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	<title>Dionisio López - Revista Grada</title>
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	<description>Noticias de Actualidad sobre Cultura, Ocio, Deporte e Integración en Extremadura</description>
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	<title>Dionisio López - Revista Grada</title>
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		<title>&#8220;Mi sombra tiene la forma de un país&#8221;. La mirada caníbal sobre el mundo de José María Cumbreño. ‘Los mapas transparentes’</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Jul 2023 09:06:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
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<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/mi-sombra-tiene-la-forma-de-un-pais/blogueros/dionisio-lopez/">&#8220;Mi sombra tiene la forma de un país&#8221;. La mirada caníbal sobre el mundo de José María Cumbreño. ‘Los mapas transparentes’</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img fetchpriority="high" decoding="async" width="1659" height="809" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230725_blogs_dionisiolopez.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="&quot;Mi sombra tiene la forma de un país&quot;. La mirada caníbal sobre el mundo de José María Cumbreño. ‘Los mapas transparentes’" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230725_blogs_dionisiolopez.jpg 1659w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230725_blogs_dionisiolopez-300x146.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230725_blogs_dionisiolopez-1024x499.jpg 1024w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230725_blogs_dionisiolopez-768x375.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230725_blogs_dionisiolopez-1536x749.jpg 1536w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230725_blogs_dionisiolopez-600x293.jpg 600w" sizes="(max-width: 1659px) 100vw, 1659px" /><p>Frente a esos poetas que defienden la obra coherente, orgánica, única&#8230; toda su obra como un todo -en constante reconstrucción-, yo siempre he preferido al artista que cada cierto tiempo trata de reinventarse, de encontrar nuevos lugares; y eso le lleva, lógicamente, a veces a laberintos, a veces a cuevas siniestras, a veces a cielos abiertos. Yo creo que así es un poco este poeta llamado José María Cumbreño, si uno hace un cierto balance de su obra, aunque en él se advierte un tono y una mirada personales, que dan unidad al conjunto.</p>
<p>Todo esto lo digo porque acabo de leer de una sentada ‘Los mapas transparentes’, un libro muy distinto al anterior (‘No hace falta que entiendas lo que pone en tu camiseta’), algo que se advierte desde la forma de titular, aunque con ecos claros de otros suyos como aquel ‘Breve biografía apócrifa de Walt Disney’, de 2009, donde ya encontramos versos como &#8220;<em>Los cartógrafos eran capaces de dibujar/ lugares en los que no habían estado</em>&#8220;. También nos recuerda a aquel &#8216;Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas&#8217; (2008), donde ya se esbozaban algunas de las características que ahora adquieren forma definitiva.</p>
<p>Tenemos ahora un libro caleidoscópico y torrencial, con una voz a veces distante, casi administrativa, y, sin embargo, muy conmovedora y lírica -cada vez más, conforme avanza el libro- y donde aparece cierta sabiduría inocente, profunda, iónica y tierna (todos adjetivos marca de la casa).</p>
<p>Ha sido un placer pasear con estos cinco mapas (&#8216;Mapa mudo&#8217;, &#8216;Mapa político&#8217;, &#8216;Mapa físico&#8217;, &#8216;Mapa de tránsito&#8217; y &#8216;Planisferio&#8217;) que en realidad son uno solo, un mapa del ser humano, del mundo, de la existencia… y, también, un autorretrato y un autoanálisis personal.</p>
<p>Versos sentenciosos (&#8220;<em>El dolor no desaparece/ aunque se conozca su causa</em>&#8220;, &#8220;<em>El daño y la herida/ no suceden a la vez</em>&#8220;, &#8220;<em>Lo peor de envejecer/ no es conocer el dolor,/ sino acostumbrarnos a él</em>&#8220;), narrativos (&#8220;<em>Según el influyente crítico de arte Clement Greenberg, Edward Hopper era sencillamente un mal pintor. Sin embargo, añadía acto seguido, si fuera mejor, con bastante probabilidad no sería tan buen artista</em>&#8220;), profundos (&#8220;<em>Trabajar en lo que se ve/ para mostrar lo que no se ve</em>&#8220;), enigmáticos:</p>
<p><em>La tradición establece</em><br />
<em>que la puerta</em><br />
<em>debe ser siempre</em><br />
<em>más antigua</em><br />
<em>que la casa. </em></p>
<p>Decía hace unos años Cumbreño, a propósito del singular César Martín Ortíz, que para firmar un buen cuento necesitamos gozar de varias habilidades: &#8220;lecturas, oficio, melancolía y, sobre todo, dominio del ritmo&#8221;. Sabiendo que el género cuentístico está mucho más cerca del lírico que del narrativo, identificamos todas esas cualidades en el autor de ‘Los mapas transparentes’.</p>
<p>Un libro en erupción, concéntrico, que avanza girando sobre sí mismo tratando los más diversos asuntos mientras nos guía hacia su objetivo: ponernos frente al asombro y el desconcierto de la vida y de los que la habitamos.</p>
<p>Hay una mezcla de escepticismo, de falta de fe (&#8220;<em>he llegado a un punto/ en que me da lo mismo.</em>&#8220;) y, sin embargo, todo el libro es una prueba de amor al conocimiento, a la ciencia, al arte.</p>
<p>Una búsqueda múltiple, un combate con la realidad y sus contradicciones, un cuestionamiento constante, donde el relato de los otros sirve para que intuyamos al yo, donde lo cotidiano se convierte en lírico y lo lirico en cotidiano. Una obra que mantiene el pulso de sucesivas lecturas y que nos reconcilia con nuevas maneras de entender la poesía.</p>
<p>Valga como muestra el inicio de la quinta parte, &#8216;Planisferio <em>(Hic sunt dracones)</em>&#8216;:</p>
<p><em>¿Qué sucede si una embarazada</em><br />
<em>duerme al lado de un mapa?</em></p>
<p><em>Las palabras que se escriben</em><br />
<em>con los ojos abiertos</em><br />
<em>nunca dicen</em><br />
<em>más de lo que dicen.</em><br />
<em>En cambio,</em><br />
<em>las palabras que se escriben</em><br />
<em>con los ojos cerrados</em><br />
<em>nunca dicen sólo</em><br />
<em>lo que dicen.</em></p>
<p><em>En el sur, se cuenta la historia de una anguila decapitada y de cómo su cabeza, después de enterrada, brotó el primer cocotero.</em><br />
<em>En el norte, los viejos relatos aseguran que los dedos mutilados de una mujer esquimal se transformaron en focas.</em></p>
<p><em>Cuando algunos días</em><br />
<em>trato de recordar los motivos</em><br />
<em>por los que sigo caminado,</em><br />
<em>me siento como si cartografiase</em><br />
<em>una llanura</em><br />
<em>donde ha habido una guerra.</em></p>
<p style="text-align: right;"><strong>José María Cumbreño. &#8216;Los mapas transparentes&#8217;. Valencia, Pre-Textos, Poesía, 2023</strong></p>
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		<title>Honrarás a tu padre: dos poemarios sobre el padre</title>
		<link>https://www.grada.es/honraras-a-tu-padre-dos-poemarios-sobre-el-padre/blogueros/dionisio-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Jul 2023 11:15:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[Angélica Morales]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Vicente Piqueras]]></category>
		<category><![CDATA[lirica]]></category>
		<category><![CDATA[Mi padre cuenta monedas]]></category>
		<category><![CDATA[Padre]]></category>
		<category><![CDATA[Poemarios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>‘Mi padre cuenta monedas’, de Angélica Morales “Hay infancias de usar y tirar, de enterrar bajo la lengua sedienta de una alfombra” Pocos libros tan desnudos y desgarrados como ‘Mi padre cuenta monedas’, tan crudos, directos y sinceros, donde la catarsis toma forma de erupción volcánica y el alma abre sus compuertas al dolor viejo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img decoding="async" width="1584" height="1129" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230712_blogs_dionisiolopez.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Honrarás a tu padre: dos poemarios sobre el padre" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230712_blogs_dionisiolopez.jpg 1584w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230712_blogs_dionisiolopez-300x214.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230712_blogs_dionisiolopez-1024x730.jpg 1024w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230712_blogs_dionisiolopez-768x547.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230712_blogs_dionisiolopez-1536x1095.jpg 1536w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230712_blogs_dionisiolopez-600x428.jpg 600w" sizes="(max-width: 1584px) 100vw, 1584px" /><p><strong>‘Mi padre cuenta monedas’, de Angélica Morales</strong></p>
<h3><em>“Hay infancias de usar y tirar, de enterrar bajo la lengua sedienta de una alfombra”</em></h3>
<p>Pocos libros tan desnudos y desgarrados como ‘Mi padre cuenta monedas’, tan crudos, directos y sinceros, donde la catarsis toma forma de erupción volcánica y el alma abre sus compuertas al dolor viejo y estancado.</p>
<p>Un libro desgarrador y con una sinceridad valiente y brutal.</p>
<p><em>Se fue y sin embargo permanece.</em><br />
<em>Mamá lo tiene escondido en un cajón secreto del armario.</em><br />
<em>A mi padre.</em><br />
<em>Al muerto.</em><br />
<em>Al que ayer descansaba en un cementerio cerca del mar,</em><br />
<em>en un nicho donde el sol nunca estaba para mandar su saludo,</em><br />
<em>donde las flores</em></p>
<p style="padding-left: 40px">(decir flores es decir algún elemento que<br />
pudiera señalar que ese hombre existió<br />
y que cada vez en cuando alguien se acuerda de<br />
él y lo visita /<br />
trae una flor que arranca probablemente del<br />
jardín de la entrada<br />
o bien compra un ramillete de rosas de tela y<br />
espumillón en la tienda de los chinos<br />
y las deposita ahí /<br />
en la lápida de mi padre.<br />
La número 356.<br />
La que tiene una fotografía en blanco y negro<br />
en la que parece sonreír pero no)</p>
<p><em>abren su boca de escarcha en busca del agua que nunca está.</em><br />
<em>Decía que mi padre se fue, aunque continúa.</em><br />
<em>El precio de la muerte era demasiado alto para que mamá lo</em><br />
<em>pudiera seguir pagando.</em></p>
<p style="padding-left: 40px">Así que decidió sacarlo del cementerio, incinerar su cuerpo y<br />
devolverlo a casa.<br />
La casa de mamá es estrecha, con un pasillo largo y una<br />
terraza sucia.<br />
La casa de mamá huele a tabaco y pies, a niño que corta jamón<br />
en una fábrica de las afueras,<br />
a papá rascando las paredes del armario con sus uñas de ceniza.<br />
Pero antes de que la muerte de papá llegase a casa pasaron<br />
muchas cosas que voy a contarles.<br />
Pónganse cómodos, fumen si lo necesitan.<br />
Piensen en sus papás, en los nichos que pagan a plazos,<br />
en esa compañía de servicios funerarios que les llama un lunes<br />
cualquiera al móvil<br />
y les ofrece un féretro biodegradable y una cruz.</p>
<p>Angélica Morales, ‘Mi padre cuenta monedas’. Gipuzkoa, Ed. El Gayo de Oro, 2022</p>
<p><strong>‘Padre’. de Juan Vicente Piqueras</strong></p>
<h3><em>“Mi madre nos amaba con sus manos y mi padre nos traducía el cielo”</em></h3>
<p>Muy diferente es ‘Padre’, de Juan Vicente Piqueras, poeta que descubrí gracias a su magnífico poemario ‘La latitud de los caballos’ (1999). Con un tono mucho más amable, se nos van presentando estampas y retratos que plantean un juego temporal combinando con equilibrio momentos de la infancia del yo poético con escenas de la vejez del padre, de su enfermedad y, finalmente, de su recuerdo tras la muerte.</p>
<p>Versos llenos de ternura y cariño, de admiración y nostalgia, que sirven, también, para retratar un tiempo perdido, una generación de hombres y mujeres acostumbrados a vivir en el campo y reticentes a la tecnología. Un libro de amor y de duelo.</p>
<p><em>Mi padre que parece un pajarito.</em><br />
<em>Mi padre que no quiere alimentarse.</em><br />
<em>Mi padre no camina y casi ni se mueve.</em><br />
<em>Mi padre que se pasa el día soñando.</em><br />
<em>Mi padre que prefiere el sueño a la vigilia.</em><br />
<em>Mi padre que ya solo vive en su mundo</em><br />
<em>y su mundo no existe.</em><br />
<em>Mi padre que no bebe, no come.</em><br />
<em>Mi padre que parece un pajarito.</em></p>
<p><em>Alguien le está dando alpiste.</em><br />
<em>Alguien le abrirá la jaula.</em></p>
<p>Juan Vicente Piqueras, ‘Padre’. Sevilla, Renacimiento, 2016.</p>
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		<title>&#8220;Una humilde verdad&#8221; o la tranquila sencillez de los maestros. &#8216;Sobre el azar del mapa&#8217; de Álvaro Valverde (Barcelona, Tusquets, 2023)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Jul 2023 08:00:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Valverde]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Tusquets]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ya en el 2004 Álvaro Valverde abre &#8216;Lejos de aquí&#8217; con una cita reveladora de Wislawa Szymborska: &#8220;No me gusta viajar, pero me gusta volver&#8221;, para admitir líneas más abajo: &#8220;Confieso que me resultan más agradables los lugares entrevistos a través de las páginas de un libro&#8221;. Ese aparente rechazo inicial contrasta con la presencia [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/una-humilde-verdad-o-la-tranquila-sencillez-de-los-maestros-sobre-el-azar-del-mapa-de-alvaro-valverde-barcelona-tusquets-2023/blogueros/dionisio-lopez/">&#8220;Una humilde verdad&#8221; o la tranquila sencillez de los maestros. &#8216;Sobre el azar del mapa&#8217; de Álvaro Valverde (Barcelona, Tusquets, 2023)</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img decoding="async" width="2560" height="1440" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-scaled.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="&quot;Una humilde verdad&quot; o la tranquila sencillez de los maestros. &#039;Sobre el azar del mapa&#039; de Álvaro Valverde (Barcelona, Tusquets, 2023)" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-scaled.jpg 2560w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-1024x576.jpg 1024w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-1536x864.jpg 1536w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-2048x1152.jpg 2048w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/07/20230706_blogs_dionisiolopez-scaled-823x463.jpg 823w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /><p>Ya en el 2004 Álvaro Valverde abre &#8216;Lejos de aquí&#8217; con una cita reveladora de Wislawa Szymborska: &#8220;No me gusta viajar, pero me gusta volver&#8221;, para admitir líneas más abajo: &#8220;Confieso que me resultan más agradables los lugares entrevistos a través de las páginas de un libro&#8221;. Ese aparente rechazo inicial contrasta con la presencia que el viaje, desde sus más múltiples perspectivas, tiene en su obra. Recuerdo con nitidez la emoción con que leí &#8220;Más allá, Tánger&#8221; (2014) y la impaciente espera que he tenido estos últimos años al conocer la noticia, en voz de su autor cuando presentó en Cáceres &#8220;El cuarto del siroco&#8221; (2018), de que se avecinaba un &#8220;Cuaderno de Sofía&#8221;. La espera se alargó más de lo que uno hubiera deseado, pero como recompensa nos encontramos con una obra mayor, &#8220;Sobre el azar del mapa&#8221;, bajo cuyo hermoso heptasílabo (tomado inconscientemente de un verso de Aníbal Núñez) se agrupaban el &#8220;Cuaderno de Sofía&#8221; y el &#8220;Cuaderno de Suiza&#8221;. Pero no solo en estos libros encontramos textos que reflexionan sobre una experiencia viajera o que presentan alguna suerte de retrato de una ciudad, ya que, en buena medida, gran parte de la obra del poeta placentino se asienta entre la contemplación y el movimiento.</p>
<p>Lo cierto es que no se camina nada o se camina poco y mal. Se camina sin ver, sin contemplar, sin abandonarse al paseo; se marcha sin dejarse interpelar (interrumpir) por el paisaje, por lo visto y todo lo que surge&#8221;. Comienzo con estas palabras del argentino Edgardo Scott, recogidas en su ensayo &#8216;Caminantes&#8217; (Barcelona, gatopardo ensayo, 2022), porque no se me ocurre mejor definición, pero a la inversa, del libro del que estamos hablando. Porque la voz poética de Sobre el azar del mapa &#8220;camina mucho y bien. Camina viendo, contemplando, abandonándose al paseo; marcha dejándose interpelar (interrumpir) por el paisaje, por lo visto y todo lo que surge&#8221;.</p>
<p>Y es que este libro de poemas es, sobre todo, un viaje; un paseo por tres ciudades (la búlgara Sofía y las suizas Grandson y Ginebra) vistas desde los ojos del yo poético. Y, ciertamente, uno tiene la sensación de encontrarse con tres largos poemas cada uno dedicado a una de esas ciudades y divididos con números arábigos. El propio autor lo advierte: &#8220;el cuaderno está compuesto por medio centenar de poemas&#8230; que son fragmentos de un único poema&#8221;. (¿Acaso toda a obra de un autor no son fragmentos de un único poema?).</p>
<p>Cuando uno echa la vista atrás y recuerda sus viajes, normalmente no se para a pensar en las visitas guiadas, en los edificios y monumentos más emblemáticos, en los museos célebres&#8230; Uno recuerda, por lo menos es lo que me pasa a mí, aquella tarde que quedó descolgada por alguna cancelación o por cualquier plan truncado&#8230; y que la pasó alejado del ajetreo general del viaje, paseando, tomando un café lentamente, ociosamente, en un bar que no sale en las guías o sentado en un parque sin apellidos. Y esos momentos son los que al final te dan el pulso exacto de la ciudad. Ese pulso es lo que el autor refleja con sencillez y elegancia en &#8216;Cuaderno de Sofía&#8217;.</p>
<p>En la nota final, Valverde explica que escribió de memoria una vez que había regresado del viaje: &#8220;No tomé ninguna nota sobre ese viaje de invierno&#8230; ni llevé ningún diario; de memoria, decía, fui dando forma a esos versos&#8221; y también lo dice en el poema 50 &#8216;(Epílogo)&#8217; que cierra esta parte:</p>
<p><em>He escrito de memoria.</em></p>
<p><em>Ni un verso tan siquiera</em><br />
<em>se concibió en Sofía.</em><br />
<em>Fie todo al recuerdo.</em></p>
<p>Esta manera de plasmar el paisaje recordado, que refleja la imagen vista pero depurada por el recuerdo, le conduce a la esencialidad y a la ausencia del adorno marginal, algo que directamente me trae a la cabeza esas láminas rescatadas de Godofredo Ortega Muñoz que han formado la exposición &#8216;Del otro lado&#8217; y donde aparecen esos dibujos que el pintor hacía después de sus paseos y nunca al natural (&#8220;prefiero pintar los lienzos después de que hayan posado y reposado mis impresiones visuales&#8221;). Es el mismo proceso que encontramos en &#8216;Sobre el azar del mapa&#8217;, donde el recuerdo elimina lo accesorio.</p>
<p>Uno lee &#8216;Sobre el azar del mapa&#8217; con la expectación con la que se atraviesa una ciudad desconocida, esperando qué nos encontraremos al doblar la esquina o la página, como un álbum de viejas fotografías sencillas y certeras. Un álbum melancólico y un tanto desolado al advertir que en esta ciudad de Sofía &#8220;Parece que uno asiste a un hecho póstumo, a la celebración de lo que el tiempo debería haber dado por perdido&#8221;, lugares &#8220;que evocan viejos tiempos / donde la vida pudo ser más alta&#8221;.</p>
<p>Conforme avanza el paseo/lectura por los paisajes/páginas de esta ciudad/libro aparece una nueva dimensión que enriquece su profundidad, al romper el tiempo único presente del viaje, cuando el paseante se queda contemplando una &#8220;casa con estilo&#8221; de un &#8220;linaje acomodado&#8221;, ahora en ruinas, y nos hace ver ese pasado glorioso y perdido; o también al imaginar &#8220;a las puertas de Alexander Nevski&#8221; el paso de las tropas nazis por aquella ciudad. De esta forma se va dibujando una ciudad donde ha tenido lugar &#8220;el paso inexorable de la Historia&#8221; y ese paso ha dejado una piel llena de cicatrices en forma de ruinas. Es una constante esa mirada sobre el presente en el que se superpone el pasado conjugándose con armonía terrible lo histórico y lo particular, como en el poema 35 donde se nos presenta la catedral de Sveta-Nedelya y se nos recuerda que fue escenario de numerosos asesinatos mientras que en este instante &#8220;una muchacha rubia/ se bautiza&#8221;, y todo ante la mirada del yo poético que se incluye como un personaje más en la escena: &#8220;Contemplamos/ la vieja ceremonia&#8221;.</p>
<p>La mirada no solo se detiene en los edificios, sino también en sus habitantes: el rostro de los viajeros de un tranvía, una anciana rodeada de palomas&#8230; &#8220;A los supervivientes pertenece / la historia de Bulgaria&#8221; se nos dice en uno de los poemas e irremediablemente recordamos el inicio de la última novela del poeta Julio Llamazares &#8220;A partir de una edad todos somos ya supervivientes&#8221;. Y esta mirada lúcida sobre el presente llega a convertirse en algún momento en un análisis social (palabra abaratada hoy en día por algunos sectores parapoéticos) y político: &#8220;Qué fácil concebir las pobres vidas / de quienes sufren mundo adentro&#8221; se dice ante los impersonales y deshumanizados edificios periféricos proyectados por los regímenes pasados. O cuando observa:</p>
<p><em>Me cruzo en las aceras</em><br />
<em>con mujeres y hombres</em><br />
<em>que arrastran la pobreza</em><br />
<em>en sus bolsas de plástico.</em></p>
<p>Y hay una dimensión más de profundidad, otra capa de abstracción, cuando la voz poética, identificada ahora plenamente con el autor, se dirige a sí mismo y recuerda unos versos de su primera obra, &#8216;Territorio&#8217;, conectando así su propio pasado personal y literario con el presente: &#8220;que se hizo la distancia / para amar lo recóndito&#8221;.</p>
<p>El poema 23 quizás contenga toda la esencia de lo que el poeta busca de ese viaje y de lo que aspira al escribir sobre él:</p>
<p><em>El viajero,</em><br />
<em>que rehúye a conciencia</em><br />
<em>el papel de turista,</em><br />
<em>evita otra intención</em><br />
<em>que no sea</em><br />
<em>la que mueve al disfrute</em><br />
<em>del paseo.</em></p>
<p>No quiero pasar por alto cómo en varias ocasiones el &#8220;yo lírico&#8221; es un &#8220;nosotros&#8221;, incorporando así la presencia de la compañera, constante durante todo el libro; una compañera que complementa con su mirada las diferentes escenas y que completando la deducción inicial y evidente, también podríamos interpretar como la propia poesía:</p>
<p><em>Los dos bajo la nieve.</em><br />
<em>En Rila, por ejemplo.</em><br />
<em>Cerca del cementerio.</em><br />
<em>Los dos a la intemperie.</em><br />
<em>En medio de un camino</em><br />
<em>que nunca hemos sabido</em><br />
<em>a dónde lleva.</em></p>
<p>Otra constante en este &#8216;Cuaderno&#8217;, que también lo vertebra, es la presencia entrevista del otro, de ese sueño fugaz que asalta al viajero y que le hace preguntarse cómo sería su vida en ese lugar. Creo advertir ese desdoblamiento levemente cuando descubre a alguien que le observa desde un balcón de una fachada (poema 7) o en el poema 37 donde habla sobre las elegantes estatuas de hombres con abrigo y termina recordando la de los Slaveikov donde dos poetas, padre e hijo, &#8220;ven, desde la eternidad / pasar el tiempo&#8221;. Y más claramente aparece en los poemas 42 y 43:</p>
<p><em>Porque ¿cómo ponerse en el lugar del otro?,</em><br />
<em>¿cómo saber si aquello que intuimos</em><br />
<em>es en la realidad lo que sucede?</em><br />
<em>Es fácil suponer qué pasaría</em><br />
<em>si viviera uno aquí.</em><br />
<em>Más sólo eso: imaginarlo [&#8230;]</em></p>
<p><em>*</em></p>
<p><em>Lleva uno otra ciudad</em><br />
<em>su ciudad dentro.</em><br />
<em>Con ella la compara.</em><br />
<em>En ella sueña</em><br />
<em>ser siquiera unos días</em><br />
<em>alguien que es otro.</em></p>
<p>Comprenderán que no puedo dejar de advertir que en ese dibujo del paisaje hay otra presencia real pero también poética que nos va acompañando en el paseo: la nieve (&#8220;la ciudad es un mapa / cubierto por la nieve&#8221;, &#8220;Una ciudad blanca / debido a la nevada&#8221;, &#8220;dibujadas de blanco / por la nieve&#8221;, &#8220;La nieve se derrite&#8221;, &#8220;Los dos bajo la nieve&#8221;&#8230;).</p>
<p>Y todo contando con la sencillez desacomplejada de la maestría en la que se ha instalado la voz poética de Álvaro Valverde, desnuda y profunda a la vez, limpia y exacta; y con una claridad que, sin embargo, esconde significados que para ser descubiertos necesitan de la misma inteligencia y sensibilidad que él ha tenido al hablar de la decadente Sofía. Una sencillez tranquila que, sin embargo, va calando a lo largo de la lectura impregnándonos de su &#8220;humilde verdad&#8221;.</p>
<p>Decía al principio que, como broche inesperado, el libro se cierra con el &#8216;Cuaderno suizo&#8217; que consta de dos partes bien diferenciadas tanto en el tono como, sospechoso, en la concepción.</p>
<p>&#8216;Grandson&#8217; lo configuran nueve poemas o fragmentos de un único texto donde se plasma la impresión que le causó la visita a esta aldea medieval suiza y donde se refuerza la contención y la elegancia de ese paseante por un espacio casi mágico que contempla un jardín, una luz tras las ventanas, las calles estrechas&#8230; &#8220;Es agradable, sí, / sentir cómo los pies / recorren el camino de este sueño&#8221;.</p>
<p>Diferente es &#8216;Ginebra&#8217;, donde hay una compilación de textos que persiguen la sombra perdida de admirados poetas que pasaron por la ciudad: Eugenio Montejo y Ramos Sucre, Costafreda, Valente, Aquilino Duque, Gimferrer, María Zambrano y, sobre todo, Borges con la hermosa descripción de su tumba y el relato de una curiosa anécdota personal sobre el borgiano &#8216;El oro de los tigres&#8217;. De esta parte me impresiona especialmente el poema dedicado a Alfonso Costafreda, un texto de tal calidad, que me emocionó incluso en un recitado tan adverso como el de presentación en la Feria del libro de Cáceres (quien lo probó, sabe a qué me refiero).</p>
<p><em>Por estas calles caminó doliente</em><br />
<em>Alfonso Constafreda.</em><br />
<em>Enfermo imaginario,</em><br />
<em>confeso melancólico.</em><br />
<em>[&#8230;]</em><br />
<em>Nunca alcanzó la imagen</em><br />
<em>que soñó de sí mismo:</em><br />
<em>[&#8230;]</em></p>
<p>Y así se cierra este esperado &#8216;Sobre el azar del mapa&#8217;. &#8220;Homo viator&#8221;, dijeron los clásicos, y todos comprendimos que el viaje es la metáfora más perfecta de la vida. Porque tras la sencillez de estos versos, de esas imágenes recordadas de manera aparentemente fortuita, se asienta una profunda reflexión existencial que va más allá del retrato histórico; el propio yo poético lo reconoce al contemplar la corriente del Ródano: &#8220;Su limpia transparencia / -para mí, una metáfora-&#8220;.</p>
<p>Limpia transparencia, quizás la definición más acertada para la obra de uno de nuestros más altos maestros.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Álvaro Valverde, &#8216;Sobre el azar del mapa&#8217;, Barcelona, Tusquets, 2023.</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/una-humilde-verdad-o-la-tranquila-sencillez-de-los-maestros-sobre-el-azar-del-mapa-de-alvaro-valverde-barcelona-tusquets-2023/blogueros/dionisio-lopez/">&#8220;Una humilde verdad&#8221; o la tranquila sencillez de los maestros. &#8216;Sobre el azar del mapa&#8217; de Álvaro Valverde (Barcelona, Tusquets, 2023)</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>A propósito de &#8216;Vida salvaje&#8217;, de Juan Ramón Santos</title>
		<link>https://www.grada.es/a-proposito-de-vida-salvaje-de-juan-ramon-santos-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 May 2023 16:30:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[ascensores]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Ramón Santos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[poemas]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Vida salvaje]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Después de meses de lecturas semiobligadas, empiezo a despejar las columnas de libros que, como un bosque de estalagmitas, ha ido creciendo por mi casa. Así llego a &#8216;Vida salvaje&#8217;. Este libro de poemas, con rostro amable y ropas perfectamente medidas en endecasílabos y heptasílabos, preferentemente, va dejando ver con suavidad un lado oculto y, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="950" height="550" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/05/Sin-titulo-1-11.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="A propósito de &#039;Vida salvaje&#039;, de Juan Ramón Santos" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/05/Sin-titulo-1-11.jpg 950w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/05/Sin-titulo-1-11-300x174.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/05/Sin-titulo-1-11-768x445.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2023/05/Sin-titulo-1-11-600x347.jpg 600w" sizes="(max-width: 950px) 100vw, 950px" /><p data-canvas-width="641.6959999999998">Después de meses de lecturas semiobligadas, empiezo a despejar las columnas de libros que, como un bosque de estalagmitas, ha ido creciendo por mi casa. Así llego a &#8216;Vida salvaje&#8217;.</p>
<p data-canvas-width="642.0333333333328">Este libro de poemas, con rostro amable y ropas perfectamente medidas en endecasílabos y heptasílabos, preferentemente, va dejando ver con suavidad un lado oculto y, por momentos, inquietante. Se mantienen algunas de las señas de identidad de su autor: la atención cuidada a la forma, la retórica sutil y clara, la constate ironía que produce un efecto casi kafkiano en el lector con el contraste entre el tono sencillo y ligero, y el contenido profundo y, a veces, desolador. De esta manera, se establece un choque entre lo que se cuenta y su tono.</p>
<p data-canvas-width="231.08800000000008">Desde el primer bloque del libro, &#8216;Día de campo&#8217;, nos adentramos en el mundo apacible de la infancia (&#8220;al aire infinito de la infancia&#8221;, dice en un verso) en la naturaleza, retratada esta como en los viejos tópicos del Locus amoenus y del Beatus ille cantándose con nostalgia a la sencillez, a lo esencial. Se suceden escenas amables, casi costumbristas (la furgoneta del panadero, un día de cosecha&#8230;), pero en esa cotidianidad el poeta nos asalta con continuos paralelismos existenciales. De esta manera, algo tienen estos poemas de parábola o fábula moderna. En la observación del mundo vamos extrayendo enseñanzas, como cuando el repaso a los árboles de su infancia se traduce en &#8220;la más sabia lección de resistencia&#8221;.</p>
<p data-canvas-width="641.8720000000004">La añoranza de la vida en la naturaleza es, al fin, la nostalgia de la infancia, de los primeros descubrimientos: jamás volverá a sentir el furor que producía la lectura en esa época remota, certifica en &#8216;El tesoro de la isla&#8217;.</p>
<p data-canvas-width="209.4546666666667"><em>&#8220;no volvería a sentir aquel furor,</em><br />
<em>aquel deslumbramiento, el arrebato</em><br />
<em>de aquel verano penetrando a tientas&#8221;</em></p>
<p data-canvas-width="641.989333333333">Pero esa naturaleza, esa vida rural, que por momentos es paraíso, refugio y armonía, en ocasiones muestra un lado oculto apareciendo el tedio o la violencia (&#8220;mátalo con la azada&#8221;), aunque pronto se le concluya como el único consuelo posible (&#8220;volverán/ sin nostalgia las aguas a su cauce&#8221;).</p>
<p data-canvas-width="641.0360000000002">El yo poético comprende, pasado el tiempo, que en aquel último verano de su infancia sintió por vez primera &#8220;la terrible pobreza de estar vivo&#8221; o &#8220;el inmenso vacío que nos deja/ querer medirnos con el universo&#8221;.</p>
<p data-canvas-width="395.12">Ya hacia el final del libro, en el tercer bloque de poemas, Aprendizaje, se sucede una serie de retratos de personas o paisajes o momentos (como ese en el que el albañil sella un nicho). Hay una suerte de curioso equilibrio entre el uso cotidiano del lenguaje (tanto en el léxico, en las expresiones&#8230;) y la profunda atención formal con la preferencia de metros clásicos. Ese contraste, seña de identidad, entre el tono ligero, casi informal, y el dolor terrible de lo que cuenta, lo podemos apreciar en el poema &#8216;Retrospectiva&#8217; cuando fantasea con asistir como espectador a su propio entierro mientras se encuentra &#8220;vivito y coleando&#8221;.</p>
<p data-canvas-width="211.93333333333334"><em>&#8220;Hoy uno lleva demasiadas pérdidas</em><br />
<em>a cuestas como para, aún,</em><br />
<em>creer en una muerte reversible&#8221;.</em></p>
<p data-canvas-width="641.7253333333333">Otra marca fundamental del autor presente en estos poemas es la ironía que baña todo el libro y hace de contrapunto ocasional, de desahogo, a las referencias desoladoras. Hay ironía, por ejemplo, cuando describe la extrañeza que le produce el que el día de un entierro resplandezca un cielo luminoso y no sea de &#8220;lluvia, vendavales o borrascas&#8221;, tal y como nos ha educado la tradición del Romanticismo.</p>
<p data-canvas-width="232.39333333333337"><em>&#8220;el mundo nos ignora o que, tal vez,</em><br />
<em>le importa poco nuestra pesadumbre,</em><br />
<em>o que, quizás, por no pensar mal</em><br />
<em>ni ponerme nefasto por las buenas,</em><br />
<em>no tiene mucho aprecio que se diga</em><br />
<em>por la Literatura&#8221;.</em></p>
<p data-canvas-width="641.3586666666667">Un libro, en definitiva, de rostro amable y hospitalario, pero que no renuncia a mostrarnos los oscuros rincones del alma (esa vida salvaje), y que con un aire evocador nos traslada a la esencialidad, envolviéndonos con su ritmo suave en una atmósfera de familia grata y cálida, melancólica, que nos hace esbozar una leve sonrisa en mitad de &#8220;esta vida tan rara&#8221; y nos ayuda, como toda la buena literatura, a &#8220;seguir cuerdos en toda esta locura&#8221;.</p>
<p data-canvas-width="641.3586666666667"><em><strong>Introducción a los ascensores</strong></em></p>
<div data-canvas-width="641.3586666666667">
<div class="text-wrapper user-select-text">
<div data-canvas-width="230.61866666666677"><em>Que la muerte requiere aprendizaje</em></div>
<div data-canvas-width="223.34400000000016"><em>de todos es sabido y por entonces</em></div>
<div data-canvas-width="235.59066666666675"><em>yo acababa de entrar en parvulario.</em></div>
<div data-canvas-width="199.61333333333334"><em>Mi primera lección fue conocer</em></div>
<div data-canvas-width="224.98666666666674"><em>lo que duele el teléfono a deshora,</em></div>
<div data-canvas-width="267.34400000000016"><em>cuando, al caer la tarde, en la penumbra,</em></div>
<div data-canvas-width="240.41600000000005"><em>suena en el recibidor con insistencia,</em></div>
<div data-canvas-width="283.6386666666668"><em>cómo al colgar, vencidos, caen los cuerpos,</em></div>
<div data-canvas-width="250.97600000000006"><em>cómo se mezcla el llanto con los gritos</em></div>
<div data-canvas-width="233.94800000000012"><em>y fluye hasta agotar los manantiales</em></div>
<div data-canvas-width="234.68133333333344"><em>dejando atrás miembros dislocados,</em></div>
<div data-canvas-width="221.67200000000005"><em>la espalda lastimada, temblorosas</em></div>
<div data-canvas-width="222.53733333333344"><em>las manos y la boca, que se afana</em></div>
<div data-canvas-width="217.74133333333342"><em>en hallar una excusa convincente</em></div>
<div data-canvas-width="200.46400000000008"><em>que disfrace la fuente del dolor</em></div>
<div data-canvas-width="245.43200000000016"><em>que ha anegado la casa tan de golpe.</em></div>
<div data-canvas-width="259.2626666666668"><em>Pero antes de ese día, que fue el último</em></div>
<div data-canvas-width="227.46533333333346"><em>de los tuyos, tú ya me habías dado</em></div>
<div data-canvas-width="241.2080000000002"><em>otra lección primera, aunque de vida,</em></div>
<div data-canvas-width="228.31600000000006"><em>que no he tenido tiempo de olvidar.</em></div>
<div data-canvas-width="243.67200000000017"><em>Fue en el ambulatorio, ibas al médico</em></div>
<div data-canvas-width="242.68933333333342"><em>y, no sé bien por qué, yo iba contigo.</em></div>
<div data-canvas-width="247.8520000000002"><em>Teníamos que subir una o dos plantas</em></div>
<div data-canvas-width="200.24400000000003"><em>y, por no utilizar las escaleras,</em></div>
<div data-canvas-width="216.0106666666667"><em>presionaste un botón con una luz</em></div>
<div data-canvas-width="215.9813333333334"><em>que desató un crujido de metales</em></div>
<div data-canvas-width="231.42533333333338"><em>profundos, crepitantes, angustiosos</em></div>
<div data-canvas-width="211.8893333333334"><em>que solo me dejaron de abrumar</em></div>
<div data-canvas-width="256.6960000000001"><em>cuando abriste la puerta sin pensártelo.</em></div>
<div data-canvas-width="213.45866666666672"><em>Vosotros dos entrasteis, pero yo,</em></div>
<div data-canvas-width="277.2440000000001"><em>que no había visto nunca un monstruo así,</em></div>
<div data-canvas-width="225.8960000000001"><em>me detuvo espantado en el umbral</em></div>
<div data-canvas-width="249.48000000000005"><em>sin ser capaz de dar un paso al frente,</em></div>
<div data-canvas-width="263.29600000000016"><em>negándome a inmolarme, pero entonces</em></div>
<div data-canvas-width="219.13466666666673"><em>tú comprendiste mi terror de niño,</em></div>
<div data-canvas-width="215.90800000000004"><em>me ofreciste tu mano y tu sonrisa</em></div>
<div data-canvas-width="208.66266666666672"><em>de chavalín de seis o siete años</em></div>
<div data-canvas-width="240.24000000000012"><em>y me llevaste adentro y, con ternura,</em></div>
<div data-canvas-width="267.38800000000015"><em>me enseñaste que no hay por qué temer,</em></div>
<div data-canvas-width="255.09733333333338"><em>porque lo cierto es que los ascensores,</em></div>
<div data-canvas-width="235.59066666666672"><em>pese a sus ruidos y a su luz lechosa</em></div>
<div><em>y a su siniestro aspecto de ataúdes,</em></div>
<div><em>no suelen ir directos hasta el cielo.</em></div>
</div>
</div>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>A propósito de &#8216;Los planetas fantasma&#8217;. Dionisio López</title>
		<link>https://www.grada.es/a-proposito-de-los-planetas-fantasma-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Dec 2022 17:00:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[Secciones]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Los planetas fantasma]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa Berbel]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.grada.es/?p=198493</guid>

					<description><![CDATA[<p>Con paso firme, pero delicado, avanza la obra de Rosa Berbel. Su segundo poemario, Los planetas fantasma, aparece de manera sorpresiva en una colección, Nuevos textos sagrados, de autores con amplias trayectorias. Sin embargo, el tono del libro y su calidad, justifican esta variación de criterio de los editores. Lo celebro. Los planetas fantasma nos [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/a-proposito-de-los-planetas-fantasma-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/">A propósito de &#8216;Los planetas fantasma&#8217;. Dionisio López</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/12/20221205_losplanetasfantasma_dionisiolopez.png" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Los planetas fantasma Dionisio López" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/12/20221205_losplanetasfantasma_dionisiolopez.png 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/12/20221205_losplanetasfantasma_dionisiolopez-300x169.png 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/12/20221205_losplanetasfantasma_dionisiolopez-768x432.png 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/12/20221205_losplanetasfantasma_dionisiolopez-600x338.png 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/12/20221205_losplanetasfantasma_dionisiolopez-750x422.png 750w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/12/20221205_losplanetasfantasma_dionisiolopez-800x450.png 806w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>Con paso firme, pero delicado, avanza la obra de Rosa Berbel. Su segundo poemario, Los planetas fantasma, aparece de manera sorpresiva en una colección, Nuevos textos sagrados, de autores con amplias trayectorias. Sin embargo, el tono del libro y su calidad, justifican esta variación de criterio de los editores. Lo celebro.</p>
<p>Los planetas fantasma nos inserta, por medio de un ritmo sutil, suave y elegante, en un espacio cósmico y clásico, atento tanto al exterior (“Y el universo entra por el hueco/ en el que antes había una ventana”) como a un pasado extinto que une, de una manera hábil, lo histórico con lo particular: “Todos los invitados se llevaron consigo/ un trozo de la fiesta, como el que arranca/ piedras de un bello templo griego”. La fiesta de la juventud, la fiesta de la vida y la fiesta de un viejo imperio caídas y desmontadas piedra a piedra por cada uno de nosotros.</p>
<p>Los temas del libro son los de siempre, los de toda la poesía de verdad; vida, amor y muerte; pero todo recorrido por un aire crepuscular y melancólico: las piscinas y los pisos están vacíos, las fiestas han terminado, “Todo lo que un día nos hizo sonreír/ está ahora muerto”.</p>
<p>Para mí, lo realmente original del libro y de la autora es el respeto a los pilares sobre los que debe caminar la poesía: el sonido y el símbolo, o lo que es lo mismo, la música y la metáfora. Y todo apoyado en el bastón de la tradición. Esos tres elementos, que tanto cuesta encontrar hoy en día juntos en los poemarios, unidos al talento de Rosa Berbel, son los que dotan de una suave emoción, a este viaje cósmico y misterioso.</p>
<p>El yo poético mira, mira al paisaje, mira a la calle y a la noche, mira al parque y los arbustos secos… mira y trata de explicar el mundo a través de unos versos que reflexionan una y otra vez sobre nuestra posición ética en una realidad contradictoria y misteriosa (“¿Recordáis el placer y las posibilidades?”).</p>
<p>Y el lenguaje, la reflexión sobre el lenguaje como elemento iluminador: “Estaba el mundo a oscuras y nosotros tuvimos que nombrarlo”, “Deberíamos buscar una palabra”&#8230; Un lenguaje que será la única realidad firme ante la oscuridad: “¿Cómo dábamos nombre a los objetos/ sin haberlos visto nunca?”.</p>
<p>Cierras el libro y uno no adivina si los planetas fantasma son una posibilidad de futuro, de misterio y de esperanza hacia lo inexplorado, o una certificación de que toda nuestra realidad y nuestras raíces culturales ya no existen. Y es ahí, en esa indefinición, donde está la riqueza y la profundidad de todo lo poético. “Se llama devoción”.</p>
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		<title>Imagen primera de Luis Landero. Dionisio López</title>
		<link>https://www.grada.es/imagen-primera-de-luis-landero/blogueros/dionisio-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Nov 2022 10:33:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Landero]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/11/20221114_imagenprimeraluislandero_dionisiolopez.png" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Luis Landero Dionisio López" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/11/20221114_imagenprimeraluislandero_dionisiolopez.png 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/11/20221114_imagenprimeraluislandero_dionisiolopez-300x169.png 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/11/20221114_imagenprimeraluislandero_dionisiolopez-768x432.png 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/11/20221114_imagenprimeraluislandero_dionisiolopez-600x338.png 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/11/20221114_imagenprimeraluislandero_dionisiolopez-750x422.png 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>En abril de 2002 yo estaba terminando la carrera de Filología en Salamanca, gracias a la recién creada Beca Séneca. Una tarde, casi por casualidad, asistí junto a un compañero de piso, a una charla de Luis Landero en la biblioteca Torrente Ballester. De él poco sabía, solo lo que mis profesores en los primeros años de la carrera en Cáceres me habían dicho de manera puntual. Luis se encontraba promocionando El guitarrista, novela claramente inspirada en su adolescencia madrileña. Habló de sus noviazgos, de sus gamberreos, de sus primeros tonteos con la guitarra y con la literatura&#8230; Quedé completamente seducido por su forma de expresarse, su pasión, su alegría&#8230; bueno quien le ha visto sabe de qué hablo. Me dedicó una edición, que conservo completamente desencuadernada y subrayada, de Juegos de la edad tardía: «Para Dionisio, paisano y, desde ahora, amigo, porque los amigos de mis personajes también lo son míos».</p>
<p>Al día siguiente, la biblioteca abrió a las nueve y media. A esa hora entré con varias carpetas de apuntes sobre etimología lingüística que finalmente no iba a tocar. Me senté en la última mesa, de cara a un gran ventanal que daba al Paseo de los Olivos y a un parque presidido por una bonita edificación de piedra de planta octogonal, tal vez fuera un depósito, rodeado de bancos, césped y perros mañaneros. Comencé a leer… «La mañana del 4 de octubre, Gregorio Olías se levantó más temprano de lo habitual…». Recuerdo que pensé en Kafka y que escribí encima, con lápiz, «La metamorfosis». Gregorio Olías. ¡Qué curioso! Ese día entró en mi vida este personaje de ficción que tanta ternura me provoca, que tanto me acompaña, en el que tantas veces pienso como si fuera un ser querido&#8230; Leí sin parar toda la mañana. No hubo los cotidianos cafés, periódicos, hojeo de libros y películas, ojeo de lectores adyacentes, ni pensamientos en las nubes, ni vagabundeo en general. Sólo leer. Sólo pasear por aquel Madrid gris de posguerra. Bajé y comí algo rápido, un bocadillo quizás, sin abandonar la nebulosa en que toda obra artística nos sumerge.</p>
<p>De vuelta a la mesa fui testigo de la vorágine quijotesca en la se sumía Gregorio, acompañado por otro soñador llamado Gil… Casi sin darme cuenta recorrí capítulos. Casi sin darme cuenta llegaron las nueve de la noche y me echaron de la biblioteca. Casi sin darme cuenta me senté en un banco del parqué y leí las veinte páginas finales… que ya no transcurrían en Madrid, sino en el pueblo de infancia de Gregorio… sospechosamente parecido al pueblo de infancia de Luis y al que veo cada mañana desde las ventanas de mi instituto.</p>
<p>Aquella noche tardé en volver al piso. Paseé conservando el ensueño de la historia (en la que estoy seguro, todavía sigo un poco atrapado).</p>
<p>En aquel tiempo Landero había publicado cuatro libros más. Quince días después los había leído todos en riguroso orden cronológico. Busqué entrevistas, artículos, reseñas… Desde entonces, cada vez que sale algo nuevo, no pasan más de dos o tres días sin que lo haya leído.</p>
<p>¿Quién me iba a decir que, pasado el tiempo, el padre de Gregorio y de Gil, de Emilio y Raimundo, de Dámaso y Tomás, de Lino, de Matías Moro y Manuel Pérez Aguado y Amalia y Alicia y Martina y Teresa y Aurora y Marcial Pérez&#8230; iba a abrazarme cada vez que me viera o a pedirme que le acompañara en la presentación de su precioso El balcón en invierno en su pueblo o a reírnos juntos paseando por la casa de su infancia?</p>
<p>Sentado aquella sala de la Biblioteca Pública Torrente Ballester, minutos antes de que apareciera, ¿quién iba a pensar que aquel señor se iba a convertir en un maestro absoluto y que iba a leer mis libros y a llamarme para hablarme de ellos?</p>
<p>Porque volví a ver a Luis ese verano, en El Escorial, y muchas veces después… Y el azar caprichoso me llevó a Alburquerque, y me dio la fortuna de agradecerle un poco tantas horas de compañía, presidiendo el premio que lleva su nombre. Pero bueno, eso es otra historia.</p>
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		<title>&#8216;Soldados y padres&#8217;. Dionisio López</title>
		<link>https://www.grada.es/soldados-y-padres-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Apr 2022 15:00:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Jiménez Millán]]></category>
		<category><![CDATA[ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[Fundacion jose manuel lara]]></category>
		<category><![CDATA[Jane Durán]]></category>
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		<category><![CDATA[José Jurado Morales]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Llamazares]]></category>
		<category><![CDATA[Leopoldo de Luis]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Premio Manuel Alvar a Estudios Humanísticos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Sé que una noche amoratada, te creció un fusil entre las manos. Fue como una primavera de fusiles nacida a borbotones entre un brillo nervioso de cigarros. ¿Recuerdas? Y tú, con zapatos sucios de miedo y de tristeza, te marchaste a pisar aquella España llena de sangre y de inmisericordia.” Estos versos del poeta Julio [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/04/20220404_blogs_dionisiolopez.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="&#039;Soldados y padres&#039;. Dionisio López" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/04/20220404_blogs_dionisiolopez.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/04/20220404_blogs_dionisiolopez-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/04/20220404_blogs_dionisiolopez-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/04/20220404_blogs_dionisiolopez-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/04/20220404_blogs_dionisiolopez-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>“Sé que una noche amoratada, te creció un fusil entre las manos.<br />
Fue como una primavera de fusiles nacida a borbotones entre un brillo nervioso de cigarros. ¿Recuerdas?<br />
Y tú, con zapatos sucios de miedo y de tristeza, te marchaste a pisar aquella España llena de sangre y de inmisericordia.”</p>
<p>Estos versos del poeta Julio Llamazares (autor de &#8216;Memoria de la nieve&#8217; y de &#8216;La lluvia amarilla&#8217;) ejemplifican bien algunas de las ideas de este interesantísimo ensayo, &#8216;Soldados y padres. De guerra, memoria y poesía&#8217; (Fundación José Manuel Lara, 2021) que ganó el último Premio Manuel Alvar a Estudios Humanísticos: la participación repentina y casual de aquella generación que se vio sumergida brusca e inesperadamente en la Guerra Civil española. Jóvenes cuyos proyectos de vida se vieron alterados radicalmente y que tuvieron que rehacerse partiendo de aquellas vivencias.</p>
<p>Pero lo original y la genialidad del ensayo radica en que todos ellos fueron, con el tiempo, padres de relevantes poetas (Joan Margarit, Jane Durán, Jorge Urrutia, Jacobo Corines, Miguel d’Ors, Pere Rovira, Andrés Trapiello, Antonio Jimñenez Millán y Lulio Llamazares) y es, precisamente, a través de los versos de los hijos como reconstruimos la experiencia bélica de los padres.</p>
<p>“Dentro de cada silencio hay otro<br />
y otro, cada uno más completo,<br />
los que quedaron atrás<br />
en los chopos donde aún recuerdan al pueblo.”<br />
(Jane Durán)</p>
<p>Pero claro, este ensayo no se podía quedar únicamente en las repercusiones individuales o sociales de la guerra; muy al contrario, se sumerge de lleno en uno de los asuntos más clásicos e inagotables de la Historia del Arte, las relaciones entre padres e hijos.</p>
<p>Por medio de los textos poéticos vemos cómo los poetas tratan de reconstruir los espacios biográficos y mentales de sus padres; tratan, en definitiva, de comprender y de conocer al hombre al que supuesta o teóricamente más deberíamos parecernos, quien más semejante es a nosotros pero que, mayoritariamente, es un extraño.</p>
<p>“De la guerra quedó el viejo capote<br />
de un desertor encima de mi cama.<br />
En la noche sentía el tacto áspero<br />
de aquellos años, que no fueron<br />
los más felices de mi vida.<br />
Sin embargo, el pasado acaba siendo<br />
fraternidad de lobos y nostalgia.<br />
(&#8230;)<br />
Las lágrimas a veces se deslizan<br />
tras el cristal oscuro de mis gafas.<br />
La vida es un capote de desertor.”<br />
(Joan Margarit)</p>
<p>Conforme avanza el ensayo vamos conociendo más biografías y más textos poéticos sobre ellas, vamos revelando esa necesidad de cada uno, en este caso de los poetas, de construir o, quizás, de descubrir su propia identidad (¿la identidad de construye o se descubre?) y para ello se hace fundamental acercarse, conocer y, finalmente, comprender al padre y, en algunos casos, de perdonarlo.</p>
<p>Estos poetas son hijos de padres que tomaron partido, más o menos obligados, en una fratricida guerra y, desde el desconcierto, el hijo trata de comprender a su padre. Y para ello utiliza la herramienta poética.</p>
<p>“Me resulta difícil<br />
mirar fotografías más antiguas,<br />
pensarte en aquel tiempo de violencia,<br />
el otoño durísimo en el frente<br />
de Alcalá la Real.<br />
Seguiste obedeciendo órdenes,<br />
disimulando el miedo<br />
en aquellos camiones que os llevaron<br />
por caminos de grava a las trincheras,<br />
a las plazas de aldeas miserables,<br />
ateridas de espanto.”<br />
(Antonio Jiménez Millán)</p>
<p>Un ensayo apasionante, iluminador, que nos adentra nuevamente en el hecho social más transcendental de nuestra historia reciente y que lo une a uno de los ejes troncales en todos nosotros, la relación paternofilial. Es decir, lo social y lo individual unido y analizado por medio de la mirada y la voz poética.</p>
<p>“De negros pozos sube un vaho fétido.<br />
El sabor de la sopa en cada lengua<br />
como una comunión sacrílega. Resuelve<br />
los estómagos sucios. A esto sabe<br />
el rencor de los otros y la sangre<br />
perdida. El sabor de la denuncia.<br />
Es el sabor del miedo y de la derrota.”<br />
(Leopoldo de Luis)</p>
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		<title>Tanto que leer. Dionisio López</title>
		<link>https://www.grada.es/tanto-que-leer-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Mar 2022 11:07:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[Secciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Merino]]></category>
		<category><![CDATA[Carmen Riera]]></category>
		<category><![CDATA[lectura]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Rivero Taravillo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Tanto que leer”, así dicho, es una frase que queda ambigua, ciertamente; es una proclama celebrativa, claro, pero también es una suerte de queja, de lamento por no poder abarcar todo lo deseado. Vivir siempre será poco, aunque la vida, a veces, sea lenta y barroca. Esto se me viene a la mente cuando ahora, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="854" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220326_blogs_dionisiolopez.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Tanto que leer. Dionisio López" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220326_blogs_dionisiolopez.jpg 854w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220326_blogs_dionisiolopez-300x158.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220326_blogs_dionisiolopez-768x405.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220326_blogs_dionisiolopez-600x316.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220326_blogs_dionisiolopez-750x395.jpg 750w" sizes="(max-width: 854px) 100vw, 854px" /><p>“Tanto que leer”, así dicho, es una frase que queda ambigua, ciertamente; es una proclama celebrativa, claro, pero también es una suerte de queja, de lamento por no poder abarcar todo lo deseado. Vivir siempre será poco, aunque la vida, a veces, sea lenta y barroca.</p>
<p>Esto se me viene a la mente cuando ahora, de pronto, escucho en &#8216;El ojo crítico&#8217;, vía podcast, una entrevista a la poeta Ana Merino (“a nadie le sorprende el temblor de tus labios / en la lenta hermosura de cada suicidio”) sobre su nueva novela (&#8216;Amigo&#8217;, Ediciones Destino) en la que narra con la pátina de la ficción la relación de amistad entre Federico García Lorca y Joaquín Amigo a partir de cartas que se conservan.</p>
<p>Estas cartas y otros documentos los encontró de forma completamente casual y, a partir de ahí, ha podido reconstruir el ambiente de uno de los momentos más apasionantes y épicos de nuestra historia: desde los felices años con la Residencia de Estudiantes como centro de la cultura hasta el asesinato de ambos en las primeras semanas de la Guerra Civil.</p>
<p>Esta fue la segunda entrevista del día. Por la mañana, esta vez en &#8216;La estación azul&#8217;, había escuchado a Rivero Taravillo hablar sobre su novela &#8216;1922&#8217; (Pretextos), en la que recrea los avatares en la composición de dos obras fundamentales en la historia de la literatura: &#8216;Ulises&#8217; (James Joyce) y &#8216;La tierra baldía&#8217; (T. S. Eliot).</p>
<p>Describe aquel París del que nos habla Hemingway (&#8216;París era una fiesta&#8217;) y al que quiere huir el personaje de Woody Allen de &#8216;Media noche en París&#8217;; las relaciones entre intelectuales y artistas (Ezra Pound, W. B. Yeats, Proust, Stravinski y Picasso, Sylvia Beach…), el surgir del surrealismo, los cafés, las calles&#8230; Otro momento fascinante del que siempre quiero conocer más.</p>
<p>Y también por la mañana, esta vez leyendo &#8216;El Cultural&#8217;, descubro en la columna de Anson la nueva biografía sobre Carmen Balcells escrita por Carmen Riera (&#8216;Carmen Balcells, traficante de palabras&#8217;, Ed. Debate). Balcells, una figura extraordinaria durante más de 50 años, testigo y motor del &#8216;boom&#8217;, es decir, García Márquez, Valgas Llosa, Julio Cortázar, José Donoso, Carlos Fuentes&#8230;</p>
<p>Rastreo videos suyos y me emociono al ver su pasión y su fortaleza en el cuerpo de una anciana de pelo blanco y limpio. Busco en mi biblioteca otro extenso ensayo que me fascinó y que narra aquella Barcelona descomunal: &#8216;Aquellos años del boom&#8217; (Xavi Ayén, RBA, 2014).</p>
<p>El mundo literario del siglo XX es inacabable, inabarcable, y uno comprende que sigan saliendo libros sobre ese universo. Tanto que leer. Iremos poco a poco y que siga la fiesta.</p>
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		<title>A propósito de&#8230; &#8216;Trasposiciones&#8217; (De la luna libros, 2021), de Antonio Rivero Machina. Dionisio López</title>
		<link>https://www.grada.es/a-proposito-de-trasposiciones-de-la-luna-libros-2021-de-antonio-rivero-machina-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Mar 2022 20:18:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Rivero Machina]]></category>
		<category><![CDATA[De la luna libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[trasposiciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esquematizando mucho, podemos decir que existen dos maneras de crear un libro de cuentos (y algo similar ocurre con los poemarios o con las colecciones pictóricas): se puede proyectar un plan funcionarial que marque unas líneas generales (temática, tono, estructura, extensión…) y, a partir de él, ponerse a escribir; o, por el contrario, podemos ir [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/a-proposito-de-trasposiciones-de-la-luna-libros-2021-de-antonio-rivero-machina-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/">A propósito de&#8230; &#8216;Trasposiciones&#8217; (De la luna libros, 2021), de Antonio Rivero Machina. Dionisio López</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220317_blogs_dionisiolopez.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="A propósito de... &#039;Trasposiciones&#039; (De la luna libros, 2021), de Antonio Rivero Machina. Dionisio López" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220317_blogs_dionisiolopez.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220317_blogs_dionisiolopez-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220317_blogs_dionisiolopez-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220317_blogs_dionisiolopez-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2022/03/20220317_blogs_dionisiolopez-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>Esquematizando mucho, podemos decir que existen dos maneras de crear un libro de cuentos (y algo similar ocurre con los poemarios o con las colecciones pictóricas): se puede proyectar un plan funcionarial que marque unas líneas generales (temática, tono, estructura, extensión…) y, a partir de él, ponerse a escribir; o, por el contrario, podemos ir creando cuentos a lo largo de los meses o los años, hasta advertir un día, en el devenir del tiempo, que uno ha acumulado un número interesante de textos que juntos bien podrían formar un libro y, visto esto, tratar de buscar la conexión entre ellos para dotar de cierta unidad al conjunto. En el primer caso, vamos de la coherencia a la obra y, en el segundo, hacemos el camino inverso.</p>
<p>Y eso último es lo que ha ocurrido con &#8216;Trasposiciones&#8217;, el libro de relatos de Antonio Rivero Machina que acaba de publicar la editorial emeritense De la luna libros. En él se reúnen textos escritos, en algunas ocasiones, con más de una década de diferencia. Me resulta muy interesante la posición del creador, Antonio en este caso, analizando su propia obra, con una mezcla de visión de escritor, lector y crítico, tratando de descubrir esos hilos invisibles que puedan estructurar ese tapiz en el que luego cada cuento tendrá su propio color.</p>
<p>Antonio lo consigue inteligentemente haciendo un homenaje a algunas de las obras cumbres de la literatura, pues los títulos de cada uno de los ocho relatos son prestados, con mayor o menor fidelidad, por una célebre obra literaria. De esta forma, a su vez, propone un curioso juego al lector que tendrá la posibilidad de leer cada uno de los relatos de dos maneras: una despejada y directa, lanzándose de lleno al cuento y buscando su significado intrínseco e individual; y una segunda, donde ese mismo lector tendrá que buscar esa comunicación entre el cuento de Antonio y la obra literaria nombrada. Es decir, ¿qué hay de &#8216;El extranjero&#8217;, la deslumbrante novela de Albert Camus, en el relato homónimo de Rivero Machina? Este juego, dota al libro de una interesante profundidad y multiplica sus posibilidades significativas.</p>
<p>Dicho esto, uno de los mayores encantos de &#8216;Trasposiciones&#8217; está en la expectación con que nos adentramos en cada uno de los relatos, pues cada uno presenta un mundo propio, incluso un tono distinto, ofreciendo un buen catálogo de los diferentes subgéneros cuentísticos.</p>
<p>Sin tratar de descubrir mucho más del libro, sí quiero destacar la defensa del estilo propio, la llamada voz del autor, un estilo variado pero reconocible a lo largo de estas &#8216;Trasposiciones&#8217; (algo que también coadyuva a su unidad). En los últimos tiempos tengo la sensación de que los cánones estilísticos contemporáneos, sumándose a esa corriente de simplificar todo al lector, defienden un adelgazamiento de la personalidad en los textos atacando, por ejemplo, a la descripción o a la adjetivación, tratando de uniformar, de esta manera, el panorama narrativo. Es decir, eliminando la voz del autor. No ocurre eso en estos cuentos, donde encontramos un estilo personal, fuera de complejos y modas.</p>
<p>Un libro, en definitiva, que gustará muy especialmente a los amantes de la literatura: esos, cada vez más, huéspedes de las catacumbas.</p>
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		<title>&#8216;Confesiones del apócrifo Cervantes&#8217;, de Jaime Covarsí. Dionisio López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Dionisio López]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Mar 2021 09:00:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dionisio López]]></category>
		<category><![CDATA[Alburquerque]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonso Fernández de Avellaneda]]></category>
		<category><![CDATA[Don Quijote de la Mancha]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime Covarsí]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel de Cervantes]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/03/20210311_blogs_dionisiolopez.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="&#039;Confesiones del apócrifo Cervantes&#039;, de Jaime Covarsí. Dionisio López" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/03/20210311_blogs_dionisiolopez.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/03/20210311_blogs_dionisiolopez-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/03/20210311_blogs_dionisiolopez-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/03/20210311_blogs_dionisiolopez-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/03/20210311_blogs_dionisiolopez-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>Contaba don Pío Baroja en sus memorias que durante sus años en Madrid quedaba muchas tardes para pasear con el también escritor don José Martínez Ruíz &#8216;Azorín&#8217;. La rutina era siempre la misma, se saludaban en la puerta del parque del Retiro, paseaban durante una hora en absoluto silencio y se despedían cortésmente citándose para el próximo paseo.</p>
<p>Bueno, ni yo soy Baroja, ya me gustaría, ni Jaime Covarsí es Azorín; sin embargo durante los meses que ocuparon el curso académico 2015/2016 compartimos algo con ellos. Muchas mañanas, mientras viajábamos juntos hacia nuestro común trabajo, allá en el instituto de la landeriana Alburquerque, atravesábamos Malpartida de Cáceres, Aliseda, la sierra de San Pedro&#8230; en un cómodo silencio.</p>
<p>Imagino yo que esos ratos le servían a Jaime para ir cerrando alguna trama, apuntalar un personaje, perfilar un verso o, sencillamente, ir ensimismado en sus quehaceres de escritor. Porque de otra manera no se explica la volcánica producción que acumuló en pocos meses. Aquel septiembre presentaba su primera novela, &#8216;El bastón de avellano&#8217;; poco después cerraba, que yo tuviera noticia, un libro de relatos, un poemario, una novela juvenil y un par de novelas más. Todas en fila, esperando su turno para ir saliendo al mundo. En abril de 2016 apareció &#8216;Confesiones del apócrifo Cervantes&#8217;.</p>
<p>Don Miguel de Cervantes, ese hombre de vida personal un tanto pintoresca y sin embargo, de una genialidad literaria sin límite, publicó, ya en la madurez de su vida, &#8216;El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha&#8217;. Enseguida fue un éxito que proporcionó algo de satisfacción al viejo y manco soldado de Alcalá de Henares. Sin embargo, todas las alegrías que le dio su alocada criatura se tornaron en un terrible enfado, según tenemos entendido, pues nueve años después apareció la continuación del &#8216;Quijote&#8217; pero sin que ésta hubiera sido ni escrita ni autorizada por Cervantes. De hecho el autor se escondió tras un pseudónimo, Alfonso Fernández de Avellaneda, que hizo que su identidad, por lo menos hasta la publicación de la obra que hoy nos ocupa, siga siendo un misterio.</p>
<p>Los amantes de Cervantes tenemos un problema con Avellaneda, ya que gracias a su atrevimiento Cervantes obtuvo la motivación suficiente para en pocos meses despachar la segunda parte del &#8216;Quijote&#8217;. Y si la primera fue escrita por un genio, la segunda parece redactada con una maestría aún mayor. Es decir, gracias a ese, un tanto mezquino y aprovechado Avellaneda, tenemos quizás la mejor obra literaria de la Humanidad. La paradoja es evidente y la cuestión está clara ¿Quién se esconde tras la publicación del falso &#8216;Quijote&#8217;? Esta es sin duda una de las preguntas más intrigantes de nuestra literatura y esa es la cuestión que estructura buena parte de la novela que hoy analizamos. Jaime trata de respondernos, eso sí, en forma de ficción, quién podría ser ese autor apócrifo.</p>
<p>Pero no nos encontramos ante un ensayo literario que solo interesa a los profesores de literatura, ni si quiera ante una novela histórica, ni mucho menos. Covarsí, con gran habilidad y maestría, consigue abordar ese asunto que tanto le apasiona personalmente, dentro de una historia situada en la perfectamente reconocible Sevilla de hoy en día, y donde circulan en paralelo la investigación de un supuesto asesinato y los rescoldos de un viejo amor.</p>
<p>La novela está contada por su protagonista, un joven aunque un tanto desencantado y perdido profesor de literatura en la Universidad de Sevilla, que recibe el encargo de escribir una obrita ficticia para acercar a la sociedad la figura de Cervantes. Este encargo le hace retroceder diez años para contarnos la extraña muerte de su profesor, hecho que provoca que el protagonista, un hombre sencillo, se vea inesperadamente en mitad de la investigación de un homicidio, algo que recuerda bastante a los argumentos de las películas de Alfred Hitchcock. A su vez, aparecen unos extraños documentos que podrían aclarar por fin el gran misterio de la autoría del falso &#8216;Quijote&#8217;, pero que también supondrían para el protagonista el volver a ganarse el respeto de sus compañeros en la universidad.</p>
<p>Y, finalmente, reaparece Julia, un viejo amor, que nos servirá para reflexionar sobre si es posible cerrar ciertas puertas definitivamente.</p>
<p>Es decir, aquí encontramos, algo de novela policíaca, algo de amorosa, algo de histórica, pero también misterio y amistad&#8230; y todo en perfecta armonía. Creo que ese es el gran mérito de las obras de Jaime: atrapar al lector con una historia sencilla y humana; y, a la vez, ir introduciendo toda su pasión por la cultura en general y, sobre todo, por la literatura.</p>
<p>La última parte del libro es un gran regalo. Cuando ya están cerrados todos los cabos (el literario, el policíaco y el amoroso), nos encontramos con esa obrita sobre Cervantes que le encargaron al narrador al principio. No voy a adelantarles nada, pero con gran originalidad no acercamos al día día de don Miguel: las conversaciones cotidianas con su mujer, sus comidas, sus reflexiones&#8230; una auténtica gozada.</p>
<p>Quisiera resaltar un último aspecto. Dije antes que Jaime tiene escrito un libro de poesía y, también en esta novela se deja llevar en algunos momentos creando escenas de gran lirismo, como el que abre el capítulo sexto con una hermosa descripción de la lluvia sobre Sevilla y que nos aclimata perfectamente para adentrarnos en este capítulo que es, sin duda, el más importante en la trama amorosa.</p>
<p>Para finalizar solo les diré, para que ustedes extraigan sus conclusiones, que el narrador de la historia se llama Jaime, igual que su autor, y se apellida Sanchís, que rima en asonante con Covarsí. Jaime también ha vivido en Sevilla y ha impartido clases de literatura en aquella Universidad hablando, precisamente, sobre el &#8216;Quijote&#8217;.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/confesiones-del-apocrifo-cervantes-de-jaime-covarsi-dionisio-lopez/blogueros/dionisio-lopez/">&#8216;Confesiones del apócrifo Cervantes&#8217;, de Jaime Covarsí. Dionisio López</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
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