Fascinada por el arte desde muy joven, Eileen Agar se convirtió en una importante figura del movimiento surrealista británico. Nacida en Argentina, su padre escocés, su madre estadounidense y su niñera francesa la expusieron a múltiples influencias culturales.
Se mudó a Londres con su familia en 1911, y tras estudiar arte en diversas escuelas cambió la respetabilidad de la clase media británica por el París de la Rive Gauche, donde halló un ambiente artístico frecuentado por Picasso, Lee Miller, André Breton o Paul Éluard. En 1926 conoció al escritor húngaro Joseph Bard, con quien compartiría los siguientes 50 años.
En los años 30 comenzó a experimentar con nuevos materiales, trabajando con la fotografía y creando collages y esculturas. Ella y Bard comenzaron a pasar los veranos en Dorset. Bella, ingeniosa y de una imaginación desbordante, Eileen Agar fue descrita posteriormente como una “surrealista costera” por sus bodegones inspirados en objetos encontrados en la playa, que revelaban una aguda percepción de lo insólito.
Con la sencillez que siempre la caracterizó llegó a afirmar: “Para mí, el surrealismo se inspira en la naturaleza; ves la forma de un árbol, la manera en que cae una piedrecita o cómo queda enmarcada, y te asombras al descubrir que la naturaleza, aparentemente inerte, se esfuerza por hablarte, por darte una señal, por advertirte, por simbolizar tus pensamientos más íntimos”.
Aunque en el fondo se resistía a que la clasificaran como surrealista llegó a manifestar que le despertaba ciertas sospechas ese deseo de trabajar a partir de los sueños, aunque a la par reconocía que el automatismo le generaba dudas “porque supone pasar por alto el control consciente y basarse directamente en fuentes profundas del inconsciente”. Prefería, en cambio, entender al movimiento como “la interpenetración de la razón y la sinrazón”, valorando el ingenio, el humor, la irreverencia, sus metáforas visuales. Dicho lo dicho, advertía que caminaba “sobre dos piernas: una surrealista, la otra abstracta”.
Tras la Segunda Guerra Mundial se alejó del surrealismo puro para adentrarse en una forma de pintura más abstracta conocida como tachismo, a veces descrita como el equivalente europeo del expresionismo abstracto. Sus pinturas posteriores estuvieron compuestas por formas y patrones simplificados y de colores brillantes.
Eileen Agar dedicó toda su vida a rebelarse contra las convenciones, intentando aportar color, luz y un toque de misterio a la vida cotidiana. Tuvo sed de nuevos colores, nuevas formas y nuevas posibilidades de descubrimiento transformando lo cotidiano en extraordinario, combinando orden y caos.
Su trabajo se sigue exhibiendo en galerías de todo el mundo, mientras que el impacto de su estética también se puede ver en el trabajo de artistas contemporáneos que elaboran sus propias versiones del surrealismo.
Falleció en París, donde está enterrada junto a otros artistas y figuras públicas en el cementerio Père Lachaise.
