No sé si intencionadamente, creo que no, pero el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor recibí uno muy especial. Su autor, Antonio Picamills Ruiz, con esta publicación, llena un hueco que ha existido en las monografías taurinas. El que, generalmente, ha dejado vacío al mundo del rejoneo. No el de su historia. Sí la de sus protagonistas.
En él aparecen las semblanzas de todos los caballeros en plaza nacidos en cualquier parte del mundo y que han hecho el paseíllo en los diversos cosos taurinos. Como toda obra humana puede tener alguna acotación, pero sí figuran los que pisaron los ruedos desde mediados del siglo XIX. Sus semblanzas nos acercan a ellos. Aparecen, el título de la monografía lo anuncia, 565 rejoneadores, ordenados alfabéticamente por su nombre completo. De todos ellos, alrededor de 60 son bellas amazonas. Lo prologa Antonio Román Romero y contiene un trabajo de Jayro Muñoz García: ‘Origen y evolución del toreo a caballo’. No ha olvidado el autor el recuerdo a los caballos toreros, no solo en las semblanzas de sus dueños, también en un capítulo titulado: ‘El caballo como protagonista artístico’.
Sé que la amistad y el afecto a una persona pueden enmascarar las alabanzas a sus hechos. Es verdad que en este caso existen ambos y que son mutuos, pero, por esta cercanía, conozco paso a paso la elaboración de los trabajos de este autor. A veces, después de una conversación, a solas, he pensado ¿cómo va a salir de este ‘lío’ en el que se ha metido? Creo que este, el de los rejoneadores, es uno de los mayores en los que se ha involucrado. Lo afirma el prologuista: “La historia del rejoneo no siempre se encuentra donde uno espera. Rara vez descansa ordenada en los anaqueles de una biblioteca o en la claridad de un archivo. Con frecuencia hay que buscarla en los márgenes: en nombres apenas citados, en fechas incompletas, en recuerdos que el tiempo ha ido desdibujando”. Pero como este Antonio Picamills Ruiz es muy constante, trabaja sin descanso y no se rinde, para recorrer su camino viaja con un billete que le lleva hasta el final del mismo. Y, en mi opinión, siempre con éxito.
El autor, así lo cuenta en la introducción, ha vivido el rejoneo dentro y fuera de España “acompañando y tratando” a muchos rejoneadores, lo que le permite conocer este mundo que, insisto, no es tan divulgado como el del resto del orbe de la tauromaquia. Este volumen, a diferencia de los nueve anteriores publicados sobre matadores, no está compuesto de fichas; son semblanzas apoyadas en información muy valiosa para los amantes de la documentación. Y, aunque esto parezca superfluo, ha conseguido ilustrar el libro con al menos una imagen de cada unos de los protagonistas del mismo. Dar cuenta de ellos es tarea que no me corresponde, ni tiene cabida en una colaboración, pero reconozco que muchos de los biografiados son desconocidos para mí. Incluso aquellos que han toreado en la época, ya muy larga, de mi adscripción al mundo de los toros.
Puede que el prologuista resuma mejor yo el contenido del texto, recalcando “…la voluntad de rescatar no solo los grandes hitos, sino también los matices: los contextos sociales, las transformaciones técnicas, las rivalidades, las influencias y las continuidades que explican la evolución del rejoneo a lo largo del tiempo. Porque la historia de esta disciplina no es un únicamente una sucesión de nombres y fechas, sino el relato vivo de una cultura, de una sensibilidad y de una forma singular de entender la relación entre el hombre, el caballo y el toro”.
Estas notas, estas pinceladas, no son propaganda de un libro, no las necesita. Es un deseo de dar a conocer su existencia y, por encima de todo, el trabajo callado y exhaustivo de recopilación, de búsqueda de información, para ponerla más tarde a disposición de todos los interesados. Muchos sentirán la emoción de este arte. Para otros llegará el recuerdo de lo que vieron. Y espero que a los más jóvenes les acerque al arte del toreo a caballo.
