Estoy cansado de escuchar “Es muy inteligente”, y yo me pregunto: Sí, pero ¿qué ha conseguido? En muchos casos, nada.
Sobrevaloramos mucho el ser listo, pero nunca ponemos atención a la constancia. ¿O tú sí? Por supuesto que creo que ser una persona inteligente ayuda, te dará la solución a encontrar la llave correcta para abrir la puerta, pero la constancia la romperá a golpes.
James Nasmyth diseñó la primera máquina industrial que martilleaba propulsada por vapor. “¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!”. Un ritmo constante y con un control de la fuerza descomunal.
Un martillo pilón no duda. Siéntelo.
¡Boom! No se distrae.
¡Boom! No negocia.
¡Boom! Golpea sin parar.
¡Boom! Una y otra vez.
¡Boom! Hasta que la pieza cede.
Nunca se rinde. ¿Y tú, te rindes?
En mi caso, entendí hace tiempo que yo no era lo suficientemente espabilado, necesitaba emplear otra técnica. Me propuse crecer en mi empresa, una multinacional. Comenzando desde abajo: desde asesor de ventas a director. Sin descanso.
No soy lumbreras, pero sí soy una persona disciplinada. Cuando me propongo algo lo lucho, nunca lo cuestiono, no paro hasta lograrlo. Soy un martillo pilón, me lo dicen mucho.
De ahí nace la metáfora. Hoy conocemos a una persona y decimos coloquialmente “¡Qué pesado!, es muy insistente”. Para nosotros esto es síntoma de ser una persona perseverante, constante y que siempre es disciplinada. Ser disciplinado es una cosa y ser perseverante es otra cosa diferente.
La disciplina es encenderte. La constancia es no apagarte.
La disciplina te da la fuerza de un día. La constancia el ritmo de tu vida.
Y ahora tú: ¿Vas a ir al gimnasio este lunes o vas a postponerlo una semana más? ¿Vas a estudiar o te lamentarás de nuevo por dejarlo para el último día? ¿Vas a dejar tus malos hábitos o mejor el mes que viene?
El tiempo no se detiene, y menos por ti.
Escucha: “¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!” eres tú.
