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XIV Festival Internacional Ecuestre de Mata, Tánger (Marruecos)

XIV Festival Internacional Ecuestre de Mata, Tánger (Marruecos)
Foto: Cedida
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Hay lugares a los que una vuelve porque lo disfrutó. Y luego están los que terminan convirtiéndose en una cita pendiente con una misma.

Cuando llegué por primera vez al Festival Internacional Ecuestre de Mata, en el norte de Marruecos, pensé que venía a ver una carrera tradicional. Cuatro visitas después me sigue emocionando poder regresar, y no exactamente por los caballos.

Y eso que el espectáculo es difícil de olvidar.

Nada más llegar te invade el sonido ininterrumpido de los instrumentos. Los músicos amenizan sin descanso los tres días de celebración. Enseguida te encuentras con una jaima climatizada donde se desarrollan encuentros, presentaciones y actividades relacionadas con el festival, mientras se ofrece té, zumos y una variedad abrumadora de pasteles y viandas marroquíes. La pastela de pollo y los dulces de almendra, miel y pistacho siguen siendo mis preferidos.

XIV Festival Internacional Ecuestre de Mata, Tánger (Marruecos)
Foto: Cedida

Frente a ella, un mercado donde las cooperativas locales ofrecen cosmética de argán, dulces, textiles, antigüedades… Al fondo, bajo las colinas, hasta 200 jinetes avanzan desde las caballerizas entre nubes de polvo mientras las mujeres bereberes acompañan con sus zaghareet, las ululaciones que resuenan en bodas y celebraciones de todo el Magreb.
Familias enteras acuden desde los alrededores a festejar una tradición con más de ocho siglos de antigüedad que se desarrolla en la región de Beni Arous, cerca de Larache.

El corazón del festival es una carrera singular. Los jinetes compiten por una muñeca confeccionada por las mujeres de la comunidad, símbolo de fertilidad, prosperidad y abundancia. Antiguamente, el ganador obtenía el derecho a elegir esposa entre las jóvenes de la tribu. Hoy el premio es económico, aunque sigue conservando un importante valor simbólico y honorífico porque representa la fertilidad de la tierra y la continuidad de la comunidad.

XIV Festival Internacional Ecuestre de Mata, Tánger (Marruecos)
Fotos: Cedidas

Este año una nueva amazona participó en la competición. También estuvo presente Zohra, la primera mujer que logró conquistar la muñeca de Mata compitiendo contra decenas de hombres. Su participación generó controversia en su momento, pero también abrió una conversación inevitable sobre el papel de las mujeres en una tradición en la que siempre han sido protagonistas silenciosas: confeccionando la muñeca, conservando los cantos y transmitiendo la memoria colectiva de generación en generación.

Con los años he comprendido que Mata es mucho más que una carrera de caballos. Empieza antes del viaje, en los encuentros que se repiten cada verano, en los abrazos de quienes nos reciben, en las conversaciones compartidas durante largas sobremesas. En ese pequeño grupo de habituales entre los que, curiosamente, nunca falta un generoso número de empresarios y periodistas extremeños.

La anécdota más emocionante ocurrió hace dos ediciones. Una mujer bereber, mediante gestos y la ayuda de traductores, comunicó a dos amigos extremeños, Mery Moreno y Daniel Holguín, propietarios del restaurante ‘Come, Bebe, Ama’ de Madrid, la noticia de que iban a ser padres de una niña. Este año, esa misma mujer, Rhimo Marso, los reconoció entre la multitud y preguntó por la niña. Daniela tiene ya un año y medio.

Después de cuatro ediciones sigo sin saber explicar muy bien Mata. Sin embargo, esta historia habla más de Mata que cualquier dato histórico. Porque lo que permanece no es únicamente la tradición, sino la capacidad de crear vínculos improbables entre personas que viven en mundos distintos y que, sin embargo, terminan sintiéndose parte de algo común.

XIV Festival Internacional Ecuestre de Mata, Tánger (Marruecos)
Foto: Cedida

Por supuesto, Mata impresiona por su valor cultural. No es casual que esta manifestación ecuestre haya sido reconocida como patrimonio cultural inmaterial por la Icesco (Islamic World Educational, Scientific and Cultural Organization), ni que cuente con el Alto Patrocinio del rey Mohamed VI como compromiso con su conservación. Gracias también al impulso de la familia Baraka, a la impecable organización del festival y a la gestión de Teresa Ordás, cuya labor sostiene buena parte de esa experiencia de hospitalidad.

Hay lugares que se visitan una vez para conocerlos. Hay otros a los que vuelves porque, cada año, te devuelven algo distinto.

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