Hace unos meses reseñábamos el paso intermedio que este proyecto llevaba a cabo, en formato de intervención artística, sobre el patio del antiguo Convento de Santa Clara de Mérida, actual sede del Consorcio Monumental de Mérida. Una propuesta que ampliaba las investigaciones de Carmen Palop en torno al arte textil expandido, hacia lenguajes procedentes de la pintura, la fotografía o el objeto encontrado, operados en el espacio público concreto del mercadillo y aplicados a enclaves particulares, desde la revisión del acontecimiento de vestir hasta sus espacios de relación y, finalmente, exhibición.
Una versatilidad la cual, unida a la voluntad de su autora, convertía el proyecto en un dispositivo de exposición modular en el que cada muestra se configura de manera específica, en diálogo con el lugar de acogida como responsabilidad argumental que enriquecía el relato en cada sede. Así, tras una primera intervención en la colección del Museo Textil de Plasencia y su paso por el Convento de Santa Clara, el proyecto concluye ahora con una muestra final en cubo blanco, a modo de archivo alternativo que cierre la gira.
Así, el Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás reúne algunas de las principales piezas de la exposición en sala, sin olvidar la interlocución con el edificio como práctica recurrente en cada parada. Mientras el museo recibe la estratificación textil que define el proyecto a través de sus ventanas, la sala acoge la montaña de ropa propia del revoltijo de mercadillo y origen formal de esta propuesta, cuya recontextualización museística parece mutar a tótem. Un acto que parte de la recreación para reflexionar sobre los procesos de las artes situadas y cómo la especificidad del proyecto solapa dimensiones que sumar al discurso, en función del lugar en el que se expande.

Esta instalación invita, además, a revisar el concepto de monumento presente en el museo a través de dos fórmulas estéticamente antagónicas y personificadas en Enrique Pérez Comendador y Ángel Duarte, para dirigir el debate hacia terrenos a caballo entre el postmonumento y el contramonumento. La colección de videos que registran transeúntes entre montones de ropa termina por deslavazar en sala la simbología de tótem como constructo impostado. La sala se completa con una colección de objetos encontrados e intervenidos por la artista, que lleva el contraste al extremo, entre la ostentación simbólica de la cornucopia dorada de estilo barroco y la esencialidad de hilos y botones dispuestos a modo de muestrario y causa de todo aquello que compone la muestra.
En definitiva, un proyecto que parte de un suceso popular alegal como es el mercadillo de Su Eminencia en Sevilla mediado por su revisión en clave ecosocial, en un recorrido que transita entre el vestir íntimo y el espacio público para aplicar, a modo de conclusión, ese proceso de mistificación que suele atribuírsele al museo al introducir cualquier elemento en el cubo blanco. Sin embargo, en este caso, el objetivo reside en insertar el debate en entornos donde habitualmente no tiene lugar. El museo actúa aquí como catalizador del pensamiento crítico y divulgador, al tiempo que archivo de asuntos a priori ajenos, mediados por las prácticas situadas como elemento unificador y justificación de la obra en el lugar.
