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¿Te preguntas por qué la semilla no germinó?

¿Te preguntas por qué la semilla no germinó?
Foto: Cedida
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La culpa la tienes tú.

Crees que es fácil hacerlo: Se entierra en la tierra, y listo, ya tienes un árbol frutal. ¡Qué equivocado estás!

No es tan simple como encontrar una semilla o comprarla. No es la semilla, es cómo la tratas. El problema es que nadie le pone la atención necesaria a esto.

– Ya saldrá…

¿De verdad crees que la vida funciona así? No. El tiempo pasa, es cierto. Pero no pasa igual para todos ni para todo. Hay quien lo aprovecha y quien lo desperdicia mirando cómo pasan las nubes.

Una semilla tiene unas características concretas. Puedes comprar semillas de sandía, por ejemplo. No todas las semillas de sandía son iguales, y no todas necesitan el mismo terreno para cultivarse.

Y parte de la clave es saber dónde y cómo sembrarla. No puedes sembrarla en un yogur y esperar que alimente a una familia, ¿La siembras en campo abierto o en una maceta olvidada en un rincón? Su evolución y desarrollo dependerá de su entorno.

Una sandía necesita mucha agua. Si no la riegas con la frecuencia suficiente, o si te pasas, las consecuencias serán nefastas. Tierra ligeramente húmeda, riegos suaves, que nunca se seque la tierra.

Si lo haces bien, saldrán grandes y ricas. Pero si lo haces mal, mejor que vayas a un súper y las compres allí. Perdiste tu tiempo, tu trabajo, la ilusión y posiblemente una gran cosecha.

Yo mismo fui una semilla.

No crecí por casualidad. Crecí porque alguien supo verme, y porque yo pedí mucha agua. Tuve buenos mentores y yo fui un buen aprendiz. Encontraron mi lugar en cada etapa: estuve donde tenía que estar, ni más allá ni más acá. También supe aprovechar el clima.

Me formaron, me exigieron y no dejaron que me acomodara. También me dieron caña, no voy a negarlo, de esto se aprende y mucho.

También fui una semilla ambiciosa. Quería que me regaran constantemente y esto ayuda. La proactividad favorece el camino. Y si todo se formula bien, el fruto sale y sale bien.

No culpes a la semilla.
Analiza tu papel.
Revisa constantemente el proceso.

Porque el problema casi nunca es el potencial.
Es cómo estás trabajando con él.

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