Buscar

El chinato daora mejmo

El chinato daora mejmo
Imagen: Cedida
Léeme en 5 minutos

Uno de los riesgos de la recuperación del habla chinata consiste en encerrarla exclusivamente en el pasado. Si aparece únicamente para provocar una sonrisa, imitar a personajes antiguos o recrear escenas rurales de otros tiempos, puede terminar transmitiendo la impresión de que pertenece a un mundo desaparecido y de que solo sirve para recordar costumbres, aperos, oficios y formas de vida tradicionales.

Esa imagen sería incompleta.

El chinato nació y se desarrolló en unas condiciones históricas concretas, pero una forma de hablar no queda incapacitada para expresar el presente por haber nacido en otro tiempo. Hoy puede referirse a teléfonos móviles, internet, videollamadas, trámites digitales, agricultura mecanizada, cuidados, discapacidad, envejecimiento, cambios familiares, transformación del paisaje o problemas sociales contemporáneos.

No se trata de convertir el chinato en una modalidad de uso general ni de impulsar artificialmente su empleo cotidiano. Tampoco de inventar una lengua nueva ni de fabricar palabras para nombrar todo aquello que hoy forma parte de nuestra vida. Se trata, sencillamente, de comprobar que sus sonidos, sus giros, su ritmo y buena parte de sus recursos pueden seguir funcionando cuando hablan de realidades actuales.

Las palabras nuevas llegarán muchas veces desde el castellano general. Algunas conservarán prácticamente su forma; otras se acomodarán de manera natural a la pronunciación chinata. Eso ha ocurrido siempre en las hablas vivas, cambia el mundo, aparecen nuevas necesidades y el habla encuentra la manera de nombrarlas.

El mejor modo de comprobarlo es intentarlo.

El texto que sigue no pretende fijar un modelo obligatorio ni proponer que volvamos a hablar como antes. Solo quiere mostrar hasta dónde puede llegar aquella manera de hablar cuando se encuentra con la vida de hoy.

Ara mejmo ya no ce vive como endinante.

En cuaci to laj cadaj ai intelné, teléfonoj móvilej, oldenaorej, televidión con una tupa de canalej y cacharroj que jadén codaj que loj nuejtroj agüeloj no abieran poío imaginal.

Pa jadel una gejtión ya no jace falta muchaj vedej dil a Pladencia ni ejperal una cola. Cogej er móvil, entraj en una aplicadión y, ci no te ce atraganta la contraceña, en un periquete lo tiej jecho.

Ya vej tú.

Güeno… en un ratino, ci to va bien.

Polque ai díaj que te píe una clave, aluego otra, dijpuej tendilga un menzaje, aluego dide que la cujtión a caducao y, encuanti ya paice que lo va a jadel, te zuelta cabío un errol.

¡Rao lo palta!

Y antoce uno pienza que palguna codaj era máj cencillo cuando ce iba a la ventanilla y ce le didía a la pelzona que ejtaba al otro lao:
—Mia tú, chacha, yo vengo parreglal ejto de la perra golda, que no ce jadello, pa vel ci aluego majalante me pagan un zucidio de vejé.

Ara mejmo laj ventanillaj caben dentro del teléfono.

Tamién palrramoj pol el móvil con loj dijoj que viven ajuera, vemoj a loj nietinoj pol vidiollamá y mandamoj una afoto nun momento a una pelzona que puejtal a cienej de kilómetroj, includo de marejallá.
—Mia qué grande ejtá ya el muchachino.

Y el muchachino ce mueve en la pantalla, ce ríe y dice adiój con la mano.

Eso, jade cincuenta añoj, abiera paicío brujería.

El campo tamién a cambiao. Ande antej abía mulaj, yuntaj, araoj y jolnalej lalgoj, ara entran trajtorej enolmej, máquinaj que ce guían con zatélite y aperoj que jadén en un ratino lo que endinante taldaba en jadelce muchaj jolnaj.

Pero la tierra cigue mandando.

Pue abel máquinaj, aplicadionej del tiempo y mapaj nel teléfono, pero ci no llueve, no llueve, y a freil ejparragoj.

Y el agricultol cigue mirando parriba to loj diaj.
—A vel ci cae una miaja, que güena falta jade.

Tamién vamoj al méico con cita cogía pol intelné, recibimoj loj análisej en el móvil, compramoj por la red y palrramoj conun jentío que no emoj vijto nunca.

Laj codaj cambian.

Laj palabraj tamién.

Pol ezo el chinato no tie por qué quealce zolo pa contal cómo ce cegaba, cómo ce trillaba o cómo jugaban loj muchachinoj en laj callej.

Pue didil:
—Endilgamelo por guazá.
—No tengo cobeltura.
—Ce ma queao er móvil cin batería.
—A vel ci marreglaj el oldenaol, que no arranca.
—He peío cita pol intelné.
—Pon el navegaol, que no zé polonde vamoj.

Puejablal de laj placaj zolarej, de loj cochej elétricoj, der cambio der tiempo, de laj vidiollamaj, de laj redej zocialej, de la jente que trabaja dende cada o de loj muchachoj que ejtudian afuera.

Y puejablal tamién de codaj muchoj máj ceriaj.

Del cuidiao de laj pelzonaj mayorej.

De quien tie un hijo con dejcapacidá y lleva to una vía cudiándolo.

De laj mujerej que trabajaron adentro y ajuera de cada.

De loj agricultorej que curtivaron tierraj ajenaj.

De la jeda que ce pielde polque ejtabandoná.

Y de laj palabraj que dejamoj dutilizal y del mieo a que un día no quee naide que recuelde cómo zonaban.

Polque palrral chinato no tie que cel jadel de figurante antiguo.

Ni ponelce una boina, agarral una garrota y contal una gracia.

El chinato puentral en una convelzación daora y ablal de lo que moj pada ara mejmo.

Pue didil quel mundo a cambiao una balbariá y que Malpartía tamién a cambiao.

Pue contal que laj cadaj tien califacción, que loj muchachoj llevan el mundo entero metío nun teléfono y que pa pagal loj gajtoj ya no jade farta lleval perraj nel bolzillo.

Pero tamién pue preguntal:
—¿Y de tó lo que teníamoj, qué queremoj conzelval?

Polque moelnizalce no obliga a olvial.

Poemoj utilizal intelné y acoldalmoj duna palabra antigua.

Poemoj conducil un coche moelno y zabel cómo llamaba nuejtro agüelo a la burra con la que iba al campo to loj diaj.

Poemoj ablal cajtellano en el trabajo y zoltal una ejpreción chinata cuanti entramoj en cada.

Una coda no quita la otra.

Elabla cambia polque cambia la vía. Y el chinato, ci cigue vivo en la memoria y en la boca de la jente, pue contal tamién lo que moj pada oi.

Polque no zolo cirve pa acoldalnoj de cómo vivíamoj.

Cirve tamién pa contal cómo vivimoj ara mejmo.

¡Cagüen la jordiga!

Carlos Canelo Barrado
Floramari Canelo Barrado

ENTRADAS RELACIONADAS

Memoria, dignidad cultural y transmisión de un patrimonio vivo El pasado 30 de junio se presentó ante la Administración competente...
El habla chinata nació y se transmitió durante generaciones mediante la conversación. Vivió en las casas, en el campo, en...
Comparal la vía doi en día de Malpartía de Pladencia con la daquellaj pelsonaj que vivían en el pueblo alla...
La composición presenta, en primer plano, un retrato de Dionisio Clemente Fernández, acompañado por tres imágenes estrechamente vinculadas a su...
Vinon unoj ceñorej de la ciudá a pazal el fin de cemana en una cada rural, daqui derpueblo. Trujon mochilaj,...
El acto ha contado con la presencia del alcalde de Malpartida de Plasencia y de miembros fundadores de la Asociación...

LO MÁS LEÍDO