La compañía ‘Los sueños de Fausto’ representará ‘El largo camino. Historias de Ucrania’ el sábado 14 de noviembre de 2026 en el Espacio Cinético TaKtá de Navalmoral de la Mata, con dos funciones programadas a las 17.30 y a las 20.30 horas. La obra, de 85 minutos de duración, aborda las consecuencias de la guerra a través de testimonios reales de mujeres afectadas por el conflicto y de profesionales implicados en la acogida de personas refugiadas en España.
‘El largo camino. Historias de Ucrania’ es una propuesta de teatro documental basada en testimonios reales sobre la guerra de Ucrania y sus consecuencias en la población civil. A través de distintas situaciones, en un hospital materno bajo bombardeo, la vida cotidiana atravesada por el conflicto y los dispositivos de acogida en España, la pieza construye un relato coral centrado en las víctimas, especialmente mujeres y personas desplazadas. El espectáculo aborda cuestiones como la violencia, el exilio, la solidaridad y la respuesta social ante la crisis, promoviendo la reflexión sobre los derechos humanos, la memoria de los conflictos y la responsabilidad colectiva en la defensa de los valores democráticos.
La dramaturgia está firmada por Manuel Benito, Viktoriia Chernobuk y Raúl Quirós, a partir de las entrevistas realizadas por Álvaro Vicente a Andrea Cerezo, Viktoriia Chernobuk, Maryna Hlibka, Anastasiia Hrynzovska, Yevhen Isaiev, Liubov Isaieva, Yuliia Moskovkina y Laura Muñiz. La dirección corre a cargo de Miguel Ángel Quirós, y el reparto está integrado por Emi Caínzos, Ana Gijón y Natalia Erice.
‘Los sueños de Fausto’, fundada en 2010, centra su trabajo en la puesta en escena de textos de autores españoles contemporáneos y en la creación de propuestas vinculadas a cuestiones sociales y humanas. Además, la compañía ha participado en campañas sociales, como ‘Muévete contra el acoso’, del Metro de Madrid, y ha desarrollado proyectos pedagógicos en colaboración con distintas entidades.
Hemos hablado con, Miguel Ángel Quirós, director de la obra ‘El largo camino. Historias de Ucrania’, para conocerla mejor.
¿Cómo surgió la idea de crear ‘El largo camino. Historias de Ucrania’?
La idea surgió a raíz del comienzo de la invasión rusa a gran escala de Ucrania, en 2022. Recuerdo el impacto que nos produjo ver las primeras noticias y, especialmente, escuchar los testimonios de las personas que estaban viviendo aquella situación. Había imágenes que resultaban difíciles de asimilar. Recuerdo especialmente el ataque al hospital de maternidad de Mariúpol. Aquello fue terrible. Y, de alguna manera, empezamos a preguntarnos qué podíamos hacer nosotros desde el teatro ante una realidad semejante.
No pretendíamos explicar la guerra desde una perspectiva política o militar, sino acercarnos a las personas que la estaban sufriendo. Nos interesaba conocer qué sucede cuando, de un día para otro, todo aquello que constituye tu vida desaparece o se transforma radicalmente. De esa necesidad de escuchar y de intentar comprender nació ‘El largo camino’.
¿Por qué escogieron el teatro documental frente a otros formatos para acercar al público las consecuencias de un conflicto armado?
Porque el teatro documental nos ofrece una libertad enorme. Y porque, muchas veces, la realidad supera con creces cualquier ficción que podamos imaginar. En nuestra compañía hemos trabajado frecuentemente con acontecimientos y problemáticas sociales que nos interpelan directamente. El teatro documental nos permite investigar, escuchar y construir una dramaturgia a partir de experiencias reales.
Pero también es importante señalar que no hacemos un teatro exclusivamente documental. Existe una parte de ficción, una elaboración dramatúrgica y una mirada artística que nos permiten transformar esos materiales en una experiencia escénica. No buscamos reproducir una entrevista sobre el escenario, sino encontrar una forma teatral de transmitir aquello que hemos escuchado, sin perder la humanidad de quienes nos han confiado sus historias.
¿Cómo se llevó a cabo el proceso de recopilación de testimonios y qué criterios se siguieron para seleccionar las historias que forman parte de la obra?
Fue fundamental la colaboración de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Gracias a esta organización pudimos entrar en contacto con varias mujeres refugiadas ucranianas que aceptaron compartir sus experiencias con nosotros, así como con profesionales de la propia entidad. Álvaro Vicente se encargó del proceso de investigación y de las entrevistas, en las que yo también estuve presente. En algunas participaba una persona que realizaba la traducción, de manera que el proceso de escucha adquiría una dimensión especialmente compleja y delicada. Recuerdo aquellas entrevistas como una experiencia verdaderamente estremecedora. Escuchábamos historias que, en ocasiones, resultaban mucho más duras de lo que después podíamos trasladar al escenario. La selección no respondió tanto a buscar los testimonios más impactantes como a encontrar experiencias que nos permitieran comprender diferentes momentos de una misma realidad: la vida antes de la guerra, la irrupción del conflicto y las dificultades de comenzar de nuevo en otro país.
¿Cómo se han trasladado esos testimonios reales al escenario y qué decisiones se han tomado para preservar la fidelidad a las experiencias de sus protagonistas?
Esta fue una de las cuestiones más difíciles de todo el proceso. Cuando alguien te cuenta una experiencia tan dolorosa adquieres una responsabilidad con esa persona. No puedes apropiarte de su historia ni utilizar su sufrimiento simplemente para provocar una reacción en el espectador. Por eso intentamos respetar, por encima de todo, la mirada de las mujeres que participaron en las entrevistas. Naturalmente, existe una transformación teatral, pero siempre procuramos mantener la verdad humana que había detrás de cada relato.
Además, tomamos una decisión que considero fundamental: no queríamos secuestrar emocionalmente al público. Los testimonios reales eran, en ocasiones, mucho más duros que las escenas que finalmente construimos. Podríamos haber recurrido a un teatro mucho más explícito, mucho más desgarrador, pero creo que eso no siempre ayuda a comprender mejor lo que está sucediendo. Preferimos trabajar desde la cercanía, la contención y la posibilidad de que cada espectador construya su propia reflexión.
¿Qué aspectos de la guerra de Ucrania, de sus consecuencias y qué aspectos de la acogida en España aborda la obra?
Creo que lo primero que plantea el espectáculo es algo muy sencillo: no existe ninguna guerra bonita. Detrás de los conflictos hay intereses económicos, políticos y geopolíticos, pero quienes terminan pagando las consecuencias son personas que, en muchos casos, no han tenido ninguna capacidad para decidir sobre aquello que está sucediendo.
Nos interesaba mostrar cómo una guerra destruye mucho más que edificios o ciudades. Destruye relaciones, proyectos de vida, seguridades y formas de entender el mundo. Y después está la llegada a España, que también nos sorprendió durante la investigación. La acogida tiene aspectos muy positivos, por supuesto, pero también dificultades. Nos encontramos con choques culturales, problemas de adaptación y situaciones en las que el funcionamiento de determinadas instituciones generaba incomodidad o desconcierto entre las personas refugiadas.
También había cuestiones que rompían algunos de nuestros prejuicios sobre lo que significa huir de una guerra. No todas las personas llegaban en las circunstancias que solemos imaginar. Algunas habían viajado en avión, otras habían seguido recorridos muy diferentes. Muchas eran mujeres que habían tenido que dejar atrás a sus familias y reconstruir su vida prácticamente desde cero. Nos parecía importante mostrar esas contradicciones y esa diversidad de experiencias, sin simplificar lo que significa ser una persona refugiada.
¿Qué cuestiones espera que el público se plantee después de asistir a la representación?
Me gustaría que el público se preguntara hasta qué punto somos conscientes de la fragilidad de nuestras propias vidas. A veces pensamos que determinadas cosas suceden muy lejos, que pertenecen a otros lugares o a otras personas. Pero la realidad puede cambiar de una manera brutal en muy poco tiempo. Hace unos años, muchas de las personas que aparecen reflejadas en nuestras historias tenían una vida cotidiana como la nuestra: trabajaban, estudiaban, tenían proyectos, se enamoraban, discutían con sus familias o pensaban en sus vacaciones. Y, de repente, todo cambió. Creo que el teatro puede ayudarnos a mirar esa realidad desde otros puntos de vista.
No me interesa dar respuestas cerradas ni decirle al espectador lo que tiene que pensar. Me interesa que se formule preguntas, que sea capaz de ponerse en el lugar de otras personas y que comprenda que detrás de las grandes noticias siempre existen vidas concretas. Y, sobre todo, que recordemos que no hay nada hermoso en una guerra, por mucho que a veces intentemos revestirla de épica o de poesía.
¿Cómo está siendo la respuesta del público?
Una de las cosas que más nos ha comentado el público es que se trata de una obra muy cruda, muy fuerte, y creo que eso tiene bastante que ver con su propia estructura. ‘El largo camino’ comienza mostrando una realidad cotidiana, reconocible, pero conforme avanza el espectáculo todo se va volviendo más oscuro. Hay una progresión dramática que acompaña, de alguna manera, el deterioro de las vidas de las personas que protagonizan estas historias. Y el final es especialmente duro.
Muchos espectadores nos han transmitido precisamente esa sensación de crudeza. Y, aunque nunca hemos buscado provocar un impacto emocional gratuito, tampoco queríamos suavizar una realidad que, por sí misma, resulta terrible. Hemos presentado el espectáculo en el Fernán Gómez de Madrid y también en el Teatro Principal de Donostia. Queremos que continúe encontrándose con públicos diferentes, porque creemos que estas historias necesitan seguir siendo escuchadas.
¿Cuáles son sus próximos proyectos?
Continuamos desarrollando proyectos relacionados con la memoria, los derechos humanos y aquellas realidades sociales que creemos que merecen ser contadas desde un escenario. Entre ellos está ‘La memoria de las amapolas’, y también estamos explorando un nuevo proyecto relacionado con el exilio y las experiencias de las personas que se ven obligadas a abandonar sus países.
Creo que hay algo que define bastante bien nuestra manera de entender el teatro: no nos interesa limitarnos a contar historias, sino preguntarnos por qué es necesario contarlas y qué pueden aportar a la sociedad en la que vivimos. Y, desde luego, queremos seguir abiertos a nuevas colaboraciones, investigaciones y proyectos que nos permitan continuar trabajando en esa dirección.