Anuncia Maján
Hay silencios que pesan más cuando se levantan sobre una doble vulnerabilidad. En Extremadura, las mujeres y niñas con discapacidad víctimas de violencia de género no solo se enfrentan al miedo, la dependencia o la agresión, sino también a barreras físicas, comunicativas, sociales y emocionales que pueden dificultar que identifiquen, cuenten o denuncien lo que les ocurre.
Frente a esa realidad Saviex, proyecto impulsado por Cermi Extremadura desde 2021, propone una respuesta especializada: cercana, accesible y coordinada con los recursos sociales, sanitarios, educativos y de seguridad. Hablamos con Laura Ramos, psicóloga sanitaria del servicio, para conocer cómo funciona este protocolo de atención a niñas y mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género y por qué resulta imprescindible mirar allí donde tantas veces la violencia permanece oculta.
“Desde que terminé la carrera me he adentrado en el mundo de la discapacidad incluso sin darme cuenta. Te das cuenta de las cosas que te apasionan sin ser consciente. Desde que terminé el grado trabajo en el mundo de la discapacidad y por eso estoy ahora en Saviex”, nos cuenta Laura.
¿Qué necesidad concreta llevó a la puesta en marcha de este protocolo específico en Extremadura?
Desde que empecé a trabajar en Saviex me encontré una serie de dificultades que me encaminaron a aglutinar todo lo que yo sé y los problemas que me he ido encontrando en un único documento para ofrecer a diferentes profesionales herramientas prácticas y útiles en su día a día.
¿En qué se diferencia este protocolo de otros mecanismos generales de atención a víctimas de violencia de género?
La principal diferencia es que en este protocolo está todo aglutinado y lo he hecho desde la experiencia. Por ejemplo, si he notado que mujeres víctimas de violencia de género necesitan ayuda psicológica de forma recurrente, en el protocolo aparece un recurso para atender esa demanda. O en un proceso judicial a veces he encontrado una serie de dificultades, y eso me ha llevado a plasmarlas en el protocolo para dar respuesta y recursos frente a esos problemas. El protocolo se basa en mi experiencia en el servicio.
Normalmente, los protocolos no van dirigidos a personas con discapacidad, pero este sí. Una mujer con discapacidad tiene una serie de vulnerabilidades que no tienen otras mujeres, y eso se ha de tener en cuenta. A la hora de denunciar o de afrontar un proceso judicial, estas mujeres necesitan adaptaciones específicas. Si no se ofrecen, tendrán más dificultades para contar, expresar lo que les está pasando y llevar el proceso de forma adecuada. El protocolo ofrece herramientas para eliminar esas dificultades.
¿Cómo funciona en la práctica la intervención cuando se detecta un caso de violencia en una mujer con discapacidad?
Las derivaciones suelen venir de las diferentes entidades, ya sean de la discapacidad o que trabajan con mujeres víctimas de violencia de género, como oficinas de igualdad, la Casa de la mujer, etc. Una vez que estos recursos derivan a estas mujeres hacemos una primera atención y evaluación para ver qué necesitan, si es atención psicológica, si es acompañamiento a un juicio o a poner una denuncia. En función de las necesidades se atiende a nivel psicológico o desde el servicio se les ayuda y acompaña en cualquiera de los procesos antes citados.
¿Qué coordinación existe entre los distintos servicios implicados, como sanidad, servicios sociales o fuerzas de seguridad?
Intentamos que, en el momento en que viene una mujer con discapacidad víctima de violencia de género, nos coordinemos con todos los servicios y recursos. Si necesita un acompañamiento policial podemos llamar a los agentes de seguridad y exponerles que una mujer con discapacidad quiere interponer una denuncia, o no está segura de hacerlo y quiere saber qué podemos hacer antes de interponer esa denuncia, o cómo es el proceso de poner una denuncia y el posterior. Desde el servicio hacemos también formación a cuerpos y fuerzas de seguridad para dotarles de herramientas. Se les ofrece esa formación y capacitación para tratar con mujeres con discapacidad. Se utilizan documentos de lectura fácil o la videollamada para poder hablar con un intérprete de lengua de signos en el momento. Trabajamos para eliminar todas las barreras que nos encontramos.
¿Qué papel desempeña Saviex dentro del sistema de atención?
Nosotros hacemos una primera acogida; la mujer nos cuenta su situación y después hacemos las derivaciones o el acompañamiento necesario. También hacemos grupos terapéuticos con mujeres con discapacidad, donde se trabaja todo lo que es la violencia de género, los tipos de violencia, la manipulación, cómo la discapacidad influye de manera que me coloca en una situación más vulnerable frente a la violencia de género. Todas estas cosas se hacen a nivel de atención.
¿Qué barreras específicas afrontan las mujeres con discapacidad al denunciar y cómo trata de superarlas este protocolo?
La primera barrera es identificar que soy víctima de violencia de género, porque muchas veces encontramos la dificultad de identificarlo, sobre todo en los casos de mujeres con discapacidad intelectual o psicosocial. Ya nos cuesta a las mujeres sin discapacidad identificar situaciones, cuánto más si tengo una situación de vulnerabilidad. Estas mujeres tienen dificultad a la hora de entender ciertas cosas, de comprender, de identificar. Esa es la primera barrera.
Posteriormente, nos encontramos con la dificultad de contar qué nos está pasando, porque se activan muchas defensas del tipo “no soy una mujer maltratada, realmente no es para tanto, mi marido es bueno porque me cuida”, porque muchas veces el agresor es el principal cuidador. Si mi marido es quien ejerce la violencia, pero también es la persona que cuida, y tengo una necesidad concreta que esa persona me está cubriendo, eso supone una barrera importante a la hora de actuar.
Al empezar a trabajar con mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género conocemos indicios que nos dan pistas de que pueden ser víctimas de violencia de género. Y cuando se trata de mujeres con discapacidad hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, esa mujer necesita unos puntos de apoyo. Si esta persona no encuentra en sus cuidadores ese apoyo, ya está siendo psicológica. Es el caso cuando una mujer nos cuenta “me amenaza con ingresarme en una residencia”; aquí hay violencia psicológica, porque usa su discapacidad para manipularla, para controlarla. Sí que hay indicios que dan pistas.
Una vertiente trágicamente asociada casi siempre a la violencia de género es la violencia sexual en la mayoría de los casos. “En los que yo trato, se da en todos. Muchas veces no se identifica, porque en el momento en que ‘mi’ pareja ejerce violencia sexual la víctima tiende a pensar que no tiene sentido que mi pareja ejerza violencia sexual porque es ‘mi pareja’. A veces yo no quiero, pero lo hago porque existe una amenaza previa”.
¿Qué formación necesitan los profesionales para aplicar correctamente estas pautas de actuación?
Por ejemplo, para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, una formación que yo considero imprescindible es conocer la discapacidad, sus tipos. Conocer los matices, las vertientes y saber cómo trabajar con esas mujeres en función del tipo de discapacidad, y darles lo que necesiten. No son las mismas necesidades las de alguien con discapacidad intelectual que las de una persona con discapacidad física o psicosocial. Hay que saber qué tipo de discapacidad nos vamos a encontrar; por ejemplo, si se trata de alguien con un trastorno grave de salud mental, conocer qué necesidades tiene y cómo ayudarle. Lo más importante es capacitar a todos los profesionales, sean de la justicia o de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, para sensibilizarles.
¿Se han identificado datos o cifras que evidencien una mayor vulnerabilidad de las mujeres con discapacidad frente a la violencia de género?
Sí; de hecho, existen estudios en mujeres sin y con discapacidad, y los datos referidos a estas últimas son muy superiores. En este último caso el porcentaje es muy superior.
Los datos referentes a 2024 son contundentes: en España, el 14,8% de las mujeres con discapacidad reconocida igual o superior al 33% ha sufrido violencia física por parte de alguna pareja o expareja a lo largo de su vida, frente al 9,7% de las mujeres sin discapacidad; una proporción que asciende al 18,2% cuando el grado de discapacidad es igual o superior al 65%.
La estructura rural de Extremadura dificulta mucho la defensa de las mujeres con discapacidad: “Si yo soy mujer con discapacidad víctima de violencia de género y vivo en un ámbito rural, tengo mucha más dificultad para acceder al conocimiento y uso de los recursos existentes, ya sean dificultades de movilidad o de conocimiento. Por eso Saviex es un servicio itinerante que procura llegar a poblaciones muy pequeñas. Al final, esa dificultad de acceso hay que vencerla acercando los recursos. Es muy importante la coordinación con Guardia Civil y Policía, porque ellos sí que llegan a todos los sitios”.
¿Cómo se integra este protocolo con recursos ya existentes como las Casas de la mujer o las Oficinas de Igualdad?
Hemos presentado el protocolo recientemente en la Casa de la mujer de Badajoz. El protocolo se les da a todos los profesionales que trabajan en el ámbito de la discapacidad y en el de la violencia de género, ya sean Oficinas de Igualdad, Casas de la mujer, etc. El protocolo le va a servir al profesional como hoja de ruta.
¿Qué retos se han encontrado hasta ahora en su implementación y qué mejoras se plantean a futuro?
Falta sensibilización, falta capacitación, falta paciencia y empatía. Si trabajamos con una mujer con discapacidad y tenemos una mirada empática, ya eso le llega a esa mujer incluso sin necesidad de saber cómo tratarla o trabajar con ella. En demasiadas ocasiones falta paciencia, necesaria para dar la oportunidad a la víctima de hacer las cosas por sí misma y sin adelantarnos. La falta de paciencia es una barrera que hay que eliminar.
¿Qué debe hacer quien detecta que en su entorno puede existir un caso de violencia de género contra una mujer con discapacidad?
Dependiendo del caso; si hay una situación de alto riesgo, acudir inmediatamente a los cuerpos de seguridad; en otros casos, recomiendo acudir a los diferentes recursos existentes para mujeres víctimas de violencia de género, como Saviex, que pueden dar una orientación en ese instante, o la Casa de la mujer, Oficinas de Igualdad u otros recursos, antes de llegar a poner una denuncia, porque muchas veces que la mujer se encuentre de repente con que alguien ha denunciado por ella la hace reaccionar en sentido defensivo, porque como mujer víctima no es consciente o minimiza la situación que está viviendo. Debe tratarse con mucho cuidado.
Para que este protocolo y la prevención sean efectivos, necesitan una adecuada difusión, que puede pasar perfectamente por los colegios y centros educativos. “Hacemos mucha formación, explicando qué es la discapacidad, qué es la violencia de género, hablamos de mujer y discapacidad, explicamos la diferencia entre una relación sana y otra caracterizada por la violencia, para que sepan detectar desde bien pequeños los problemas. Trabajamos con niños muy pequeños porque consideramos que es necesaria la formación temprana. También tratamos sobre violencia sexual para prevenir. Si trabajamos desde bien pequeños tenemos mucho terreno avanzado. En muchas ocasiones después de la formación se nos acercan para contarnos casos que conocen, o su propio caso, o el de una familiar, o explicarnos vivencias que han tenido. En muchas ocasiones desde los mismos centros nos han avisado de casos que se podrían estar dando”.
Detectar, acompañar y no precipitarse: esa es una parte esencial de la respuesta. Frente a una violencia que muchas veces se esconde tras la dependencia, el miedo o el silencio, Saviex ofrece una hoja de ruta para profesionales, familias y entidades. Pero no olvidemos nunca que la prevención y la lucha contra la violencia de género es asunto de toda la sociedad sin excepciones.
Para acceder al servicio puede utilizarse el correo electrónico o el teléfono 623 273 648. Si tienes conocimiento de que alguien pueda estar siendo víctima de violencia de género, marca el 016; no deja rastro en la factura, pero debes borrarlo del listado de llamadas realizadas en el teléfono.
