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Pasado con memoria (L)

Pasado con memoria (L)
Imagen creada con IA

Que no estaba muerto, que no. Eso lo supe yo cuando al pasar por la tasca el Camalote Marquito chupaba cañas haciendo de Negro Zumbón.

Empecemos con el pescaor de chacotas
Vivo viviendo en mí,
y como vivo como quiero
que se joda, ¡qué leches!,
el mundo entero.

Si quieres que al cielo suba
y que las estrellitas cuente,
cogeré la más bonita
para ponerla en tu frente.

Barrunto, barrunto
que llegados a este punto
tienes la lengua dispuesta
para tratar de otro punto.
¡Y punto!

Cargar con el muerto o los muertos
El origen de esta expresión está en la Edad Media una época en la que era bastante más violenta y en la que era frecuente que un desplante acabase en asesinato y que por las mañanas apareciese algún que otro cadáver en los callejones de una localidad. En aquella época la legislación estipulaba que si no se daba con el culpable del homicidio serían los vecinos quienes deberían asumir la responsabilidad y pagar de manera conjunta una multa llamada ‘homicidium’ u ‘omecillo’. Para eludir dicha multa, cuando aparecía un muerto en las calles con evidentes signos de violencia y no había forma de determinar un culpable lo que solía pasar es que los vecinos levantaban el muerto y lo trasladaban silenciosamente hasta entrar en perímetro del pueblo vecino y lo abandonaban por ahí, “cargándoles el muerto” a los vecinos y eludiendo el pago de la multa del rey.

De este ‘cargar con el muerto’ surgió otra expresión relacionada: ‘cagarse en los muertos de alguien’, también originada en esas antiguas tradiciones de desacato a los muertos, donde se usaba para expresar ira o desprecio hacia alguien.

Pasar por la quilla
La quilla es la pieza longitudinal que en los barcos va de la proa a la popa formando la arista inferior del caso, por lo que puede considerarse como el eje de la nave y la base de todo su armazón.

Durante muchos años (hasta mediados del siglo XVII aproximadamente) el castigo más cruel que podía aplicarse a un marinero que cometía una falta grave durante la travesía era el de dar carena. Este suplicio consistía en pasar varias veces, según fuera la sentencia del capitán, de largo a largo de la quilla al condenado, atado de pies y manos a cuatro cuerdas independientes que eran manejadas por miembros designados de la tripulación desde arriba. Los reos solían sufrir graves heridas e incluso algunos hallaban la muerte durante el castigo.

La expresión sirve hoy para referirse al ocaso profesional o físico al que, por diversas circunstancias, puede llegar una persona.

Pagar con la setena
La expresión significa que alguien sufre un castigo superior a la pena cometida. La palabra setena no significa, como creen algunos, séptima parte, sino séptuplo. Procede de la jurisprudencia, pues la pena de setena era antiguamente una multa o castigo que obligaba a alguien a pagar septuplicado el valor del daño inferido a otro. Esta pena se encuentra ya recogida en las leyes del Fuero Juzgo (versión en lengua romance del código visigodo ‘Liber judicum’, ordenado por Fernando III el Santo) donde aparece con el nombre de siete duplos. Virgilio (Eneida VI, 20-21) también hace alusión a ella, la dolorosa ofrenda que Atenas pagaba al Minotauro: el sacrificio anual de siete de sus jóvenes ateniense tras la muerte de Andrógeo, hijo de Minos.

Pagar la patente
Dice el Diccionario de la Lengua que patente es todo aquel documento, expedido por una autoridad competente, en el que se concede un derecho o se da permiso para algo. Así, por ejemplo, la patente de corso era una cédula real que el gobierno de un país expedía a favor de un individuo para que este, que navegaba bajo su pabellón, pudiera perseguir y capturar navíos enemigos y quedarse con las presas o con parte de ellas.

Pero esta costumbre, convertida también en dicho, no se refiere ni a corsarios ni a nada parecido, sino a una especie de impuesto, comida o refresco que los estudiantes más antiguos exigían a los novatos que llegaban por primera vez a una posada o colegio mayor para admitirlos entre ellos. Esta costumbre, que era común en las universidades españolas de Salamanca o Alcalá, se extendió luego a otros campos.

Así, en algunos pueblos era costumbre exigir la patente a cualquier forastero que se hiciera novio de una moza del lugar. Generalmente, el encargado de hacer la petición era el mozo más viejo. Si el requerido se hacía el longuis y no pagaba la patente (o el piso, como se llamaba en otros lugares) podía terminar bañándose contra su voluntad en los abrevaderos o pilones del pueblo. Y si aún así persistía en su terca negativa, una vez casado con la moza en cuestión, era mal mirado y relegado por todos en el pueblo, hasta el punto de que en algunos casos el matrimonio tenía que cambiarse de resistencia.

Leído en un bar cualquiera
Ni fío ni presto,
porque al cobrar,
molesto.

De vuelta con los cornudos
Dos amigas recién casadas charlando:
– Chica, la verdad es que esto del matrimonio no es lo que yo esperaba. Estoy muy desilusionada.
– ¿Por qué lo dices?
– Desde la noche antes de nuestra boda Paco no me ha vuelto a hacer el amor.
– Pero eso es horrible. Deberías pedir el divorcio.
– ¡Pero si no es mi marido!

– Mamá, ¿los negros destiñen?
– No, hijo. ¿Por qué preguntas eso?
– Porque papá le dijo el otro día a un amigo que había estado con una negra y se había puesto morado.

Un empleado se encuentra con su jefe y le dice:
– ¡Qué le parece! Anoche llegué a casa y me encontré a mi mujer con otro.
– No sabe cuánto lo siento.
– No piense mal. Me la encontré con un catarro como el que yo tengo.
Se echan los dos a reír y siguen caminando cada uno por su lado. Entonces el jefe se encontró con otro empleado e intentando hacerse el gracioso, le dice:
– ¡Qué le parece! Anoche llegué a casa y me encontré a mi mujer con otro.
– No sabe cuánto lo siento. Ya lo sabíamos todos en la empresa, pero no sabíamos cómo decírselo.

Se encuentran dos amigos y uno pregunta:
– ¿Qué tal, Pepe? ¿Cómo te va por el pueblo? ¿Has ligado mucho?
– No puedo quejarme. En la última semana me he acostado con la mujer del panadero, con la dependienta de la pescadería y con la mujer del alcalde.
– ¡Joder, tío! Entre tú y tu mujer os vais a cepillar a todo el pueblo.

Un amigo dice a otro:
– Llevo casado 20 años y sigo enamorado de la misma mujer.
– Eso es maravilloso. ¡Qué bonito!
– Sí, pero como se entere mi mujer, me mata.

– Pues sí. Me voy a divorciar.
– ¿Es que tu mujer te es infiel, por casualidad?
– No. Por costumbre.

El truco del almendruco
Es un dicho que se originó en la Edad Media y consistía en obtener leche de las almendras para sustituir la de oveja, cabra o vaca, que al igual que la carne o cualquier alimento de origen animal no se podía comer durante la Cuaresma, más rigurosa por aquel entonces que ahora.

Como incluso ablandándolas, teniéndolas un tiempo en agua un buen rato, no conseguían su propósito, los más listos o espabilados decidieron recolectar el almendruco cuando estaba verde y tierno, mucho antes de que se convirtiera en almendra; machacarlas y licuarlas en el mortero con agua y miel para reducir su amargor temprano era mucho más fácil.

Hacer esta leche con esa pillería se llamó ya por entonces ‘el truco del almendruco’, expresión coloquial que solía aplicase al hecho de cocinar con ocurrencias propias y con algún chanchullo.

Se dice, se cuenta, que el extremeño…
no dice me duelen las lumbares, dice tengo partío el espinazo,

no se cae, se pega un mochazo o una ostia,

no dice ¡hola!, dice: ¡Éeeeehh!,

no se desviste, se empelota,

no dice ¡oye tú!, dice ¡achoo…!,

no se enamora, se pone berraco,

no trata de convencerte, se pone cansino,

no dice ¡mira!, dice ¡cuchaaa!,

nunca dice NO, dice ¡sí, por los cojones!,

no te llama la atención, te dice ¿ande vas?,

no tiene amantes, tiene mozaass,

no pide que lo lleven, pide que lo acerquen,

no se impresiona, dice ¡la Virgen!,

no tiene lumbalgias, está desriñonao,

no hace recados, hace mandaos,

no es un gandul, es “mu peeerro”,

no pierde el perro, está vagueando,

no te dice que estás equivocado, dice “¡amos anda!,

no te dice que estás muy delgado, te dice “estás escuchimizao”,

no se enfada mucho, se encojona,

no dice estás gordo, dice estás cebao,

no duerme, se queda traspuesto,

no se va, sale jarreando o se las pira.

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