El bipartidismo en este país es un paisaje de confrontación sin sentido, que más que allanar el camino y resolver las situaciones y grandes problemas enturbian nuestro día a día y dejan de ser productivos, tanto parlamentariamente como socialmente. No hallamos punto de encuentro entre dos partidos que históricamente se han presentado como partidos opuestos en el limbo de la derecha y en el limbo de la izquierda.
Ninguno de los dos resuelve una situación y da una solución central que requieren muchas de las personas que se encuentran de manera ilegal residiendo en nuestro país.
Estos son, para muchos, personas migrantes que han encontrado en España la posibilidad de reiniciar su camino y de encontrar la prosperidad y el futuro que en su país no han encontrado. Para otros, son personas que no tienen papeles y que están estorbando y enturbiando el comportamiento normalizado, el buen hacer, el buen sentir, el bienestar de una nación y de sus comunidades en un distinto territorio.
De estas formas se pronuncian algunos partidos políticos que, por otra parte, mientras enturbian y entorpecen la próxima regulación masiva de tantos miles de migrantes, están a favor de que grandes empresas, pequeñas, medianas, explotadores, agricultores, negocios, familias y personas de buen hacer, puedan tener en su poder y en sus manos el trabajo diario de estas personas que, a pesar de no estar documentadas y no tener su correspondiente legalidad, están encontrándose en un país en el que no encuentran recorrido legal y, si lo encuentran, es turbio y muy lento, y mientras tanto se ven con la obligación de sustentarse ellos y a sus familias para no provocar un mal mayor.
Estos partidos que se pronuncian en contra de esta legalidad, a favor de mantener la actividad laboral a oscuras, invisible, sin que nadie pueda entorpecerla, agrandando y allanando el camino de aquellas empresas, entidades particulares y familiares que necesiten un trabajo remunerado, se presentan en nuestro país como salvadores de la moral, de la patria y la moral nacional. Teñidos de banderas y de conceptos que ya muchas personas no creen, no siguen, pero que encuentran en el pueblo más joven y en personas casadas y agotadas por la resistencia un manjar perfecto, un colectivo apropiado para seguirles en sus mensajes de no legalidad; si trabajo en este país necesitamos, deseamos contribuir al bienestar, a la apertura, a la integración a la inclusión de estas personas tal y como lo desearon nuestros abuelos y nuestras abuelas, que atravesando fronteras, marcharon a otros países de Europa y en Plena Guerra Mundial a otro continente. Desearíamos, seguramente, que estas personas tuvieran la tranquilidad y la seguridad que necesitan en nuestro entorno.
Yo particularmente me pronuncio a favor de una regularidad y normalidad controlada, no deliberada y siempre acompañada de los planes de inclusión social necesarios para que las personas no campen a sus anchas en cualquier punto de nuestro territorio sin tener un destino y un rumbo fijo y no necesitemos a las organizaciones no gubernamentales para ofrecerles un bienestar.
Las instituciones del Estado, las administraciones, tanto territoriales de las comunidades autónomas como la central, están obligadas a llegar a un acuerdo al unísono; es decir, repartir las responsabilidades, la recaudación, así como los servicios, establecimientos y profesionales que acompañen el tránsito y la integración de estas personas a partir de esta nueva situación legal de residencia, que les ofrecerá, sin duda, una nueva situación legal, laboral y de inserción sociolaboral.
Espero y deseo firmemente que esta situación se resuelva y que no haya partidismo era una situación tan escabrosa y tan complicada que se nos está presentando como un gran desafío en nuestro país.