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‘En el tocador’, de Zinaída Serebriakova

‘En el tocador’, de Zinaída Serebriakova
Foto: Wikimedia Commons. Tretyakov Gallery
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El 10 de diciembre de 1884 nacía una de las artistas que dejó su sello en la historia del arte ruso. Zinaída Serebriakova, con un marcado estilo realista, se distinguió en una época en que las mujeres artistas no solían ser reconocidas.

Fue hija de un prestigioso escultor y una dibujante, quienes le enseñaron a desempeñarse en el medio artístico, de modo que tenía el destino marcado. No le dio importancia a esa creativa herencia hasta que terminó la escuela y tuvo que elegir; entonces, sí, empezó a estudiar arte.

Dejó una huella indeleble en la cultura de su nación a través de sus cuadros, donde solía representar la vida contemporánea y los paisajes de su tierra natal. Pasó sus primeros años de vida en una finca en la provincia de Kursk. A una edad temprana se mudó con su familia a San Petersburgo. En los años posteriores se dedicó a estudiar las pinturas de los maestros venecianos en Italia y los impresionistas franceses en París.

La vida campesina estuvo siempre presente en sus representaciones, incluso al unirse al movimiento ruso ‘El mundo del arte’, enfatizando el enfoque en el arte nacional y la belleza estilística en su trabajo. Sus primeras obras representan la belleza de la tierra rusa y de su gente. Paisajes coloridos e impresionistas, cuerpos exuberantes y sonrisas latentes. Todo es un juego para esta artista, todo es búsqueda lúdica. Hasta que llega el éxito de ‘En el tocador’, y entiende que tiene una carrera y debe cultivarla, que está pintando para la posteridad.

Durante su vida afrontó desafíos políticos y personales. La revolución rusa trastocó su vida, y no para bien, fue entonces cuando su vida se descarriló. Su esposo cae prisionero y muere de tifus en la cárcel; ella queda a cargo de sus cuatro hijos y de su madre enferma. La pintura no le alcanza para vivir y el hambre no tarda en llegar. Negada a pintar retratos de militares, consigue trabajo en el Museo Arqueológico de Jarkov haciendo dibujos de los objetos expuestos.

En 1924 le escriben desde París para hacer un enorme mural; duda, pero finalmente acepta, le interesa el trabajo y necesita el dinero. Cuando quiere regresar se lo impide el Estado; son momentos de una tristeza abismal.

Viaja por el mundo y sigue pintando. En 1947 adopta la nacionalidad francesa; en 1960 vuelve a la Unión Soviética y se produce el ansiado y emotivo reencuentro con dos de los hijos que tuvo que dejar atrás. También se reencuentran los rusos con su arte y vuelven a maravillarse. Obtiene un éxito desmedido en Moscú, Leningrado y Kiev. Zinaída Serebriakova muere en la capital francesa con 82 años, dejando allí gran parte de su legado y obras.

Crédito de la imagen

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