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Mis pilares son firmes y sólidos, pero cuidado con la sobrecarga

Mis pilares son firmes y sólidos, pero cuidado con la sobrecarga
Imagen: Cedida
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¿Sabías que en nuestro cuerpo viven billones de microorganismos que habitantes hay en todo el planeta?

Sí, nuestro organismo es como un gran edificio habitado por millones de pequeños seres vivos. Por eso es tan importante cuidar tanto el continente como el contenido.

Muchas veces creemos que somos invencibles, que somos indestructibles. Aguantamos la tensión y la presión durante tanto tiempo que terminamos normalizándolo.

“Echa más peso, que yo puedo”.

Y sí, puedes. Pero no siempre. Y, desde luego, no indefinidamente.

Sucede igual que con los pilares de hormigón de un edificio. Son fuertes, resistentes y están diseñados para soportar grandes cargas. Pero todo tiene un límite.

Si construyes unos pilares para sostener un edificio de tres plantas, quizá puedan aguantar cuatro o incluso cinco. Pero nunca 20 más.

El edificio no se derrumbará de un día para otro. Primero aparecerán pequeñas grietas. Después llegará el desgaste. Los pilares sufrirán en silencio, se irán debilitando poco a poco y, cuando menos lo esperes, cuando parecía que todo estaba bien, el edificio terminará cediendo.

No estamos tan lejos de esa realidad.

Crees que aguantas. Te sientes fuerte. Sigues asumiendo responsabilidades, algunas tuyas y otras que ni siquiera te corresponden. Y mientras el cuerpo responda, sigues adelante.

A veces vemos personas en nuestro entorno, e incluso nosotros mismos, que estamos agotados. Da igual que descanses. Más de una vez nos hemos levantado más cansados que cuando nos acostamos. Normal, es una cuestión de cansancio psíquico.

Recuerda, piensa que tus brazos son los pilares. Si sigues poniéndoles peso terminarán debilitados, agrietados o rotos.

Pero recuerda: Cuida tus pilares. Son la estructura que sostiene tus sueños, tu familia, tu trabajo y todo aquello que amas.

Aprender a decir “hasta aquí” no es una señal de debilidad, sino un acto de inteligencia.

Reparte las cargas, pide ayuda cuando la necesites y recuerda que la verdadera fortaleza no consiste en soportarlo todo, sino en saber cuánto peso puedes sostener sin romperte.

Porque una casa bien cuidada puede durar toda la vida, pero ninguna estructura, por sólida que parezca, resiste eternamente el exceso de carga.

Si sientes que ahora está así, es el momento de liberar carga. No esperes más, quizás mañana tus pilares se debiliten. Eres fuerte, no lo permitas.

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