Patrimonio olvidado y patrimonio recuperado en la tierra de Cáceres: capillas, oratorios y ermitas
Si queremos conocer la vida, cultura y costumbres de un pueblo o de una comunidad tenemos que aproximarnos a la forma de entender y practicar su religión. La historia no se entiende hoy como una relación de datos, fechas, grandes acontecimientos, etc.; hay que ir más allá y profundizar en la vida, creencias y sentimientos de sus habitantes.
Vamos a presentar un reducido número de ermitas, unas de ellas en deplorable estado de conservación y otras, por el contrario, felizmente restauradas. Hemos visitado no solo las ermitas existentes en la tierra de Cáceres, sino también oratorios o capillas en fincas particulares donde formaron parte de edificaciones castrenses en su mayoría medievales.
Edificios en lamentable estado de conservación
Capilla de la Casa de los Arrogatos
Capilla de la Casa de las Corchuelas
Capilla de la Casa de La Calera
Ermita de San Jorge
Ermita de Santiago de Bencáliz
Ermita de Nuestra Señora de la Esclarecida de Zamarrillas
Ermita de San Vito de Cáceres
Ermita del Humilladero
Edificios restaurados
Ermita de la Casa Hijada de Vaca
Capilla de la Casa de los Arenales
En la planta baja de la Casa de Arenal de García Golfín existe una interesante capilla. Este caserío se encuentra a 4 kilómetros de Cáceres, en la carretera de Malpartida de Cáceres. En la actualidad el edificio es el Hotel Palacio Fontecruz, el primer hotel de cinco estrellas ubicado en esta ciudad extremeña. Este edificio antiguo, cuya rehabilitación fue dirigida por Javier Sancho, combina piedra y madera, creando un notorio contraste.
Mientras que construcciones defensivas medievales se han ido configurando en la tierra de Cáceres como auténticos cortijos y unidades de producción agropecuaria, aunque conservan bien reconocibles sus recursos castrenses primitivos, a partir del siglo XVI se prestará menos atención al aspecto defensivo y se procurará mayor interés por los recursos residenciales, la comodidad y habitabilidad de la casa, sin olvidar el carácter representativo, constituyéndose verdaderos palacios y casas de recreo como si de una edificación palaciega urbana se tratara, como vemos en muchas de estas casas de campo cacereñas: Enjarada, Carvajal Villalobos (Mayorazgo), Hijada de Vaca o Arenales, que se conciben decididamente como auténticos palacios, además de cómo centro de la explotación.
En el ‘Memorial de Ulloa’ encontramos referencias sobre esta posesión, perteneciente en los inicios del siglo XVI a don Pedro Alonso Golfín. En la actualidad existe un conjunto de edificaciones dedicadas a diversos usos. Al siglo XVI pertenece lo más antiguo de la casa, en la que se combinan los rasgos de edificio señorial y casa de labor; lo primero acusado en los blasones graníticos de las familias Golfín y Godoy situados en la fachada así como en las pinturas al fresco conservadas en la pequeña capilla, todo de finales del siglo XVI o comienzos del XVII.
Pero el cortijo, además de esa casa principal, cuenta con otros muchos volúmenes arquitectónicos dedicados a menesteres pecuarios y agrícolas, constituyendo un complejo verdaderamente extenso y variado en sus funciones rurales, entre cuyas instalaciones se contaba con una cochera para carruajes, tinados, cuadras, picadero de caballos, zahúrdas, local para esquileo, charcas y estanques, lo que da idea de su actividad y complejidad.
La casa en cuestión presenta en su fachada vanos adintelados recercados con cantería, y sobre la puerta principal dos blasones con las armas de los Golfines y las de los Godoy respectivamente, datable en el siglo XVI.
Sobre la puerta de acceso exterior a la capilla hay una inscripción latina en la que se expresa el uso de esta habitación como lugar de oración: “DOMVS ORATIONIS ET ITE ET ACIPIETIS”.

Según entramos en el vestíbulo del actual hotel, a la derecha, se conserva en un saloncito la capilla que mantiene un fresco sobre la hornacina. Es una obra de correcta policromía fechable en los inicios del siglo XVII, dando lugar a una arquitectura fingida, mediante pináculos y entablamento, así como telas sostenidas por ángeles con formas típicamente manieristas. Dentro de la hornacina se representa a la Virgen con el Niño en sus brazos, coronada por dos ángeles: en el intradós del arco, el Padre Eterno; San Miguel Arcángel sobre el demonio, en el lado de la Epístola; y en el otro lado el arcángel Gabriel, alzando su mano derecha hacia lo alto y el ramo de azucenas en el brazo izquierdo. En el trasdós del arco aparece la escena del Calvario, y a los lados San Francisco y San Antonio, y sobre los frisos adintelados se colocan como remate amorcillos con pináculos y los escudos de la orden franciscana.
