Jesús Olasagasti Irigoyen, pintor donostiarra, ha sido uno de los más prestigiosos retratistas del País Vasco. El arraigo a su tierra no le impidió viajar por Italia, donde estuvo recopilando datos y enseñanzas de los grandes maestros de la pintura y escultura.
Como cualidades a destacar de Olasagasti están la firmeza del dibujo y la austeridad de su paleta, que desentraña cuidadosamente con los más finos matices de color.
El tema más típico y característico de Olasagasti, con el que dio animación y ojos limpios a las normas de la belleza plástica, fue el retrato. Bajo esta tónica pintaba el momento lírico del alma humana y la expresión interna del modelo. El bagaje de rostros y figuras pintados por este artista, con mano sencilla y de segura construcción, ha quedado entre nosotros como una cumbre de líneas y expresiones encajadas en un tipo de pintura fluida, atrayente, encendida, tanto de acertada manera como de expresiva sensación.
Jesús Olasagasti es un ejemplo claro de la llamada generación perdida, formada por artistas que comenzaron coqueteando con las vanguardias europeas del primer cuarto del siglo pasado, que buscaban huir de la pintura etnográfica y costumbrista, pero que con la Guerra Civil y sus posteriores años oscuros retomaron el realismo, en este caso con retratos conservadores, figurativos, muy del gusto de la burguesía de entonces, que les permitieron sobrevivir. Esta actitud no fue un impedimento para que el pintor se convirtiera en uno de los principales impulsores culturales de su ciudad. De una manera u otra es una referencia de la vida donostiarra de la primera mitad del siglo XX.
Desde muy joven sintió el placer de combinar líneas con lápices de colores, a la par que tenía una gran facilidad para dibujar. Las primeras nociones de dibujo las recibió con 6 años, y posteriormente en Madrid con Daniel Vázquez Díaz, quien influyó en su interés por el retrato, siendo el maestro andaluz quien le animó a viajar a Londres con el fin de conocer a los grandes retratistas ingleses. La contemplación de las obras de Van Dyck, Gainsborough y Reynolds debió impresionar hondamente al joven Olasagasti, lo que aportó a sus retratos la elegancia de la escuela inglesa.
Jesús Olasagasti cultivó por encima de todo la amistad. Fue un gran amigo de sus amigos, un asiduo a los cafés donostiarras en los que se realizaban tertulias en las que se hablaba de teatro, poesía y temas políticos, y en donde el artista distraía su temperamento creativo y mostraba su talante finamente humorista e irónico, afectuoso, liberal y tolerante. Personajes tan diferentes como los hermanos Baroja, Sánchez Mazas, Picasso, Primo de Rivera, Max Aub o García Lorca fueron contertulios del pintor vasco.
