Las sombras que nos acompañan en la vida aparecen y desaparecen como nubes de polvo en suspensión mientras transitamos por el complejo laberinto del despertar y del encuentro con nuestra conciencia, que no es otra cosa que hallar tras la oscuridad la coherencia vital que necesitamos.
Si nuestro sueño es profundo en la mayoría de etapas de nuestra vida nos encontramos en la encrucijada de vivir una vida que no nos corresponde, y es entonces, en un grado superior de conciencia, habiendo encontrado las herramientas adecuadas y el valor oportuno, cuando decidimos entrar en nuestras conexiones con el pasado para encontrar ese interruptor que nos va a permitir alumbrar nuestra estancia vital e identificar aquellas zonas sombrías que no nos atrevíamos a mirar.
La oscuridad que acompaña a nuestra mente se expande a nuestro ánimo y voluntad, agrietando y oscureciendo nuestra mejor versión y enviando al inframundo aquellas virtudes que creemos sólidas. Al convertir lo claro en oscuro y lo grande en pequeño la percepción que tenemos de nuestro mundo se oscurece, adentrándonos en un túnel de silencio y desconexión complejo del que resulta difícil salir.
En este delicado escenario, si además le acompañan factores orgánicos y funcionales que complican la vuelta a la claridad, podríamos decir que el proceso de transición requiere de destrezas y herramientas maestras que, si bien no las hemos identificado como propias, en nuestra maleta de oportunidades pueden conseguirse, no sin un alto precio que vamos a pagar por tal conquista.
Entrar en nuestro lado oscuro requiere contar con las mejores armas. Localizar los nudos de desconexión mas importantes y visualizar con claridad en cuadro de mandos dónde se encuentran todas las conexiones y desconexiones para hallar en nuestro mundo interior las claves que nos permitan volver a conectarnos con la luz suficiente para poder advertir la oscuridad que ha convertido nuestra existencia en algo pequeño.
Mi experiencia de oscuridad me ha llevado a lugares ocultos y complejos del comportamiento y la mente humana; una mente que igual que destruye construye, y que se entrena al servicio de la bondad y la inteligencia, y que nos sitúa en la creencia de ser quienes somos al volver a encender la luz.