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Santiago Cambero trata el concepto de ‘felicracia’ en su nuevo libro, que presentará el miércoles en el Hospital-Centro Vivo de Badajoz

Santiago Cambero trata el concepto de 'felicracia' en su nuevo libro, que presentará el miércoles en el Hospital-Centro Vivo de Badajoz
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El sociólogo Santiago Cambero Rivero presentará el miércoles 22 de abril en el Hospital-Centro Vivo de Badajoz, a las 19.30 horas, con entrada libre hasta completar el aforo, su nuevo libro, ‘Felicracia. El imperio de la felicidad en occidente’, un ensayo en el que plantea una mirada crítica sobre la manera en que la felicidad ha terminado convertida en una exigencia social en las sociedades occidentales.

Tras su anterior publicación, ‘Rebelión inteligente contra la panicofilia’, Santiago Cambero desarrolla el concepto de ‘felicracia’ para describir un modelo social en el que, según su análisis, la felicidad deja de entenderse como una experiencia personal o íntima y pasa a funcionar como un mandato colectivo.

En este sentido, sostiene que esa presión atraviesa distintos ámbitos de la vida cotidiana, desde la educación y el trabajo hasta la política, la comunicación y el consumo digital, y que acaba condicionando la forma de pensar, sentir y actuar de amplios sectores de la población.

La tesis central del libro apunta a que este sistema de imposición del bienestar se apoya en estructuras de poder con gran influencia social, capaces de moldear creencias, valores y comportamientos. A juicio del autor, la lógica de la exposición constante en redes y pantallas, unida a la competitividad y a la necesidad de proyectar una imagen de fortaleza permanente, contribuye a debilitar la identidad personal y a erosionar el sentimiento de comunidad.

Santiago Cambero también sitúa su reflexión en un contexto más amplio, marcado por contradicciones sociales, desigualdad y tensiones internacionales. Así, alude a fenómenos como el materialismo, el hedonismo y distintas formas de discriminación, que a su juicio siguen presentes en las sociedades contemporáneas pese al discurso dominante sobre el bienestar y el éxito individual.

La publicación del ensayo llega en una fecha simbólica, muy próxima al Día Internacional de la Felicidad, que se conmemora cada 20 de marzo con el objetivo de subrayar la importancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales y para defender su incorporación a las políticas públicas, un marco que Santiago Cambero aprovecha para contraponer con la crítica que articula en su ensayo.


Con motivo de la presentación del ensayo hemos hablado con Santiago Cambero.

Santiago Cambero trata el concepto de 'felicracia' en su nuevo libro, que presentará el miércoles en el Hospital-Centro Vivo de Badajoz
Foto: Cedida

¿Cómo definiría el término ‘felicracia’ para alguien que no está familiarizado con él?
Desde mi perspectiva sociológica la ‘felicracia’ se definiría como un sistema de dominación social que mandata la felicidad como estado universal para sujetos pasivos (súbditos) que conviven este marco cultural occidental. De modo que estar o sentirse feliz es la norma social de obligado cumplimiento para estar integrados plenamente en las dinámicas de este contexto fundamentado en esta cultura de la felicidad, impostora e impuesta, controlado por estructuras de poder oligárquicos económicos y simbólicos (energético, tecnológico, mediático, entertainment, medicina estética, farmacéutica, etc.).

Existe todo un entramado de distintas industrias que soportan la ‘felicracia’, puesto que la felicidad se convierte en un mero producto consumible en un mercado emocional como ‘core’ de las sociedades contemporáneas. En definitiva, se origina una instrumentalización ideológica que gira sobre la felicidad inmediata y superflua que condiciona la forma de pensar, sentir y actuar de millones de hombres y mujeres occidentales. La felicidad pasó de ser un derecho humano a convertirse en un deber social en el Occidente del siglo XXI.

En la obra menciona el papel de las élites corporativas en la construcción de valores y creencias. ¿Qué mecanismos concretos utilizan para influir en nuestra idea de felicidad?
Este marco cultural ‘felicrático’ fomenta el individualismo, el narcisismo o el hedonismo, entre otros valores y actitudes sociales, que nos deshumaniza como individuos, mientras las élites corporativas extienden sus mecanismos de dominación social a escala global. Un ejemplo evidente son las plataformas digitales que generan algoritmos sesgados para mantenernos emocionalmente felices y proyectar una imagen pública falseada a través de las redes sociales en internet. Otra muestra significativa sería la práctica de operaciones de cirugía estética, la medicina anti-ageing o el bodybuilding, debido al culto excesivo al cuerpo en aras a cumplir con los cánones de belleza establecidos para los hombres y mujeres occidentales.

Todos estos hechos sociales derivan en problemas personales como la soledad no deseada, la adicción a las pantallas (tecnofilias), el consumo abusivo de psicofármacos o los casos de suicidios o conductas autolíticas entre personas jóvenes y adultas. Por tanto, el sufrimiento o la vulnerabilidad son penalizadas por el sistema ‘felicrático’, que rechaza cualquier tipo de malestar individual que sea objeto de invisibilización social. A cambio nos ‘bombardean’ con estímulos favorables hacia una felicidad fabricada desde la inmediatez y la superficialidad que impide el autodesarrollo libre de controles sociales.

Habla también del impacto de las tecnologías y las redes sociales en la identidad. ¿Cree que la ‘identidad digital’ está sustituyendo a la identidad personal o comunitaria?
Este momento socio-histórico refleja la decadencia de Occidente, como algunos pensadores sociales vaticinaban hace unas décadas. Estamos viviendo una época de cambios de paradigmas en varios campos de las sociedades, ya sean científicos, tecnológicos, éticos o espirituales, desde una visión poliédrica, multidimensional e interactiva para entender la complejidad de esta realidad emergente. Hoy, se suman los avances en las tecnologías digitales que están transformando de modo intenso y extenso nuestras vidas en particular, desde la cosmovisión para percibir el mundo hasta lo que comemos o vestimos para autosatisfacernos y agradar a los demás.

Estos hechos sociales están siendo condicionados por la necesidad de crear una personalidad basada en la identidad digital, debido a la influencia de nuevos agentes de socialización en lo virtual y en los algoritmos que sobrepasan la realidad molecular, que es biológica y atómica para el ser humano. ¿Y qué está ocurriendo en nuestros días? Pues que más que una sustitución de lo físico por lo digital se está produciendo una convergencia donde la realidad digital permite analizar y potenciar la realidad molecular, formando un entorno híbrido. Pero el dilema sería que en este proceso emergente se produce una simbiosis, y el cerebro humano aún no está preparado para asimilar la sobrecarga de información digital, conocida como ‘infoxicación’. De ahí todas las problemáticas causadas por el mal uso o el abuso de las tecnologías de la información y la comunicación, desvirtuadas en patologías psicosociales de desinformación e incomunicación humana.

En el ensayo se plantea que este sistema puede limitar las libertades individuales. ¿Podría dar algún ejemplo concreto?
Dado que la ‘felicracia’ transforma la felicidad en norma social y el malestar en responsabilidad individual se está limitando nuestra capacidad de decisión a lo largo de la vida, exenta de errores y aciertos premiados hacia la meta del éxito ‘felicrático’. Así, los hombres y las mujeres occidentales vivimos en una especie de placenta social, manipulada por élites superpoderosas que nos retroalimentan y estimulan con diferentes placebos simbólicos, economicistas, digitales, químicos y de ocio, entre otros.

Por supuesto que las actitudes de resistencia, desobediencia o rebeldía civil no son aceptadas, sino rechazadas automáticamente por los resortes del poder oligárquico como sancionador de aquellas personas etiquetadas de ‘outsiders’ del sistema ‘felicrático’. Nos transmiten que podemos vivir en el mejor modelo de sociedad utópica bajo el yugo de este imperio de la felicidad impuesta. La realidad es que la ‘felicracia’ provoca situaciones de vulnerabilidad y desigualdad en determinados grupos sociales debido al racismo, el edadismo, la homofobia o el capacitismo, como formas de exclusión en las sociedades occidentales actuales.

En definitiva, la ‘felicracia’ no es igualitaria ni abierta, como se pretende con el mantra ‘Open Mind’; vivimos en el autoritarismo y el supremacismo propio de democracias iliberales o ‘dictablandas’ en Occidente.

¿Qué alternativas propone para resistir, o para cuestionar la ‘felicracia’ y construir una idea de felicidad más auténtica y colectiva?
Este libro nace de una pregunta simple: ¿Por qué en la época que más se habla de felicidad tanta gente se siente desorientada, sola o incompleta? La ‘felicracia’ no permite el silencio favorable para la autoindagación, impone el ruido ambiental; así, dejamos de escucharnos y empezamos a adaptarnos a escenarios manipulados que benefician a los intereses de las élites superpoderosas. El éxito ‘felicrático’ es la forma de reconocimiento social basada en la exhibición permanente de positividad, convertidas en indicadores de valor personal dentro del capitalismo emocional contemporáneo.

¿Y qué se puede hacer para contrarrestar estas situaciones falseadas de la realidad?
Habitar la realidad con conciencia individual y social para vivir una felicidad verdadera, genuina, que produzca mayor bienestar y satisfacción en todas nuevas facetas vitales, huyendo así del ‘totalitarismo de la dopamina’ como dinámica caracterizada por la búsqueda incesante de placer inmediato y recompensas rápidas, que a menudo lleva a las adicciones, con o sin sustancia. Los poderes ‘felicráticos’ utilizan la distracción constante mediante descargas de dopamina como herramienta de dominio, manteniendo a la población ocupada y con menos capacidad de reflexión crítica.

Quisiera terminar esta entrevista alertando que la ‘felicracia’ es el nuevo poder invisible de nuestro tiempo en Occidente que nos obliga a obedecer, nos obliga a ser felices, sin derecho a la no-felicidad como otra opción vital más allá del poder ‘felicrático’ que lo controla y domina todo y a todos. Debemos repensar hoy la felicidad para recuperar mañana la libertad.

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