Encontrar la paz en el interior de nuestra conciencia es una tarea tan necesaria como proporcionarnos los alimentos básicos cada día, ya que representa mantener el equilibrio vital que nos permite el rodaje diario de nuestro día a día.
Sin embargo, para encontrar esa paz que nos mantenga vivos, despiertos e ilusionados, es necesario entrar, en ocasiones, en ese desván de la conciencia, donde aparecen almacenados aquellos relatos que nunca dijimos, aquello que nunca contamos por no encontrar la palabra exacta, por no encontrar la delicadeza del momento adecuado, por no encontrarnos a nosotros mismos, por no hallar la secuencia vital que nos permita entrar de lleno en aquellos acontecimientos que pensamos dormidos.
Pero esa sala oscura de nuestra conciencia parece ser un acierto a la hora de liberar una tensión que permanece acumulada, a veces durante años, sin poder salvar la distancia entre el pasado y el presente. Salvar esa distancia es lo que lo que nos permite mantener vivo un propósito de vida, tener la ilusión para despertarlos cada una de las mañanas, encontrar la calma y el equilibrio en ese latido diario que representa nuestro día a día; en definitiva, encontrar aquellas palabras que resuelvan las incógnitas y las fronteras delicadas entre lo que ocurrió y lo que ahora podemos interpretar.
Representa el salvavidas que nos permite limpiar nuestro pasado y convertir aquello que pasó en una fuente nueva de inspiración, una oportunidad en blanco para colorear aquel dibujo que representa nuestra ilusión y nuestros mejores deseos de vivir en paz.