más especiales llegó de la mano de Eva Lagar, que quiso detener el ritmo de la gala para dar las gracias a su padre, José Antonio Lagar, y, a través de él, a toda la Fundación, por el esfuerzo constante para impulsar el proyecto 3VA. Cuando terminó el discurso de José Antonio apareció en el escenario Paula García Sánchez, madre de Eva, que le entregó un ramo de flores en un gesto sencillo pero cargado de simbolismo: el reconocimiento de una familia a otra familia, la que forman la Fundación y todas las personas que la sostienen.
La dirección artística volvió a estar en manos de Óscar Elías, que concibió una gala abiertamente volcada en el flamenco, entendiendo este lenguaje como una forma de expresar raíz, lucha y celebración. El resultado fue una de las ediciones más completas desde el punto de vista artístico, con una puesta en escena cuidada al detalle, ritmos muy medidos y una sucesión de números que mantenían la intensidad y el interés del público en cada transición. Su trabajo se dejó notar tanto en la armonía entre las actuaciones y la entrega de premios como en la capacidad de la gala para emocionar sin perder el pulso audiovisual ni el ritmo televisivo.
La Iberian Big Band volvió a ejercer como banda residente, aportando su sello inconfundible a la noche. No solo abrió la gala, sino que acompañó a los diferentes artistas, adaptando su sonido al compás flamenco, a los momentos más íntimos y a los pasajes de mayor celebración, con arreglos pensados específicamente para esta edición.
Las actuaciones fueron el hilo emocional que atravesó toda la noche. Jesús Ortega, tras recoger el Premio Grada al Emprendimiento, convirtió su discurso en una declaración de amor al arte y al riesgo de crear proyectos propios, e invitó a levantarse del patio de butacas a la gran Cristina Hoyos, que lo acompañó con unas sevillanas. También brillaron las voces y el talento de Míriam Cantero y Rodrigo Fernández, la fuerza de Manuela Sánchez y su cuadro flamenco, el humor cercano de Carlos Gata, y la sensibilidad de Claudia Padilla, que puso la nota de delicadeza en una noche marcada por el duende y la celebración. Cada uno, desde su propio lenguaje, reforzó la idea de que los Premios Grada son, además de un reconocimiento social, un escenario privilegiado para el talento artístico que nace y crece en nuestra tierra.
