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Ars longa, vita brevis (X). Ermita de Santa Ana de Cáceres

Ars longa, vita brevis (X). Ermita de Santa Ana de Cáceres
Foto: Cedida
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Patrimonio olvidado y patrimonio recuperado en la tierra de Cáceres: capillas, oratorios y ermitas

Si queremos conocer la vida, cultura y costumbres de un pueblo o de una comunidad tenemos que aproximarnos a la forma de entender y practicar su religión. La historia no se entiende hoy como una relación de datos, fechas, grandes acontecimientos, etc.; hay que ir más allá y profundizar en la vida, creencias y sentimientos de sus habitantes.

Vamos a presentar un reducido número de ermitas, unas de ellas en deplorable estado de conservación y otras, por el contrario, felizmente restauradas. Hemos visitado no solo las ermitas existentes en la tierra de Cáceres, sino también oratorios o capillas en fincas particulares donde formaron parte de edificaciones castrenses en su mayoría medievales.

Edificios en lamentable estado de conservación

Capilla de la Casa de los Arrogatos
Capilla de la Casa de las Corchuelas
Capilla de la Casa de La Calera
Ermita de San Jorge
Ermita de Santiago de Bencáliz
Ermita de Nuestra Señora de la Esclarecida de Zamarrillas
Ermita de San Vito de Cáceres
Ermita del Humilladero

Edificios restaurados

Ermita de la Casa Hijada de Vaca
Capilla de la Casa de los Arenales

Ermita de Santa Ana de Cáceres
Se encuentra situada a dos kilómetros de la ciudad, en la carretera que conduce a Mérida en la denominada dehesa de Alcocer. Es una obra de pequeñas dimensiones, de un solo tramo con bóveda moderna, y conservar la sacristía, espacio rectangular cubierto con cúpula oval sobre pechinas, destacando la decoración esgrafiada. Se accede por un pórtico y una puerta con arco de medio punto a los pies de la ermita, su cubierta remata en una espadaña en el lienzo Norte.

Antonio Ponz, en el siglo XVIII, en el famoso viaje que realizó por España por encargo de Campomanes, un importante inventario de monumentos y un informe documental sobre la conservación del patrimonio artístico epigráfico, pictórico, escultural y de arquitectura y otras obras de arte que contempló en el curso del mismo, concretamente en las cinco escasas páginas que dedica a la capital cacereña hace referencias a “la dehesa del Señor Duque de Abrantes, que se llama Alcoze de Santa Ana, distante una legua de Cáceres al mediodía, hay una cosa notable en un parage, que se llaman los Caños de Santa Ana, y todo toma el nombre de una ermita cercana dedicada á dicha Santa. Se reduce á que al pie de un cerro en algunos años lluviosos, y no todos, sale por dos rajas de una peña porción de agua bastante para moler una rueda; y los años que no la echa, se tragan dichas bocas quanta llueve, y ademas la que viene valle abaxo en las crecientes”; es importante destacar que es a la única ermita a la que hace referencia Antonio Ponz en la capital cacereña en su ‘Viage por Extremadura’.

Los primeros datos documentales que tenemos corresponden al año 1556 (27 de octubre) cuando se llevan a cabo obras de reconstrucción de la ermita bajo el mecenazgo del cacereño Juan Velázquez de Ávila (en un terreno que era de su propiedad). El terreno donde se construyó la ermita es un lugar estratégicamente pensado para este tipo de construcciones aisladas; en aquella zona se encontraron a principios del siglo XX restos árabes.

Se especifica claramente en el documento de contratación de la obra al cantero Pedro Gómez ante Benito González que la ermita existente se encontraba en muy mal estado de conservación, por lo cual se necesitaba con gran urgencia su intervención: “Sepan quantos esta pública escriptura de contratación vieren como yo Pº Gómez, cantero, vº queso y de la noble e muy leal vª de Cáceres, conozco e otorgo por esta presente carta queso y concertado con vra md el señor Juan Velázquez de la Torre de Ban de Mesya Dávila, señor de Loriana, vº de la dha vª de Cáceres, que estays presente de hazer y que ha de una capilla de advocación de sra Santana, que vra md manda hazer en la dehesa que dizen de las Alçoçes, a la mano derecha del camyno que va a la hermyta de San Bto, en el sitio que antiguamente la dha capilla se començo, de questán allí las paredes caydas, la qual dha capilla tengo de hazer e edificar, sacándola desde los cimientos e no tengo de sacar cosa alguna sobre lo viejo, la qual toda a de ser de manpuesto de cal y canto…”.

Son muy importantes los datos que obtenemos del citado documento, que tienen el interés de describirnos el tipo de ermita rural cacereña, en la que se usó mucho el ladrillo, más que la cantería; también en la escritura se especifica que se aprovecharon algunos de los materiales que ya existían en la ermita arruinada; que dicha ermita tenía bóvedas de arista, de ladrillo, un altar y las gradas, y fue embellecida con paneles de azulejos y poyos por toda la ermita excepto en la zona del altar; las bóvedas encaladas y las paredes blancas con una cenefa y en la entrada un portal a lo largo de la fachada, característico de este tipo de ermitas rurales existentes en la Tierra de Cáceres; algunos de estos portales, como el caso de la ermita de Santa Ana, estaban empedrados con piedra menuda de río. El cantero Pedro Gómez recibió por las obras realizadas en la ermita 30.000 maravedíes.

El 1 de mayo de 1564 se fundó la Cofradía de esta advocación, instalándose en esta remita, siendo su cofrade fundador Francisco de Paredes Golfín; exponemos literalmente las ordenanzas: “Por cuanto las leyes y ordenanzas y constituciones fueron halladas hechas y constituidas para el regimiento de las gentes las cuales por vigor de ellas viviesen en una concordia y caridad y amor y razón y así usando de ellas los virtuosos o uviesen por sus virtudes galardón. E por el contrario los vicios e maldoctrinados fuesen corregidos y castigados por sus delitos y culpas. Por ende nosotros los ermanos cofrades de la Señra Santa Ana que es en la ermita que está a do dicen los “Alcoces” término de esta villa de Cáceres y al presente somos en ella en buen amor y concordia ordenamos constituimos y hecimos en primero día del mes de mayo año de mil y quinientos y sesenta y cuatro siendo todos muñidos para misa y cabildo se juntaron los señores Gonzalo de Monroy y Joan de Carvajal y Joan Pizarro primeros diputados de esta Santa Cofradía y Diego Sánchez Picapiedra, el mozo, y Diego Sánchez Solana primeros alcaldes de esta Santa Cofradía y muchos otros cofrades de esta Santa Cofradía y yo Francisco de Paredes Golfín como primer fundador de ella y como escribano de la dicha Cofradía. Les ley las ordenanzas sobre dicha y todos juntos en una paz y concordia las aprovaron y las consintieron y dijeron que querían estar por ellas y se sujetaron a ellas y a cumplirlas so las dichas penas de lo que no hice y lo firme de mi nombre que dice así. Francisco de Paredes Golfín”.

El 23 de julio de 1564, reunidos en el Cabildo los miembros de ambas cofradías, deciden unir las mismas en una sola y con su sede en la ermita de Santa Ana; la otra se encontraba en Santa María La Mayor.

En los primeros años del siglo XVII continuaron las obras en la ermita, en concreto las obras de la sacristía y un aposento alto; obras que fueron encargadas por el obispo don Pedro de Carvajal. Tenemos constancia documental ante el escribano Juan Maderuelo el 2 de noviembre de 1611 de las obras realizadas por el cantero Martín Blanco, vecino de Cáceres, como principal obligado, y Rodrigo Álvarez, como su fiador, como rematante de la obra de la sacristía y aposento alto de la ermita. La ermita llevó a cabo una importante reedificación en el año 1764, colocándose la siguiente inscripción en el pilar central del pórtico: “REHEDIFICOSE ESTE PORTAL Y CASA SIENDO MAYORDOMO BENITO DE LOS SANTOS RUBIO A ESPENSAS DE ALGUNA LIMOSNA CHRISTIANA Y LA GRANDE QUE DIO PEDRO JOSEH TOPETE Y BARCO. AÑO 1764”.

Ars longa, vita brevis (X). Ermita de Santa Ana de Cáceres
Foto: Cedida

También en el siglo XVIII se limpiaron las pinturas del muro principal e inferior de la ermita, concretamente en 1765, coincidiendo con la realización de una profunda obra de restauración y consolidación en toda la construcción así como en la vivienda del ermitaño. La Cofradía acordó arreglar las manos de la imagen de la Virgen, obra del siglo XVII, que estaban destrozadas, así como la restauración de algunas partes de la misma en el rostro y el cuerpo.

Como dato curioso, en los alrededores de esta ermita enterraban a los párvulos de la ciudad de Cáceres entre los años 1790 y 1810.

En la fachada, a los pies de la ermita, se mantienen algunas pinturas al fresco del siglo XVI, con las representaciones de Santa Ana y un ángel. Y en el interior, una escultura moderna de madera de Santa Ana con la Virgen.

Ars longa, vita brevis (X). Ermita de Santa Ana de Cáceres
Foto: Cedida

La ermita dependía eclesiásticamente de la jurisdicción de la iglesia de Santa María, y la propiedad del terreno hasta el 23 de marzo de 1950 era de la familia Carvajal, quien la vendió al Ministerio del Ejército. En 1961 se restauró por orden del Coronel del Regimiento Argel nº 27 don Luis Saliquete Navarro la capilla, los pórticos de entrada, así como la sacristía. Se hicieron igualmente importantes reformas en el campanario, dotándose de una artística cruz de hierro, hoy en paradero desconocido. Desgraciadamente también se ha perdido la primitiva campana de la ermita, hecha expresamente para ella.

En diciembre de 1964 se convertiría todo aquel terreno en recinto militar, adaptando la ermita a un destino castrense.

En 1996 se inicia la restauración de la ermita gracias a la iniciativa emprendida por don Alonso Corrales Gaitán y la Asociación Cultural San Jorge, y la ayuda del arquitecto don Marcos A. Díaz Sánchez, y con la subvención económica de Caja Extremadura. Los frescos fueron restaurados por doña Dolores Sevilla y María Antonia González Luceño, licenciadas en Bellas Artes, y como asesor histórico de la ermita don Carlos Tejado del Arco. El 9 diciembre 1996, en un multitudinario acto organizado en la propia ermita y al que asisten autoridades civiles, religiosas y militares, fue bendecida la nueva construcción.

Actualmente consta de una capilla de planta cuadrada, con un pequeño anexo, a modo de ábside, coronando el Altar, cubriendo este espacio con una cúpula semiesférica, partiendo para ello de unos elementos ornamentales en piedra. La entrada principal se efectúa directamente desde un pórtico arqueado conformado por varios arcos ojivales y de medio punto. El habitáculo junto a la sacristía es de planta rectangular, con cúpula sesgada con una bóveda de cañón. Toda la estructura del edificio se alza sobre unos muros de carga de arcilla y paja reforzados. Exteriormente la ermita se completa con cuatro torreones y una espadaña.

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